RetrocesoA&ONº 202/2-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Televisión
La escalera mecánica
No es fácil que un programa de debates y entrevistas, jalonado de espacios humorísticos, presente alguna novedad. La escalera mecánica, presentado por Jordi González, eficaz, pero no excesivamente simpático, resulta ameno en su primer día, quizá por la gracia de Paz Padilla, personaje entrevistado, o por lo pertinente del tema propuesto a debate: ¿Educamos bien a nuestros hijos?

María Galiana, recientemente galardonada con el Goya a la mejor actriz de reparto en la película Solas, el cantante Manolo Tena y Andrés Aberasturi fueron algunos de los invitados a discutir acerca de este asunto. Fue ésta una conversación sencilla, sin pretensiones, en la que los participantes manifestaron su opinión según la experiencia que tenían de la cuestión. Sin meterse en profundidades, el planteamiento invitaba a reflexionar sobre temas como la escolarización, el significado de la palabra educar, la posibilidad de ser padre y amigo al mismo tiempo, etc. Las opiniones, evidentemente, eran muy diversas, pero se apreciaba un pesimismo con respecto al panorama general. María Galiana, profesora de Instituto, manifestaba la situación actual de incomunicación con respecto a sus alumnos, así como la ruptura con la tradición, que se puede apreciar en la trayectoria de los jóvenes, en aras de ninguna otra cosa. El debate se cerró con una acertada intervención de Manolo Tena, que llamó la atención sobre el hecho de que, a pesar de haberse mencionado muchas cuestiones, nadie había hablado en ningún momento de felicidad, y añadió que si los padres o educadores contribuían a hacer de los niños personas felices, se podía considerar, a pesar de los muchos fallos, que la cosa se había hecho bien.

Es evidente que el asunto es complejo y que alude a aspectos muy diferentes, como la calidad de la enseñanza, la distancia generacional, la situación de la familia etc., pero apunta hacia algo crucial, la pregunta sobre cómo podemos ayudar a nuestros hijos y qué es lo que significa últimamente educar.

Resulta útil plantear este tema, sobre todo si se hace a través de un diálogo moderado, en un momento en el que es habitual en televisión hacer del coloquio un show para lo cual no se escatima en medios, como puede ser el de fomentar el disparate o elegir asuntos de debate absurdos. No obstante, estas conversaciones suelen adolecer de superficialidad, porque nunca se dirigen a la búsqueda de lo que las cosas realmente son, ya que de antemano se ha descartado la posibilidad de que la verdad exista. En el caso que nos ocupa se trataría de preguntarse en qué consiste la educación y qué es lo que permite a un padre ayudar a su hijo a introducirse en la realidad de forma integral, pero es muy difícil percibir que es la ausencia de significado lo que imposibilita, desde el comienzo, la tarea de ayudar a una persona a ponerse en camino.

Patricia López Schlichting