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15 de junio, Jubileo de los deportistas
Siempre hacia la meta
El pasado 15 de junio, se celebró en la catedral de La Almudena el Jubileo de los deportistas. Deportistas, Federaciones deportivas y aficionados madrileños acudieron a la invitación del arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, quien presidió la Eucaristía jubilar. Esta celebración coincidió con el aniversario de la consagración de la catedral por el Papa Juan Pablo II, en su visita a España en 1993
Hemos sido llamados como deportistas, pero también como hijos de Dios, a pedir el perdón que nos otorga Jesús, que nos muestra cuál es el camino, la meta, el gran premio. Con estas palabras, la campeona de taekwondo, Coral Bistuer, saludó al cardenal Antonio María Rouco Varela, y a los participantes que, el pasado jueves día 15, llenaban la catedral de La Almudena en el Jubileo de los deportistas. En la ceremonia jubilar participaron, entre otros, Fernando Romay, Coral Bistuer, el Director General de Deportes de la Comunidad de Madrid, Julio Elegido, el Presidente de la Federación Madrileña de Tiro Olímpico, José Manuel Anguita, deportistas de la Federación de Ciclismo, de la Federacion de discapacitados intelectuales, del Comité Paraolímpico o del Club de Atletismo del Colegio Tajamar.

Al reflexionar en su homilía sobre todo aquello que merece la pena en la vida de los deportistas, y de la gente que trabaja en el mundo del deporte, el arzobispo de Madrid les dijo que lo que importa es que realicen su vida desde esa profesión, de tal manera que sean cada vez personas más llenas en su vida, más llenas de sentido, más seguras de que ese camino en su vida les va a llevar a la felicidad. Y recordó a todos cómo Cristo ha venido al mundo, el Hijo de Dios se hizo hombre, para que nosotros alcanzásemos la felicidad. Cuando el deporte —esa actividad física en la conjunción de alma, espíritu y cuerpo— se vive bien, se manifiesta lo que es capaz el hombre, hijo de Dios. A la salida, habló con algunos deportistas.

El jugador de hockey, Pablo Usep, resalta de la homilía del cardenal la importancia del sacrificio durante toda tu vida, ya sea deportiva o no. Oscar Inglés, jugador de paddle, señalaba: Lo que para mí merece la pena en la vida de un deportista son las satisfacciones que te da, aunque hay que trabajar mucho y entrenar mucho.

Para Coral Bistuer, lo que más le ha merecido la pena son los amigos que se sacan del deporte, lo que aprendes de ti mismo, y el orgullo de poder llegar a las más altas cotas del deporte. Pero no hace falta llegar a ser un campeón olímpico o del mundo para ser feliz haciendo deporte. La convivencia con otras personas y el compartir fomenta mucho la riqueza personal.

En la vida de un deportista, que es cristiano, no puedes separar una cosa de la otra —nos dice el jugador de baloncesto Fernando Romay, quien leyó la primera lectura—; creo que estás inmerso en un modo de vida distinto que te hace salvar todas las malas circunstancias que puedas llegar a tener. Y es por elección propia. Romay cuenta con alegría su experiencia de ser cristiano y deportista, ya que fomentas el espíritu de superación, la lucha diaria, e indudablemente, tu vida interior tiene muchísimo que ver.

Para el Director General de Deportes, de la Comunidad de Madrid, Julio Elegido, mantener el cuerpo en condiciones, aunque sólo sea deporte de ocio, es una obligación nuestra porque nos perfecciona, nos ayuda a conocer nuestras limitaciones, y creo que da un equilibrio psico-físico importante.El ganar el Jubileo junto con los deportistas madrileños ha supuesto para Julio Elegido una satisfacción muy grande.

Al recibir a los dirigentes y participantes en la última edición del Giro de Italia, Juan Pablo II puso de relieve la relación que siempre debe unir la actividad deportiva y los valores espirituales. Es más, debe constituir una oportunidad importante de reflexión y de renovación para que el deporte brille con aquellas características de transparencia, coherencia, honradez y solidaridad, que lo convierten en uno de los vehículos significativos de los altos valores de humanidad.

