RetrocesoA&ONº 219/29-VI-2000SumarioMundoContinuar
Monseñor Fernando Capalla, arzobispo de Mindanao
La guerra no es religiosa
Monseñor Fernando Capalla, arzobispo de Davao y presidente de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso, de la Iglesia en Filipinas, ha querido celebrar el 25 aniversario de su ordenación episcopal muy lejos de su hogar. Su reciente visita a España ha sido para agradecer a Ayuda a la Iglesia Necesitada su contribución al sostenimiento de la Iglesia filipina. Además, pretende reforzar los lazos —por desgracia, cada vez más debilitados— entre los dos países y llamar la atención sobre el recrudecimiento del conflicto en el sur del archipiélago filipino, en la isla de Mindanao, tristemente famosa en las últimas semanas a raíz del secuestro de turistas por la guerrilla, musulmana y separatista, Frente Moro de Liberación Nacional
Qué está pasando en Mindanao?

Asistimos a una tragedia que no lleva a ningún sitio. Parece que el Gobierno es incapaz de resolver el problema y, además, no quiere recibir ayuda de otros Gobiernos. Por eso estoy aquí, para pedir a todos que convenzan a nuestro Presidente de que lo primero es detener la lucha y negociar con los rebeldes. La mayor preocupación hoy de la Iglesia es convencer a estos militares, que son cristianos, y a las guerrillas musulmanas, que creen también en Dios, de que dejen de matarse unos a otros. Eso no es ni cristianismo ni Islam. Todos somos hijos de Dios, del mismo origen y del mismo destino, y todos somos filipinos. El problema no se puede resolver con combates; entonces, todos seremos los vencidos.

La Iglesia está en este punto de acuerdo con los los líderes religiosos musulmanes. Usted mismo ha dicho que el "Foro de Diálogo Obispos-Ulemas" es la única institución creíble que queda en Filipinas.

No es la única solución, pero ayuda. Porque los líderes religiosos podemos influir en la mentalidad de los que están en el Gobierno y en los musulmanes rebeldes. Nos han invitado como consejeros en el diálogo, pero no se puede tener diálogo cuando se están matando unos a otros. Lo interesante de nuestro foro es que hemos emprendido el diálogo no sólo entre las jerarquías religiosas, sino que también participan pequeños grupos de familia, comunidades de paz, ONGs…

Además se han reactivado las guerrillas comunistas…

Yo temo que, si dura esta situación, habrá un alzamiento contra el Gobierno. Algunos grupos ya están preparándose. Existe también el rumor de que detrás de este secuestro de los rehenes, de esta guerra civil, está la CIA norteamericana. Por qué, no lo sabemos. Pero es extraña la coincidencia de acontecimientos en Fidji, en las Islas Salomón, en Indonesia, en Mindanao...

Y la religión, ¿tiene algo que ver con los conflictos de Mindanao o Timor Oriental, en el sudeste asiático, o de Chechenia y Afganistán, en Asia Central?

Los motivos no han sido en origen religiosos, aunque es cierto que algunos grupos han querido meter la religión por medio. En cualquier caso, por medio del diálogo, podemos ayudar a resolver los conflictos, podemos dar una dimensión moral y espiritual muy necesaria e influir en los proyectos culturales, políticos, económicos y sociales, concienciando a la población y a los Gobiernos.

En Asia, el número de católicos está creciendo de forma espectacular. ¿Cómo ven esto en otros países?

Hay algunos recelos, aunque totalmente infundados. Nosotros hemos defendido siempre el diálogo interreligioso. La carta del Santo Padre Tertio millennio adveniente dice que uno de los retos de este Jubileo es promover la buena relación de la Iglesia con otras religiones. Nuestro reto es ayudar a los católicos de otros países y animarles a que estudien las grandes religiones del continente —budismo, hinduismo, islamismo— y promuevan una convivencia fraternal. Lo que ocurre es que las dos partes tienen que estar dispuestas. En Filipinas, los que comenzaron el diálogo fueron los cristianos. En otros países, los de la mayoría no quieren el diálogo.

El problema de la demografía y la natalidad no es nuevo en Asia. Pero ahora, en Filipinas, se presenta por primera vez en un país de mayoría católica...

El problema, para nosotros, no es la natalidad, sino la distribución de la riqueza. Con una distribución justa, todos podrían comer y llevar una vida digna. Hoy la corrupción está en todos los niveles del Gobierno. Los senadores y los diputados representan sólo a la gente rica y dictan las leyes para favorecerlos. Ahora dicen que no hay alimentos para todos, pero eso es mentira. Algunos diputados quieren emprender una lucha contra la familia, que es el mayor valor de la cultura filipina. El Gobierno planea incluso cambiar la Constitución para facilitar el aborto y el divorcio. Nosotros nos oponemos, pero no sé hasta dónde podremos resistir, porque cuentan con la ayuda financiera. Y, si no tienen éxito sus planes, recurrirrán a los medios de comunicación para cambiar la mentalidad de la gente, especialmente de la juventud, para destruir la familia.

R.B.