RetrocesoA&ONº 219/29-VI-2000SumarioCriteriosContinuar
La vocación de Pedro
Mientras que en los evangelios de Marcos y de Mateo los cuatro primeros discípulos son llamados juntos, en el de Lucas, la primera vocación que aparece es la de Pedro sólo. Simón ya había acogido antes a Jesús en su casa, y éste había curado a su suegra. En el nuevo encuentro con Pedro, éste se hallaba con otros pescadores en la orilla, pero Jesús, subiendo en su barca, le invita a alejarse un poco de tierra, para enseñar desde el mar a la multitud que se apiña en la orilla. Pedro, a popa, va a vivir esta segunda experiencia con Jesús.Exteriormente él le había prestado un pequeño servicio, le había dado el dedo meñique, por decirlo así; pero de repente Jesús le coge la mano entera. La pequeña nube se transforma en tormenta, el ruego despreocupado, en orden imperiosa: Boga mar adentro (tú solo)y echad vuestras redes para pescar. Doblemente imperiosa, porque no hace caso de la experiencia del pescador: Hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada. Mas, inmediatamente, se da una obediencia pura: En tu palabra, echaré las redes. El gran salto sobre el horizonte propio es osado, la autoridad de Jesús predomina sobre todo conocimiento profesional y toda evidencia.

Simón queda como fuera de sí ante el milagro realizado por Jesús. Se espanta hasta lo más profundo de que él, sin quererlo, sin haber sido preguntado, se vea implicado en una obra divina.Se hace patente de forma fundamental la distancia entre el hombre pecador y la elección a la que ha asentido inconscientemente. Ésta se había producido en virtud de una fe que no parecía haberle supuesto un esfuerzo:dicha fe había resultado, como por sí sola, del milagro realizado en casa y de la predicación desde la barca. Él se estremece como un animal en la trampa. Pero el capturado no es liberado, sino que se le dice: No temas. Desde ahora serás pescador de hombres. Sigue siendo el mismo y, sin embargo, es completamente otro. Es el modelo de todo llamado por el Señor.

Hans Urs von Balthasar,
de Tú tienes palabras de vida eterna
(Ediciones Encuentro)