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La Nunciatura Apostólica comunica: El Santo Padre ha nombrado Nuncio Apostólico en España
al Excelentísimo y Reverendísimo monseñor Manuel Monteiro de Castro,
actualmente Nuncio Apostólico en Sudáfrica
Su Excelencia monseñor Manuel Monteiro de Castro nació en Santa Eufemia, archidiócesis de Braga, Portugal, el 29 de marzo de 1938. Fue ordenado sacerdote el 9 de julio de 1961, y elegido arzobispo titular de Benevento (antigua Beniata, de la metrópolis de Cartago) el 16 de febrero de 1985, siendo consagrado el 23 de marzo de ese mismo año como Pro-Nuncio Apostólico de Trinidad y Tobago.
Monseñor Monteiro de Castro es licenciado en Derecho Canónico, y entró en el Servicio Diplomático de la Santa Sede en 1967, prestando servicio en las siguientes Representaciones Pontificias: Panamá, Guatemala, Vitnam, Australia, México y Bélgica. En 1981, durante un período de seis meses, colaboró en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Fue nombrado Pro-Nuncio Apostólico en Trinidad y Tobago el 16 de febrero de 1985; en la isla de Granada el 30 de abril de 1985; y en Antiguas y Barbados el 25 de abril de 1987. Posteriormente, el 21 de agosto de 1990, fue nombrado Nuncio Apostólico en El Salvador y Honduras. El 2 de febrero de 1998, fue nombrado Nuncio Apostólico en Sudáfrica, Namibia y Swazilandia, y Nuncio en Lesotho el 7 de febrero del mismo año. Conoce los idiomas italiano, español, inglés, francés y portugués. Desde el 1 de marzo de 2000 es Nuncio Apostólico en España. |
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Hay que votar en conciencia El voto es libre y cada uno tiene que votar lo que le parezca mejor. La Iglesia respeta y apoya la libertad de voto de sus miembros y de todos los ciudadanos. Ocurre que, lo mismo que pedimos a los políticos que actúen moralmente cuando nos gobiernan, nosotros, al votar, hemos de actuar también moralmente. Hay unas consideraciones de tipo general que valen siempre y en cualquier circunstancia: - Hay que tomarse la molestia de votar; la abstención por pereza no es una postura moralmente correcta. - No podemos votar pensando sólo en nosotros mismos. Hay que pensar en los demás, en Navarra y en España entera. - Desde el punto de vista moral, no es lícito apoyar a ninguna persona ni a ninguna institución que directa o indirectamente propugne, apoye o favorezca el ejercicio de la violencia terrorista. Dejando claro este punto, nuestra sociedad es plural, compleja y rica. Los cristianos tenemos que apoyar claramente una política de respeto y convivencia por encima de las diferencias. - Debemos apoyar con nuestro voto a quienes más claramente defiendan y favorezcan una institución tan importante como la familia y que respeten los principios básicos de la moral cristiana. En un Estado de derecho no puede haber libertad para matar a los hijos. - Tendremos que apoyar también a quienes más seriamente favorezcan la posibilidad de una buena educación y de trabajo para todos, la buena distribución de las rentas, la atención a los necesitados, los inmigrantes, los ancianos solitarios, los niños sin familia, los enfermos crónicos y terminales. El voto moral tiene que ser un voto social. Cada uno verá cómo combina mejor estas consideraciones para actuar moralmente en el momento de votar. Dios nos ilumine y nos ayude. Fernando Sebastián Aguilar Ni abstención ni demagogias No cabe duda de que las elecciones democráticas suponen un avance en el camino hacia las libertades legítimas. Por eso, ante las próximas elecciones generales y autonómicas, debemos alegrarnos por la estabilidad de nuestro sistema democrático. Al mismo tiempo, puesto que todos somos responsables de la renovación y del crecimiento de nuestro pueblo, invitamos a cuidar el ejercicio del voto evitando la abstención, la obediencia a campañas demagógicas, la comodidad del voto rutinario, y el posible egoísmo de buscar el apoyo a los propios intereses personales, de grupo o de partido por encima del bien común. A la acción política le corresponde procurar el recto ejercicio de la justicia en todos los campos de la vida social, la construcción y la adecuada atención a todos los ciudadanos, especialmente a los incluidos en las nuevas bolsas de pobreza y marginación. No se alcanza el progreso mientras se permiten injustas diferencias sociales en el acceso a los recursos necesarios, o cuando se pretenden o consienten actuaciones discordantes con los valores fundamentales. Por ello, debemos conceder nuestra confianza a quienes prometan, con mayores garantías, el pleno respeto a la dignidad de toda persona desde su concepción hasta su muerte natural; el respeto a la verdad del matrimonio y de la familia; el acceso de todos al trabajo y a la merecida participación de los bienes que de él se derivan; la salvaguarda de la plena libertad educativa; el decoro en el tratamiento de cuanto se relaciona con la vida, con la fe y con las instituciones fundamentales de los ciudadanos... A quienes manifiestan su vocación e interés por la dedicación al difícil digno arte de la política, les agradecemos la disponibilidad al servicio de la recta ordenación de la convivencia, y les rogamos que la verdad y el respeto mutuo, la búsqueda del bien común y la ecuanimidad presidan las intervenciones durante la campaña electoral, así como las manifestaciones posteriores en el ejercicio del Gobierno y de la oposición. (Nota de los obispos andaluces) |