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Parece que, cuando se habla de la Acción Católica, uno recuerda aquella frase que dice que agua pasada no mueve molino.La Acción Católica tiene una larga historia en España, y en otros países. Es una realidad que la Iglesia estimula, confirma y anima, especialmente a partir del Concilio Vaticano II. Ha ido pasando por diferentes etapas, circunstancias, por una crisis grande. Hoy decimos que la Acción Católica, siendo fiel a su identidad y a lo que le da sentido, a sus notas características, lo que tiene que hacer en cada momento de la Historia, al hilo de los acontecimientos sociales, culturales, políticos, es tomar una forma específica para responder en esos momentos. Se trata de una fidelidad creativa, fiel a lo que la hizo nacer y a lo que le da sentido. Al hilo de la referencia a la, por usted denominada, crisis grande, ¿se ha superado ya? ¿Han pasado las causas que la originaron? Hoy está superada. Las circunstancias que la produjeron ya han pasado. La situación social, política, cultural hoy es distinta. Aquella crisis de identidad, de identidad cristiana, de relación con la Jerarquía, crisis entre los propios movimientos, hizo que se perdiera la unidad. Hoy vivimos en la comunión con la Jerarquía y entre los movimientos especializados con absoluta normalidad. Ahora nos gusta hablar de la nueva Acción Católica, en esas nuevas formas que nos hemos ido dando. Somos conscientes de que tenemos que hacer una lectura del pasado para no volver a caer en los mismos errores, en las mismas situaciones que provocaron aquella crisis. El fin de la Acción Católica es la evangelización en diferentes ambientes y circunstancias. Ahí también se perdió esa clara identidad cristiana: de saber de dónde venimos y desde dónde tenemos que trabajar y hacer. |
| ¿Se ha superado esa crisis, también, en los denominados movimientos especializados, jóvenes, obreros, estudiantes...?
La Acción Católica estuvo en aquel momento, sobre todo a través de los movimientos especializados, totalmente metida e inserta en la lucha social, política, obrera. Hubo incomprensiones con la jerarquía de la Iglesia. Muchas personas perdieron esa raíz del Evangelio, y luego los mismos movimientos se desmembraron. Cada movimiento quedó por su cuenta y destartalado. Esa situación ha requerido unos años de lectura de esa crisis y de ir recuperando las relaciones y la identificación con lo que son las notas de la nueva Acción Católica, que hoy es clara y total. IR CONTRA CORRIENTE
¿Cómo definiría, de forma comprensible, la nueva Acción Católica? Es la colaboración fraterna, estable y corresponsable entre el laicado y la Jerarquía de la Iglesia. Decimos que esta colaboración es en orden a llevar a cabo el fin global de la Iglesia, la misión de la Iglesia, pero cada uno, Jerarquía y laicado, según su específica vocación. Y hablamos de eso, de colaboración fraterna, estable y organizada. Sí que es verdad que la Acción Católica tiene una especial relación y vinculación con la Jerarquía, a nivel general con los obispos y, en cada una de nuestras diócesis, con el obispo diocesano, con el párroco en cada parroquia. Esa relación y estrecha vinculación existe en orden a colaborar con la misión de la Iglesia. ¿Cómo llevar el Evangelio a los jóvenes de nuestro tiempo? Por las circunstancias que vivimos, sociales, culturales, los valores que imperan no favorecen el enganche con la gente joven en orden al seguimiento de Jesús. Debemos buscar que el planteamiento de la vida en cristiano sea significativo. Es un trabajo duro y difícil para la propia gente joven, en las circunstancias que viven de tantas ofertas, en una cultura materialista, de hedonismo. Hay que ir un poco contra corriente. Es un gran reto, y yo puedo decir que ahora mismo los movimientos juveniles que hay en la Acción Católica están trabajando con fuerza, en un ambiente difícil. Otra preocupación es que las parroquias, durante un tiempo, tienen a los jóvenes en las catequesis; pero llega el sacramento de la Confirmación y hay un total abandono. ¿Qué necesita la Iglesia para anunciar a Jesucristo? Nuestra Iglesia habla esencialmente a través de la parroquia, de parroquias misioneras, abiertas a nuestros barrios, que sean realmente buena noticia, que lleguen al último rincón de los barrios o de los pueblos donde están enclavadas. No debemos conformarnos con la gente que ya acude a los sacramentos; tenemos que salir fuera y acoger a los que están alejados. José Francisco Serrano |