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Entre los muchos dones que Dios ha regalado al señor Presidente del Gobierno de España, don José María Aznar, no destaca ciertamente el de ser gracioso. ¿La alianza entre el BBVA y Telefónica le parece usted buena para este país?, le pregunta El Mundo. Su respuesta es: Yo no soy partidario de los monopolios, ni de los oligopolios, ni de la Santísima Trinidad. A lo peor creía el señor Presidente que hacía una gracia al aludir a quienes alude como Santísima Trinidad. Con lo fácil que lo tenía recurriendo a las populares tres patas de un banco, a los Tres Mosqueteros, tan europeos, o al Trío Calavera, tan simpático, farandulero y carpetovetónico- ¡Lástima que tan fina ironía religiosa no puedan apreciarla las jóvenes generaciones que van a votar por vez primera este 12-M, porque ni en los catorce cutres años del felipismo, ni en los cuatro que lleva el PP han podido recibir clase de Religión como Dios manda. El señor Aznar sabe que muchos le van a votar... pero eso no significa que no haya cosas que rectificar... Yo viajo bastante en Metro y esta misma mañana he visto escrito, bajo el cartel Vamos a más, del PP, lo siguiente: ¿Quiénes vamos? Y a más, ¿de qué? Se lo digo al señor Presidente por si le interesa para la jornada de reflexión, y para el futuro, porque, claro, como de ese más de qué Pedro J. no le pregunta en El Mundo, y lo económico va viento en popa... Pero hay más cosas que lo económico.Juan José Tamayo, teólogo, escribe un artículo en El País; en él pretende censurar el comunicado de la Conferencia Episcopal ante las elecciones, al que califica en el título de un nuevo intento de confesionalizar la política. En realidad es un nuevo intento suyo de politizar la fe, y abochorna que un director de periódico publique tal cosa. No falta en el artículo ninguno de los tópicos de la cada vez más rancia contestación eclesial: al desautorizar moralmente la píldora abortiva, los obispos retroceden a épocas que creíamos superadas, cuando quien retrocede es él a las cavernas y a la ley de la selva; los obispos consideran el matrimonio monogámico y estable como el único verdadero, ¿acaso hay algún otro que merezca el nombre de matrimonio y el adjetivo de verdadero?, etc - Concluye afirmando que espera que los obispos aprendan tres lecciones que, naturalmente, él les da. Con que él aprendiera una, la que él sabe, ya tendría suficiente, porque es uno de los que cuando se les invita a participar, no van, y luego se quejan de que los que han ido son sólo los de una parte. Si no fuera patético, podría ser hasta divertido.
Gonzalo de Berceo |