RetrocesoA&ONº 202/2-III-2000SumarioDesde la feContinuar
LIBROS
El Concilio de la comunión
Hay que sorprenderse por la edición en español de este libro, por primera vez, después de su primera edición inglesa a los dos años de concluído el Concilio Vaticano II. Ralph M. Wiltgen es un misionero del Verbo Divino que ha retratado, en El Rin desemboca en el Tíber. Historia del Concilio Vaticano II, editada por Criterio libros, el desarrollo del Concilio Vaticano II, ése gran don de Dios para la Iglesia, como si de un cronista de páginas de papel prensa se tratara. Su estilo periodístico -no en vano el autor cumplió funciones informativas durante la magna Asamblea- hace de la lectura de este texto una agradable reposición de las personas y de los escenarios protagonistas del Concilio.

Nadie debe llamarse a engaño. No es un tratado de Historia de la Iglesia contemporánea, en estricto sentido, ni incluso del Concilio Vaticano II, a ejemplo de los que nos tiene acostumbrados, entre otros, el recientemente reseñado en estas páginas de G. Alberigo. Es un libro reportaje por el que fluyen las intervenciones de los padres conciliares en cascada documentada de selección siempre subjetiva. Tiene muchos valores acumulados. Entre otros, su propia participación en el engranaje de la configuración de la opinión pública respecto a los grandes debates teológicos y pastorales. Resulta agradable, a la luz de la historia que fluye a caballo del tiempo, recordar las intervenciones de que, en aquel entonces, teólogos de la talla del hoy cardenal Ratzinger, Rahner, o Congar. La tesis de fondo queda apuntada en el título del libro. La teología centroeuropea y las reuniones de Fulda vencieron sobre lo que el autor denomina las posiciones de la Curia y de los obispos Carli, Sigaud o Lefebvre, entre otros.

Quien esto escribe nació unos años después de la clausura del Concilio. La lectura de este libro ha supuesto el descubrimiento de una historia que, sobre todo, apunta a que lo principal es la conclusión, el final, el aire fresco de la comunión eclesial, que alienta nuestra historia de cristianos.

Un rey santo
Y uno se pregunta: ¿pero la santidad de los reyes no es una cosa del pasado medieval de una sociedad naturalmente cristiana? Pues no, y al ejemplo me remito. El padre José María Salaverri ha escrito una deliciosa biografía, espiritual añadiríamos nosotros, del rey de todos los belgas, con el título: Balduino, de profesión: rey de los belgas, editada por Edibesa. No hace mucho tiempo pudimos saborear el diario espiritual de Balduino. Ahora se completa este perfil con las siempre estimulantes líneas que ayudan a contextualizar el sentido común humano y espiritual de Balduino de Bélgica.

Son muchos los descubrimientos que nos ofrecen estas páginas. La pregunta de fondo puede ser: ¿por qué Baldunio es un modelo de vida cristiana? La respuesta parece sencilla: porque siguió en todo momento su conciencia, bien formada en la espiritualidad de la vida, de los problemas, de los sufrimientos, que los tuvo y muchos ya desde pequeño, y en la sólida creencia de que el servicio es la principal firma de crédito de un monarca.

Nos sirve un ejemplo tomado de las primeras páginas del libro del padre Salaverri. Los belgas querían cada vez más a su pequeño príncipe. En el fondo de su corazón, cada mamá belga había adoptado secretamente al hijo huérfano de la reina Astrid. Los acompañantes en los actos públicos le solían decir al niño Balduino que saludara a su pueblo. Un día, Balduino le dijo a uno de sus acompañantes: Yo quiero ser un niño de los de enfrente.

J. F. S.