RetrocesoA&ONº 202/2-III-2000SumarioMundoContinuar
Juan Pablo II sorprende en su peregrinación a Egipto

Los Diez Mandamientos,
único futuro de la familia humana

En la pobreza agreste del desierto, la escena era imponente: debajo de un almendro silvestre en flor, junto
a los imponentes muros de más de doce metros de altura del monasterio de Santa Catalina,
Juan Pablo II lanzó su propuesta para el tercer milenio. En las faldas del Monte Horeb, el mismo
lugar en que Moisés recibió las tablas de la Ley, evocó ese viento que todavía sopla en el Sinaí
--el mensaje de Dios esculpido en los Diez Mandamientos-- y que, hoy como ayer, revela la verdad
del hombre y de su destino
. Verdad que constituye además el punto de encuentro
de los creyentes descendientes de Abraham

Éste es el binomio que resume el viaje internacional a Egipto, el número noventa de este pontificado, que tuvo lugar del 24 al 26 de febrero y que ha sido radicalmente diferente a todos los demás. Constituyó la segunda etapa de su peregrinación por aquellos lugares en los que la presencia de Dios cambió para siempre la historia del hombre. Aquí reveló Dios a Moisés su nombre, Yo soy el que soy, cuando el pueblo de Israel atravesaba el desierto desde Egipto hacia la Tierra Prometida. Juan Pablo II había tenido que afrontar espiritualmente la primera etapa de su gran proyecto en el Vaticano, pues el régimen de Sadam Hussein se encargó con sus manipulaciones políticas de echar por tierra su sueño de visitar la cuna de Abraham, Ur de los Caldeos. La próxima tendrá lugar en la última semana de marzo, cuando llegue a Tierra Santa (Jordania, Israel y Territorios palestinos).

VIAJE DE LA ALIANZA


Alguno ha afirmado que los días que ha pasado el Papa en la tierra de los faraones podrían ser resumidos como el Viaje de la alianza. Y no sólo porque la meta principal era precisamente el Sinaí, el lugar en el que Dios selló su alianza con el pueblo elegido, sino también porque ha dado un empujón decisivo al diálogo con el Islam y con los cristianos de las demás confesiones.

De hecho, nada más llegar, en el momento en el que Egipto daba por primera vez la bienvenida a un obispo de Roma, Juan Pablo II afrontó con claridad su propuesta de diálogo en un país en el que el 94 por ciento de la población es musulmán: Hacer el mal, promover la violencia y los conflictos en nombre de la religión es una contradicción terrible y una gran ofensa contra Dios. Hosni Mubarak se saltó una y otra vez todas las normas del protocolo egipcio para demostrar al Pontífice el entusiasmo que suscitaba su visita.

En un país en el que los cristianos coptos sufren desde hace años episodios de marginación y violencia, fue particularmente emocionante el encuentro entre el Santo Padre y el gran imán de la mezquita y de la Universidad Al-Azhar, Mohammed Sayed Tantawi. Se trata de la máxima autoridad del Islam sunní. Un hombre con el que el Vaticano ya tiene relación desde hace años, pues con él se ha creado una Comisión mixta copresidida por el Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso. Fueron particularmente significativas las afirmaciones de Tantawi sobre el valor de la tolerancia en el Islam y su propuesta de colaboración entre los creyentes de las religiones para favorecer la paz y la comprensión entre los hombres. Una auténtica esperanza para todos aquellos que piensan que los grandes conflictos del futuro tendrán lugar entre el Islam y Occidente.

DIALOGO ECUMENICO

No menos importante es el impulso que ha dado este viaje al diálogo entre los cristianos separados en diferentes confesiones. Los seis millones de discípulos de Cristo de ese país no son sólo descendientes directos de los faraones, sino que también conservan la tradición de la que fue primera tierra cristiana de la Historia, y cuna del monaquismo. Desde el Concilio de Calcedonia (siglo V) estos ortodoxos-coptos (la gran mayoría de los cristianos del país) se encuentran separados de Roma por malentendidos teológicos que, curiosamente, fueron superados durante el pontificado de Pablo VI. Ahora bien, las heridas de todos estos siglos permanecen. El Papa Shenouda III, Patriarca ortodoxo de los coptos, se presentó muy distante en un primer momento. No quiso ir al aeropuerto a dar la bienvenida del Papa, y en su primer encuentro personal daba una cierta impresión de intransigencia. Sin embargo, en el segundo día de la visita papal su actitud cambió radicalmente. Según alguien que le conoce muy bien, el gran intelectual copto Melad Hanna, de 75 años, en 24 horas dio un salto del siglo IV al siglo XXI: Supo acoger el extraordinario mensaje de reconciliación y de amistad que le ofrecía Juan Pablo II. También Shenouda III ha experimentado el extraordinario carisma y la voluntad de hierro de un líder religioso verdaderamente mágico.