Día de dobles celebraciones. Tal día como el pasado jueves, hace siete años, el Santo Padre consagró la catedral a Santa María la Real de La Almudena. A ella, nos acogemos para que, como Madre, nos ayude a ser hombres y mujeres de Evangelio, como expresó en su saludo la campeona Coral Bistuer.

BenjamínR. Manzanares

UN ENCUENTRO PERSONAL

El seguimiento de Cristo es una verdadera historia personal de encuentro con el Señor. Si Cristo es la Verdad, es también el Camino y la Vida para todo hombre que viene a este mundo. La Iglesia está llamada a trasmitir el don de la fe en toda su plenitud: a todo hombre y para todo hombre. Su vocación y su misión son universales.

El Espíritu Santo fortaleció a los apóstoles cuando más acobardados se encontraban. Desde el inicio de su pontificado, Juan Pablo II nos anima a tomarnos en serio la misión de la Iglesia, siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos cada uno. Son palabras de viva actualidad que suenan en nuestros oídos como una seria llamada a ser evangelizadores: Nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos. Si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso.

Esta fiesta de Pentecostés está unida al Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica. No debe extrañar que la Iglesia recuerde a los seglares en este día que la vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación al apostolado. Con tal motivo, la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar ha elegido como lema para este Año Jubilar la frase: Testigos de Cristo en el nuevo milenio. La misión de la Iglesia no es ocupación exclusiva de unos pocos, ni una tarea reservada a los sacerdotes, religiosos o religiosas, sino común a todos los bautizados que vivimos de la misma fe. También los laicos, insertos en el mundo, compartiendo con el resto de los hombres las ocupaciones de la vida social, política, cultural, económica y familiar, han recibido la vocación divina y el mandato del Señor Jesús: Recibiréis el Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.

Nuestro Señor Jesucristo se ha servido de hermosas imágenes para describir la misión apostólica de los cristianos como luz del mundo, sal de la tierra y levadura dentro de la masa. En todas ellas se insiste en lo mismo: los cristianos, y, más en concreto, los seglares, están insertos en el mundo con una verdadera vocación divina: la de realizar la santidad personal santificando la sociedad en la que viven. En uno de los primeros escritos cristianos, la Carta a Diogneto, se compara a los bautizados con el alma respecto al cuerpo. ¡Somos el alma de la sociedad en la que nos ha tocado vivir!

CONFIANZA EN LA IGLESIA


Para realizar mejor su vocación los seglares, se unen con frecuencia en diferentes asociaciones de fieles de apostolado seglar, se forman y ayudan mutuamente, asumiendo actividades apostólicas concretas para implantar el Evangelio en la sociedad. La Iglesia y los pastores recomendamos decididamente este tipo de asociaciones. La complejidad del mundo en el que los laicos realizan su vida y profesión, las dificultades e incomprensiones que sin duda encuentran para ser fieles a su vida apostólica, hacen muy necesarias estas asociaciones donde se comparte la vida y la fe, las experiencias apostólicas y los problemas. En el comienzo de un nuevo milenio cristiano, estos compromisos apostólicos deben dirigirse a la evangelización y humanización de una sociedad como la nuestra, en la que cada vez se valora más el tener frente al ser y la técnica frente a la persona.

La celebración anual del día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica debe ayudarnos a todos a valorar y promocionar estas asociaciones: Nuestras comunidades despertarán en el conjunto del laicado la conciencia de que el apostolado asociado es expresión y exigencia de la comunión y la misión de la Iglesia; les animarán a asociarse y facilitarán procesos adecuados para la inserción en pequeñas comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos. A los que trabajan en ellas les servirá para retomar con nuevos bríos sus diferentes compromisos y redescubrir la confianza que la Iglesia tiene depositada en ellos.

La Acción Católica, en su doble vertiente de general y especializada, tiene ya una larga historia de compromiso serio por implantar la Iglesia en la sociedad. En esta asociación los laicos se asocian libremente de modo orgánico y estable, bajo el impulso del Espíritu Santo, en comunión con el obispo y con los sacerdotes, para poder servir, con fidelidad y laboriosidad, según el modo que es propio a su vocación y con un método particular, al incremento de toda la comunidad cristiana, a los proyectos pastorales y a la animación evangélica de todos los ámbitos de la vida.

+ Antonio Mª Rouco Varela