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La imagen que pasará a la historia de estos siete días únicos será la de Juan Pablo II arrodillado ante la Custodia, transportada por un camión, durante la procesión del Corpus Christi, que en Roma se celebró litúrgicamente el jueves pasado, y que congregó a casi 100 mil fieles en torno a las calles que separan las basílicas de San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. Momentos antes, había dicho a los participantes: Con humilde orgullo escoltaremos al Sacramento eucarístico a través de las calles de la ciudad, recorriendo los edificios en los que la gente vive, se alegra, sufre; recorriendo las tiendas y las oficinas en las que se desarrolla la vida diaria. Lo pondremos en contacto con nuestra vida asediada por mil peligros, oprimida por preocupaciones y penas, sometida al lento pero inexorable desgaste del tiempo.Éste es precisamente el objetivo de los Congresos Eucarísticos Internacionales: proponer la presencia real de Jesús en la Eucaristía como riqueza para todo hombre en su vida de trabajo, de familia, de sociedad... Algo que entendieron magistralmente los grandes autores de la literatura del Siglo de Oro español. Por este motivo, en el cuarto centenario del nacimiento de Pedro Calderón de la Barca, se representó en la sala de audiencias generales del Vaticano El gran teatro del mundo, en versión de José Tamayo. El auto sacramental corrió a cargo de la Compañía Lope de Vega. Entre los actores se encontraba Pepe Bueno, quien aseguró: Es una obra que no tiene tiempo y que puede interesar particularmente a los jóvenes, y al público en general del año 2000... Calderón de la Barca escribió esta obra hace 350 años, pero los problemas son siempre los mismos. |
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FUENTE DE VIDA
En las mañanas del Congreso Eucarístico, arzobispos de importantes diócesis del mundo y testigos (en su mayoría laicos) del cristianismo en este final de milenio ofrecieron sus testimonios sobre la manera en que la presencia de Cristo en el sacramento puede cambiar una existencia. El cardenal Francis E. George, arzobispo de Chicago, presentó la fuerza unitiva de la Eucaristía como clave para humanizar el actual fenómeno de la globalización. El cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París, hizo un análisis muy sugerente sobre la manera en que el amor eucarístico se convierte en fuente de esa cultura de la vida, que debe vivificar todas las culturas particulares. Intervinieron, además, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, y el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de México. Entre los laicos, impresionó particularmente la cercanía con la Eucaristía de Jean Vanier, fundador de la Comunidad El Arca, quien ha dedicado su vida a la atención y convivencia con personas que experimentan deficiencias mentales, y el de Paola Bignardi, presidenta de la Acción Católica en Italia, quien mostró cómo Cristo en el sacramento puede dar un nuevo sentido a nuestras relaciones interpersonales. Los españoles, que constituían la delegación más numerosa después de Italia, se reunieron en varias ocasiones para celebrar juntos la Eucaristía. El cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid, presidió la misa del martes en la basílica romana de Santa María la Mayor. En su homilía afrontó directamente el sentido más profundo de este Congreso: En la Eucaristía, ciertamente, el hombre encuentra la salvación, pues es alianza, consorcio, comunión de Dios con el hombre. La vida espiritual de muchos cristianos constató atraviesa un momento de incertidumbre que afecta no sólo a la vida moral, sino incluso a la oración y a la misma rectitud teologal de la fe. ¿A dónde irá el mundo si se queda sin Dios y sin Cristo? Y respondió asegurando que necesitamos sentarnos en la mesa de la Palabra y del Sacrificio, donde Él sostiene a la Iglesia con la ofrenda de sí mismo. Juan Pablo II clausuró el domingo pasado, por la tarde, el Congreso Eucarístico: Desde esta plaza queremos repetir a los hombres y a las mujeres del tercer milenio el anuncio extraordinario: el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros y se ha ofrecido en sacrificio por nuestra salvación. La Iglesia está en diálogo fecundo con las demás religiones, explicó, pero al mismo tiempo anuncia con claridad que Cristo es el único salvador del hombre. En la misa final participaron diez mil niños que han recibido este año la Primera Comunión. Algunos de ellos la recibieron de las manos mismas del Papa. Era la mejor manera de concluir esta semana grande del Jubileo. El próximo Congreso Eucarístico Internacional, según reveló el mismo Santo Padre, se celebrará en el año 2004 en Guadalajara (México). J. C. Roma |