RetrocesoA&ONº 218/22-VI-2000SumarioLa fotoContinuar

Arde África

El pasado 7 de junio la catedral de Kisangani (República Democrática del Congo) fue bombardeada e incendiada, como muestra la fotografía, durante los duros enfrentamientos entre los ejércitos de Ruanda y Uganda, que continúan a pesar de los acuerdos de paz. Según monseñor Javier Lozano, nuncio apostólico en este país africano, el ataque no es fruto de la casualidad; en declaraciones a la agencia Fides, ha dicho: Es una situación dramática e injustificada. Hace tiempo que ruandeses y ugandeses han tomado como objetivo, además de la catedral de Kisangani, todas las obras sociales de la Iglesia, los miembros de la Jerarquía, sacerdotes y seminaristas. Es una explosión de locura. No hace más que aumentar el sufrimiento de la población. Las presiones contra la Iglesia se han incrementado en los últimos meses en la República Democrática del Congo: monseñor Kataliko, arzobispo de Bukavu, tiene prohibido volver a su diócesis desde febrero; monseñor Gapangwa Nteziryayo, obispo de Uvira, lleva tres meses refugiado en Roma; eso sin contar asaltos y asesinatos de un sacerdote y un seminarista.

En la vecina Ruanda, monseñor Misago ha sido, afortunadamente, absuelto, tras afrontar un duro juicio en el que se pedía para él la pena de muerte por genocidio. El veredicto fue dado a conocer el pasado jueves 15 de junio.

Los protocolos de Lusaka, que parecían un paso adelante en la pacificación de la región de los Grandes Lagos, se han revelado papel mojado, y mientras la ONU se resiste a enviar fuerzas de pacificación, la única institución oficialmente neutral que levanta la voz en pro de la paz, la Iglesia, corre el riesgo de convertirse en el enemigo público número uno de los dictadores africanos, que atentan contra ella impunemente. La paz de la región del Congo es decisiva para la estabilidad de toda África.Atentando contra la seguridad del Congo, Ruanda está creando inestabilidad también en su interior, ha declarado el obispo de Kisangani, monseñor Laurent Monsengwo a la agencia Zenit. Laurent Kabila no está en condiciones de gobernar el país. Poner en marcha el diálogo nacional, como se decidió en el acuerdo de Lusaka, será imposible con Kabila porque teme al proceso democrático. Por otro lado, la presencia significativa de la Iglesia es molesta, y no pocos obispos corren el riesgo de ser asesinados. Monseñor Mosengwo denuncia la complicidad de Occidente en la sangría de los Grandes Lagos: Las grandes riquezas de mi país son nuestra esperanza, pero también nuestra desgracia. Con el país en guerra, dividido entre las fuerzas de Kabila y los rebeldes, cada región es saqueada sin escrúpulos ni reservas. Hay que saber que algunas potencias financieras y políticas no tienen interés en que el Congo tenga estabilidad para seguir robando el petróleo y las materias primas