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Desvelada la tercera parte del secreto de Fátima
La clave del secreto es penitencia
Penitencia: ésta es la palabra clave del tercer secreto de Fátima, según el cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lo afirma en su Comentario teológico, hecho público el lunes pasado en Roma. El cardenal Ratzinger dice también que otras palabras claves son mi Corazón Inmaculado triunfará; el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que cualquier tipo de arma; el hágase de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo
El Comentario teológico del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe está dividido en tres partes: Revelación pública y revelaciones privadas, su lugar teológico; La estructura antropológica de las revelaciones privadas; Un intento de interpretación del secreto de Fátima. Como dice este comentario teológico, antes de iniciar un intento de interpretación, es necesario hacer algunas aclaraciones de fondo sobre el modo en que, según la doctrina de la Iglesia, deben ser comprendidos dentro de la vida de fe fenómenos como el de Fátima.

El término "revelación pública" —afirma el cardenal Ratzinger— designa la acción reveladora de Dios destinada a toda la Humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama "revelación" porque en ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse Él mismo hombre, para atraer a Sí y para reunir en Sí a todo el mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. No se trata, pues, de comunicaciones intelectuales, sino de un proceso vital en el cual Dios se acerca al hombre. (...) En Cristo, Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado a sí mismo y, por lo tanto, la revelación concluyó con la realización del misterio de Cristo que encontró su expresión en el Nuevo Testamento.

Como dice el propio cardenal, escuchemos aún a este respecto, antes de nada, elCatecismo de la Iglesia católica: "A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Su función no es la de completar la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la Historia".

REVELACION PRIVADA

La revelación privada, en cambio, se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima. La autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente diversa de la única Revelación pública: ésta exige nuestra fe. La revelación privada, en cambio, es una ayuda para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única Revelación pública.

Citando al teólogo flamenco E. Dhanis, el cardenal Prefecto afirma que la aprobación eclesiástica de una revelación privada tiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo público, y los fieles están autorizados a darle, en forma prudente, su adhesión. Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por esto no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de ella.

Acerca de las revelaciones privadas, el cardenal Ratzinger comenta: ¿Cómo se pueden clasificar de modo correcto a partir de la Sagrada Escritura? ¿Cuál es su categoría teológica? La carta más antigua de san Pablo que nos ha sido conservada, tal vez el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonisences, me parece que ofrece una indicación.ElApóstol dice en ella: "No apaguéis el Espíritu, no desprecéis las profecías; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno".

El cardenal subraya también que profecía, en el sentido de la Biblia, no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro.

Una vez que el Comentario teológico ha tratado de determinar el lugar teológico de las revelaciones privadas, antes de ocuparse de una interpretación del mensaje de Fátima, intenta aclarar brevemente un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica distingue en este ámbito tres formas de percepción o "visión". Una es la visión con los sentidos. En las visiones de Lourdes, Fátima, etc... no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un árbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visión del infierno, o también la visión descrita en la tercera parte del "secreto", pero puede demostrarse con mucha facilidad también en las otras visiones, sobre todo porque no todos los presentes las veían, sino de hecho sólo los "videntes". Tampoco se trata de una "visión" intelectual, sin imágenes, como se da en otros grados de la mística. Aquí se trata de la categoría intermedia, la percepción interior, que ciertamente tiene en el vidente la fuerza de una presencia que, para él, equivale a la manifestación externa sensible. Ver interiormente no significa que se trate de fantasía. Se trata de verdaderos "objetos", que tocan el alma, aunque no pertenezcan a nuestro habitual mundo sensible. Para esto se exige una vigilancia interior del corazón. Las imágenes son, por decirlo así, una síntesis del impulso proveniente de lo Alto.

La parte más importante del Comentario teológico está dedicada a un intento de interpretación del secreto de Fátima. Del mismo modo que la clave de la primera y de la segunda parte del secreto es la de salvar almas, la palabra clave de esta tercera parte del "secreto" es el triple grito: "¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!" Comprender los signos de los tiempos significa comprender la urgencia de la penitencia, de la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros. Me permito insertar aquí —dice el cardenal Ratzinger— un recuerdo personal: en una conversación conmigo, sor Lucía me dijo que le resultaba cada vez más claro que el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era sólo para conducir a esto.

