RetrocesoA&ONº 202/2-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Entrevista a monseñor Paul J. Cordes,
Presidente del Consejo Pontificio Cor Unum
Una buena confesión
vale más que el activismo
El mensaje de Cuaresma del Santo Padre fue presentado a los periodistas
en la Sala de Prensa del Vaticano. Asistieron a la rueda de prensa monseñor
Angelo Massafra, arzobispo de Scutari, y monseñor Joseph Cordes, de Cor
Unum
, quien habla para la Agencia Fides
En un mundo de tanto humanitarismo, el Papa ha dicho que la caridad no es un gesto o un ideal humanitario, sino llevar la presencia de Cristo en todos los gestos de caridad. ¿Qué significa?

Esta afirmación del Papa tiene para nosotros una intensidad particular: desde hace bastante tiempo estamos recuperando las raíces de la fe en las obras de caridad. Esto no significa devaluar las buenas obras de los no-cristianos, pero nosotros, los fieles, debemos poner de relieve que Dios nos amó primero, que nos ha salvado. Nuestra acción es un reflejo de lo que hemos recibido. Es también un deber comunicar a la sociedad la obra de Dios, su amor, para dar credibilidad al Evangelio. El Señor hizo milagros, curaciones, consoló; en resumen, obró para confirmar lo que anunciaba. Nosotros, al contrario, hemos separado las obras de caridad de su mensaje. Es una equivocación: si anuncio simplemente el amor de Dios y no lo demuestro con las obras, mi palabra es menos creíble. Y tampoco se puede sólo obrar sin proclamar nunca el Evangelio. Es necesaria una vinculación contínua entre acción y palabra.

En Cor Unum hacemos obras de caridad a todos, cristianos o no, pero la Iglesia no puede limitarse a esto. Si somos fieles al mensaje del Evangelio, debemos intervenir en el horizonte de los necesitados hasta denunciar el pecado y hacer redescubrir la necesidad de Dios: el empeño caritativo se convierte así en una escuela de fe. El fundador del movimiento del Arca, Jean Vanier, me dijo que los voluntarios que se dirigen a él, después de algún tiempo, descubren al Señor: el camino de la caridad se convierte en un camino de recuperación de la fe. No debemos limitarnos sólo a hacer.

Otro elemento de esta Cuaresma es la peregrinación. El Papa recuerda su próximo viaje a Tierra Santa. ¿Vive Cor Unum la caridad hacia Tierra Santa?

Normalmente, nosotros no tomamos la iniciativa de proponer proyectos de ayuda, pero respondemos al grito de ayuda, a peticiones precisas. Recientemente, un obispo de Tierra Santa me invitó a visitar el Medio Oriente y a constatar su situación. En Tierra Santa no hay quizás urgencias dramáticas como en África o en Iberoamérica, por lo que hasta ahora hemos tenido pocas relaciones. Pero verá que con el viaje del Santo Padre a Belén, Nazaret, Jerusalén, profundizaremos nuestras relaciones. Algo parecido a lo que sucedió en Cuba. El viaje del Papa provocará sin más una mayor colaboración entre nosotros y ellos. Al Papa le interesa mucho la situación del Medio Oriente. Durante el Sínodo asiático, un obispo de Tierra Santa habló de su situación, de la persecución de los cristianos, de la emigración, etc., con tonos preocupados y amargos. El Papa, que generalmente participa en el Sínodo escuchando en silencio e interviniendo sólo al final, tomó la palabra para confortarlo, hablando de la Cruz que marca de modo particular a esa región.

LAS ESCLAVITUDES DE HOY


¿Tiene vinculaciones Cor Unum con Irak?

Hace poco tiempo encontré al Patriarca Raphael Bidawid, quien nos pidió ayuda. Estamos pensando en contribuir para crear un banco que haga préstamos a pobres. En el pasado, además, hemos sostenido las actividades de un hospital católico. Pero no es aún una contribución regular. En todo caso, no hay que olvidar que el Papa quiere subrayar con este viaje la historia de la salvación: quiere recorrer toda esta historia en el año 2000, pero, desgraciadamente, por ahora, no es posible ir al país de Abraham.

El Papa pide también reanudar y renovar el Jubileo hebreo liberando a los hombres de las nuevas esclavitudes. ¿Cuáles son, en su opinión, las esclavitudes más urgentes que hay que afrontar en el 2000?

En la presentación del Mensaje del Papa he subrayado la dimensión espiritual de estas esclavitudes, la incapacidad de vencer el mal nosotros solos. Pero los periodistas y la opinión pública se sienten atraídos mucho más por la dimensión material, operativa. La Iglesia es considerada una institución de la sociedad que debe limitarse a dar ayudas materiales. La esclavitud, al contrario, sobre todo en el primer mundo, es sobre todo la pobreza interior, la aridez espiritual. El materialismo práctico en que estamos sumergidos no nos permite ver otras cosas. Este hecho es duro de comprender incluso por los católicos. Muchas agencias que recogen ayudas se preocupan sólo de la organización de colectas y de política. El Papa, al contrario, propone siempre las dos dimensiones del hombre: cuerpo y alma. Y, lamentablemente, la que más sufre hoy en nuestro mundo es precisamente el alma. La primera esclavitud, en el tercer mundo y en el primer mundo es la del mal. Nosotros pensamos con frecuencia en resolver la miseria haciendo reuniones y planes pastorales, en lugar de comenzar venciendo el mal en nosotros mismos con la conversión y el sacramento de reconciliación. Una buena confesión personal ayuda a eliminar la peor pobreza económica.