El obispo de Roma, en el encuentro con los líderes cristianos de Egipto, puso en el tapete del actual diálogo ecuménico el tema del ejercicio concreto del Primado del Papa con estas palabras: Por lo que se refiere al ministerio del obispo de Roma, pido al Espíritu Santo que nos dé su luz, iluminando a todos los pastores y teólogos de nuestra Iglesias, para que podamos buscar juntos las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de amor reconocido entre unos y otros.

Al final de esta visita, Melad Hanna, el intelectual copto, ha ido muy lejos en sus comentarios: Si Dios da salud al Papa durante otros cuatro o cinco años, logrará reconciliar a los cristianos de Oriente con los de Occidente; será el catalizador del diálogo entre cristianos y musulmanes; con su autoridad moral contribuirá a solucionar el problema dramático del futuro de Jerusalén.

UNA IGLESIA EN MINORIA


Pero si hay alguien que no olvidará este fin de semana, éstos serán los 200 mil católicos de Egipto. De todos los rincones del país, desde el Delta del Nilo hasta el Alto Egipto, se dieron cita el viernes para participar en la primera misa que tenía lugar en la historia de esas tierras fuera de una iglesia -se celebró en el Palacio de los Deportes de El Cairo, y los gastos los asumió totalmente el Gobierno egipcio-. Entre ellos se encontraban también los cristianos sudaneses refugiados en Egipto a causa la política de islamización impuesta por el régimen de Jartum.

EL MENSAJE DEL SINAI


En este contexto, se entiende mejor el mensaje que el Papa ofreció en su etapa central de la visita a Egipto, la visita al Monte Sinaí. El peregrino tras las huellas de Dios vino para ofrecer un mensaje al hombre del tercer milenio. Aquí, en el monte de los Mandamientos, custodiado desde los primeros siglos por ese monasterio greco-ortodoxo, Juan Pablo II afirmó que las tablas de la Ley entregadas a Moisés no son una imposición arbitraria de un Dios tirano. Fueron escritas en piedra, pero antes, habían sido escritas en el corazón de los hombres como la ley moral universal, válida para todo tiempo y lugar. Hoy al igual que siempre, las Diez Palabras de la Ley ofrecen la única base auténtica para la vida de los hombres, de las sociedades y de las naciones.

Hoy al igual que siempre, son el único futuro de la familia humana -añadió-. Salvan al hombre de su destructiva fuerza del egoísmo, del odio y de la mentira. Ponen de manifiesto todos esos falsos dioses que le esclavizan: el amor propio hasta la exclusión de Dios, la avidez de poder y de placer que trastoca el orden de la justicia y degrada nuestra dignidad humana y la de nuestro prójimo.

Poco antes de que Juan Pablo II despegara de El Cairo, el almuecín llamaba a la oración de la tarde a los fieles musulmanes. Desde el pasado sábado, la capital egipcia no queda tan lejos de Roma: prejuicios y malentendidos han comenzado a disiparse. Se entienden así las palabras de Joaquín Navarro-Valls, Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, quien constataba la extraordinaria emoción del Papa, que ha logrado finalmente visitar uno de los lugares en los que Dios se manifestó.

Jesús Colina. Roma


 Instantáneas del Papa en Egipto:
* Nada más llegar, en el aeropuerto internacional de El Cairo: Hacer el mal, promover la violencia y los conflictos en nombre de la religión es una contradicción terrible y una gran ofensa contra Dios.

* En su encuentro con el gran imán Mohammed Sayed Tantawi: Estoy convencido de que el futuro del mundo depende de las diferentes culturas y del diálogo entre las religiones.

* Palabras a los líderes de las Iglesias cristianas de Egipto: Invito a todos los responsables eclesiales, a sus teólogos, a instaurar un diálogo fraterno, paciente, en el que podamos escucharnos más allá de estériles polémicas, teniendo únicamente en la mente la voluntad de Cristo para su Iglesia.

* Juan Pablo II al Patriarca copto-ortodoxo: Deseo agradecer al Papa Shenouda por las conmovedoras palabras que me ha dirigido. Comparto las esperanzas que ha expresado y deseo corresponderle diciendo "también nosotros os amamos".