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Uno agradece de verdad la gracia y el gozo de la amistad humana. No es mérito de la persona. Tiene que ver con la gracia de Dios, y valorarlo supone una especie de profesión de fe. Este acto supone una valoración de Jesucristo, del Evangelio y del sentido cristiano, lo que causa mucha alegría. Galicia me ha ayudado a ser cristiano.Con estas palabras concluyó el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, su discurso de agradecimiento por la concesión del título de Gallego del año 1999, concedido por el Club de Periodistas gallegos en Madrid. Ya le fue concedido el mismo título en Galicia por El Ideal Gallego hace unos meses. Ahora, el reconocimiento tiene lugar en Madrid. El ex Presidente del Gobierno don Leopoldo Calvo-Sotelo le entregó, como se ve en la foto, el símbolo del premio, consistente en una artística bandeja de Sargadelos del siglo XIX. Don Victoriano Reinoso, Vicepresidente y Consejero Delegado de Unión Fenosa, tradicional patrocinadora de este encuentro de confraternidad gallega en la capital de España, le entregó el diploma acreditativo. Más de 200 profesionales del periodismo y personalidades gallegas de la cultura, la política y la empresa, rindieron homenaje al cardenal en reconocimiento a su excepcional labor al servicio de la Iglesia y de la sociedad. Entre las personalidades, don Jaime Pita Varela, Conselleiro de la Xunta de Galicia, leyó un mensaje en nombre del Presidente don Manuel Fraga. Ofreció el homenaje el presidente del Club de periodistas en Madrid, don Ramón Pernas; y el ex ministro don José Manuel Romay Beccaría pronunció una brillantísima laudatio del homenajeado, que concluyó así: El cardenal Rouco Varela, un gallego muy gallego, muy español, muy europeo y muy universal, no sabe lo orgullosos que nos sentimos de él. Damos gracias a Dios porque haya dado a nuestra tierra un hijo como usted. |
| Parece inevitable formularse algunas preguntas: ¿Por qué muchos carecen incluso de lo más elemental, mientras otros han olvidado lo que sintieron la primera vez que sumaron un millón en su cuenta de resultados? ¿Hasta cuándo va a seguir siendo posible que personas que han trabajado toda su vida dejándose la piel, literalmente, en trabajos de sol a sol, se encuentren en la calle, con poco más que lo puesto, al cumplir los cincuenta? ¿Dónde está escrito que el marido tenga derecho a ponerle la mano encima a su esposa cuando ella se atreve a emitir una opinión propia, a demostrar su desacuerdo, o a tratar de proteger con su cuerpo el de sus hijos? ¿O que el derecho constitucional al trabajo no lo es en igual medida para quienes no han tenido la posibilidad de formarse, o el respaldo económico para montar su pequeño negocio, o la suficiente cultura como para darse cuenta de que ese contrato aparentemente legal no lo era tanto? ¿Es acaso pecado abandonar el país de origen, aquel que te vio nacer y vio después nacer a tus hijos, a los que probablemente has tenido que dejar allí, y arriesgarte a cruzar un mar a menudo embravecido, para buscar en una tierra extraña un porvenir mejor para ti y los tuyos?
Dibujar con interrogantes este panorama sombrío no puede, ni debe, hacernos olvidar que son muchas las personas que cada día se miran al espejo y se recuerdan a sí mismos que lo que les pasa a los demás sí tiene que ver con ellos. Que la respuesta a tantas preguntas, a tantas situaciones de injusticia, de olvido, de atropellos y de exclusiones está, aunque parezca imposible, en cada uno de nosotros y, sobre todo, en el empeño que pongamos en aportar nuestro granito de arena. LA RESPUESTA DE CARITAS MADRID
Concretamente en la diócesis de Madrid, gracias a esa aportación generosa de muchas personas dispuestas a compartir su trabajo, su ilusión y sus recursos, algunas cosas están cambiando: con las aportaciones económicas de muchas personas, en 1999 Cáritas Diocesana de Madrid inició la construcción de una nueva residencia de 70 plazas para mayores asistidos, cuya puesta en marcha está prevista para el primer semestre del año 2001. También en este año, la calidad de nuestra atención a personas sin techo ha mejorado notablemente, al trasladar nuestro centro de noche a unas instalaciones mejor preparadas, contiguas al Centro de Día que Cáritas tiene en el centro de Madrid; en 1999 han abierto sus puertas tres nuevos servicios de orientación e información para el empleo. Son ya 30 los servicios que funcionan en la diócesis de Madrid, todos ellos atendidos exclusivamente por voluntarios, como todas las personas que animan las 38 Aulas de Cultura de Cáritas, destinadas a la formación de adultos, que funcionan en Madrid. En 1999, acudieron a ellas 250 personas más que el año anterior, lo que demuestra que la apuesta por la formación integral de quienes asisten a ellas sigue teniendo plena vigencia y actualidad. Estos ejemplos, y otros muchos, demuestran que es posible tener motivos para la esperanza. Patricia Pascau |