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Las apariciones de Fátima tuvieron lugar hace 83 años. Los tres pastorcillos eran analfabetos, y ciertamente, desde su pueblecito de Portugal, poco sabían de lo que pasaba en el mundo. Sin embargo, impresiona la lectura que la Virgen hace de la historia del siglo XX. La revelación que más llama la atención es, sin duda, la visión del Obispo vestido del blanco hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre que cae abatido a tiros. Pero, junto a él, se presenta también el sentido de la sangre de todos los mártires de este siglo.
Nos encontramos ante una lectura mística de la historia del siglo que ahora concluye. El 7 de mayo, Juan Pablo II recordó en el Coliseo a los mártires de este siglo. El historiador Andrea Riccardi, quien es además fundador de la Comunidad de San Egidio, ha publicado un estudio en el que calcula que los hombres y mujeres que han muerto en el siglo XX a causa de su fe han sido unos tres millones. En estos cien años, con toda probabilidad, ha habido tantos mártires como en el resto de la historia del cristianismo. Algo que Riccardi llama un auténtico martirio de masa. En Fátima no se ofrece una visión simplista: el lenguaje es simbólico y no da fechas o acontecimientos concretos. Los tres pastorcillos vieron, sin embargo, cómo se perfilaba, precisamente en 1917, un escenario dramático para la Iglesia y para la Humanidad. Al final del segundo milenio, la Iglesia se ha convertido de nuevo en una Iglesia de mártires..., ha escrito el Santo Padre. |
| El sentido de la visión de la sangre que debía correr en este siglo no es el de mostrar una película sobre el futuro ya fijado de forma irremediable, explica el cardenal Ratzinger. Su sentido es exactamente el contrario, el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del "secreto" que, por ejemplo, dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habría sido, en definitiva, un instrumento del plan divino guiado por la Providencia y que, por tanto, no habría actuado libremente, así como otras ideas semejantes que circulan. La visión habla más bien de los peligros y del camino para salvarse de los mismos.
EL CARIÑO DE MARIA La esencia del secreto de Fátima no está por tanto, por más impresionante que parezca, en las revelaciones y visiones. El auténtico secreto está en esa luz que arroja para comprender de manera más clara todavía el papel de María. De hecho, el cardenal Ratzinger, al presentar a los periodistas las revelaciones de Fátima, terminó subrayando la presencia cariñosa de esa mujer que intercede (aleja los peligros) y acompaña maternalmente el camino de los hombres. Fátima ayuda a comprender mejor aún el pasaje evangélico de las bodas de Caná: La situación de indigencia de los invitados llevó a María a intervenir. Las situaciones de indigencia en todo tiempo son motivo para la Madre del Señor para intervenir, junto a su Hijo, para invitarnos a hacer "todo lo que Él os diga". La publicación de esta tercera parte del secreto de Fátima añadió Ratzinger, al inicio del nuevo milenio, al volver a proponer el centro del mensaje evangélico, recuerda a la Iglesia y al mundo el significado y la importancia de la Madre del Señor en la historia de la salvación, y el valor de la mujer, de toda mujer, en la aventura humana. El mensaje de María, transmitido por sor Lucía, es un mensaje escrito en femenino. Jesús Colina,Roma |