El cardenal Rouco, en la COPE, a propósito del
último asesinato de ETA
"Al mal se le vence
con el bien"
La noticia a mí me alcanzó cuando estaba a punto de coger el avión para Roma, e interrumpí el viaje, y ya nos pusimos en contacto directo tanto con la Secretaría General de la Conferencia, como también con mis colaboradores en el Arzobispado de Madrid para manifestar nuestro inmenso dolor y compartirlo, primero, con la familia y con los compañeros suyos, pero también con el pueblo y con la sociedad española, que se ven así de nuevo rotas: rotas en lo humano, pero no rotas, creo, en su fe y esperanza, y en la posibilidad de superar este terrible flagelo del terrorismo que nos azota una y otra vez.
Nos preguntamos, insistentemente, qué podemos hacer para colaborar a que se acabe de una vez el terrorismo de ETA, y de repente sale el cardenal arzobispo de Madrid y nos recuerda que podemos rezar para cambiar el corazón de los etarras.
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Bueno, pues eso- Efectivamente, la esperanza cristiana, que siempre triunfa en el corazón de los que se abren al mensaje de la fe y de los que se abren a los sentimientos de la humanidad más noble, se basa, al final, en la fuerza de la oración. Aquellos que, creyendo que sólo apoyándose en sus fuerzas pueden resolver los problemas más graves de la vida personal y de la vida colectiva, ven que no lo consiguen, entonces saben que necesitan de la fuerza de Dios y de la gracia de Dios para poder caminar por la senda del bien, para poder superar el odio, el crimen, la injusticia, el terror- y para poder hacer el bien.
Hay una frase que el Santo Padre ha repetido muchas veces a lo largo de los muchos años de su pontificado, en las más distintas situaciones, en las más trágicas: al mal se le vence con la fuerza del bien. Cuando el hombre se hace humilde, se hace niño y se acoge a la gracia de Dios, entonces la fortaleza del bien y del corazón bueno vence todas las resistencias, incluso las de los corazones corrompidos y llenos de odio.
¿Cuál es la reflexión que hace llegar a católicos practicantes, a católicos menos practicantes o a personas que miran la doctrina de la Iglesia, digamos, desde una cierta lejanía?
Lo hacemos siempre los obispos a partir del testimonio de la fe en Jesucristo, y a la luz de la fe en Él. No tenemos ni otra luz ni otro testimonio que dar, pero esa luz ilumina a todo hombre e ilumina también a todas estas situaciones, haciendo comprender que el corazón del hombre no ha nacido para hacer el mal, pero puede hacerlo, y se siente tentado a hacerlo. Hay una ruptura del hombre con la ley de Dios desde el principio, que se convierte en ruptura del hombre en sí mismo, consigo mismo, y con los demás. Esa ruptura es superable, ha sido superada en Jesucristo; en Jesucristo resucitado eso ha quedado absolutamente superado. No de tal manera que los hombres, a lo largo de la Historia, no puedan volver a caer y recaer en esa inclinación tremenda que puede llegar hasta el asesinato del hermano, pero sabiendo siempre que, al final, vence la esperanza y vence el amor, incluso en ese momento dramático del que la ha perdido por el odio de sus hermanos. Se sabe que eso es ya semilla de gloria, y esperanza para él, para ellos, para los que lo han sufrido, para su familiares, para los más próximos y para todo el pueblo que le rodea, y para todos, para toda la Humanidad.
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