RetrocesoA&ONº 218/22-VI-2000SumarioDesde la feContinuar
Fragmentos del libro
Agradecemos la deferente gentileza de permitirnos reproducir estos fragmentos del libro:
Una constante de su catequesis era la afirmación de que no podemos ceder en lo que se refiere a Dios. Utilizaba la comparación de la persona que recibe de un amigo, en depósito, una gran suma de dinero. Llega otro y le pide prestada una cantidad: Si se procede con honradez —explicaba—, habrá que contestar a esa tercera persona: de lo mío puedo darte todo, pero de lo que me han dejado en depósito no puedo disponer ni siquiera de un céntimo, porque es algo que no me pertenece, algo que me han confiado para que lo custodie íntegramente, y también íntegramente lo devuelva.Ésta es la postura que hemos de vivir cada uno de los católicos con nuestra fe santa, que el Señor nos ha entregado para que la custodiemos con nuestra vida personal, sin ceder, sin malgastarla y sin tolerar que la maltraten.

Fue muy perseverante en su defensa de la verdad y de la fe. En agosto del año 1972, nos preguntaba con claridad: ¿qué diríais vosotros de una persona que, en tiempo de guerra —y todos estamos en una lucha continua—, entregase al enemigo todas las armas que tiene? Hay que defender siempre la verdad, vivir y hacer el bien, no ceder en las cosas de Dios y, con este criterio, ocuparse de todas las personas que están a nuestro alrededor (págs. 131-132).

El fundador del Opus Dei predicaba que la santidad no está reservada a los religiosos o a los sacerdotes. Y no dejaba de recordar que el amor de los esposos lo ha querido y bendecido el Señor.

Tuvo siempre en su cabeza la frase que el Apóstol utiliza para evocar el matrimonio: Sacramentum magnum. De aquí concluía que es necesario subrayar la llamada a la santidad de quienes por vocación divina están en este camino. Recordaba el esfuerzo de correspondencia cristiana de sus padres y advertía esta misma vida de santidad en muchas almas. Desde que vio que Dios contaba con ellas, a través del camino del OpusDei, comenzó a dedicarse con más intensidad al apostolado entre los casados, aunque jurídicamente no pudieran ser miembros de la Obra hasta 1948. Pero, desde los primeros años, enseñó a los matrimonios a esforzarse por conseguir que sus hogares fuesen luminosos y alegres.

Pensando en las familias, monseñor Escrivá impulsó el apostolado de las mujeres del Opus Dei, para enseñar a las madres —especialmente en sectores marginados, y en ambientes rurales— a tratar a sus hijos con delicadeza humana y con sentido sobrenatural (págs. 277-278).