IMPORTANCIA DE LA LIBERTAD


De este modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la imagen que vieron los niños no es una película anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. En realidad, toda la visión tiene lugar sólo para llamar la atención sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva. Su sentido es el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del "secreto" que dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 (Alí Agca contra Juan Pablo II) habría sido en definitiva un instrumento de la Providencia.

Pasando a las siguientes imágenes, el lugar de la acción —explica el cardenal— aparece descrito con tres símbolos: una montaña escarpada, una gran ciudad medio en ruinas, y finalmente una gran cruz de troncos rústicos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar de la Historia humana: la Historia como costosa subida hacia lo alto, como lugar de la humana creatividad y de la convivencia, pero, al mismo tiempo, como lugar de las destrucciones, en las que el hombre destruye la obra de su proprio trabajo. Sobre la montaña está la cruz, meta y punto de orientación de la Historia. En la cruz la destrucción se transforma en salvación; se levanta como signo de la miseria de la Historia.

Aparecen después personas: el obispo vestido de blanco ("hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre"), otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece que precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo rodean. No sólo las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que su camino pasa en medio de los cuerpos de los muertos. El camino de la Iglesia se describe así como un "viacrucis", como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. En esta imagen, se puede ver representada la historia de todo un siglo.

EL SIGLO DE LOS MARTIRES


En la visión podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el "espejo" de esta visión vemos pasar a los testigos de la fe durante decenios.

El cardenal Prefecto afirma también que en el viacrucis de este siglo la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir a la montaña podemos encontrar indicados, con seguridad, juntos, a diversos Papas que, empezando por Pío X, hasta el Papa actual, han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por avanzar entre ellos por el camino que lleva a la cruz. En la visión también el Papa es matado en el camino de los mártires. ¿No podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del "secreto", reconocer en él su proprio destino? Había estado muy cerca de las puertas de la muerte y él mismo explicó el haberse salvado con las siguientes palabras: "Fue una mano materna la que guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la muerte" (13 de mayo de 1994). Que "una mano materna" haya desviado la bala mortal muestra sólo, una vez más, que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la Historia y que, al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones.

La conclusión del secreto, prosigue el cardenal Ratzinger, recuerda imágenes que Lucía puede haber visto en libros piadosos, y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que quiere hacer maleable por el poder salvador de Dios una historia de sangre y lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los mártires, y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los mártires están aquí consideradas juntas: la sangre de los mártires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la Pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella.

La visión de la tercera parte del secreto, tan angustiosa en su comienzo, concluye, pues, con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano, y precisamente una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en señal orientadora para la búsqueda de Dios por parte del hombre; del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificación y de renovación, porque es actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica.

COSAS DEL PASADO


¿Qué significa en su conjunto (en sus tres partes) el "secreto" de Fátima?, se pregunta por último el cardenal Ratzinger. Ante todo debemos afirmar con el cardenal Sodano: "Los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del 'secreto' de Fátima parecen pertenecer ya al pasado". En la medida en que se refiere a acontecimientos concretos ya pertenecen al pasado. Quien había esperado impresionantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo, o sobre el curso futuro de la Historia, se desilusionará. Fátima no nos ofrece este tipo de satisfacción de nuestra curiosidad, lo mismo que la fe cristiana no quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra curiosidad. Lo que queda de válido lo hemos visto de inmediato al inicio de estas reflexiones sobre el texto del "secreto": la exhortación a la oración como camino para la "salvación de las almas" y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión.

Quisiera, al final —concluyó el cardenal Ratzinger—, volver aún sobre otra palabra clave del "secreto", que con razón se ha hecho famosa: "Mi Corazón Inmaculado triunfará". ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El "fiat" de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la Historia del mundo, porque Ella ha introducido en el mundo al Salvador; porque gracias a este "sí" Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo, y así permanece ahora y para siempre. El Maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; tiene poder, porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios; pero, desde que Dios mismo tiene corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: "Padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo". El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.

VIS / Alfa yOmega