RetrocesoA&ONº 202/2-III-2000SumarioRaícesContinuar
Edith Stein y su alianza
con la Cruz

Entretejió su vida con las telas de la verdad, del bien y de la bondad. Los tapices de su pensamiento cubrieron el velo de su sacrificio en el campo de concentración de Auschwitz. Colores de la Scientia Crucis. Sólo se llega a poseer una ciencia de la Cruz cuando se experimenta la Cruz hasta el final. De eso estaba convencida desde el primer instante de su sí a la vocación cristiana y a la vocación teresiana. En una de sus meditaciones escribió: El sufrimiento humano recibe fuerza expiatoria sólo si está unido al sufrimeinto de la cabeza divina. Sufrir y ser felices en el sufrimiento, estar en la tierra y, con todo, reinar con Cristo a la derecha del Padre; con los hijos de este mundo reír y llorar y con los coros de los ángeles cantar ininterrumpidamente alabanzas a Dios; ésta es la vida del cristiano hasta el día en que rompa el alba de la eternidad.

El hombre, fenómeno de más de una apariencia, construye su memoria con las imágenes de su pasado, representaciones de mucho más que una pasión inútil. Sólo la memoria se hace vida, como en las fotografías que dan sentido a este arco iris de júbilo y de acción de gracias por santa Teresa Benedicta de la Cruz.

En 1931, Edith Stein pronunció en Viena un discurso sobre Isabel de Turingia, en el que se preguntaba: ¿Por qué nuestra época es tan amiga de las celebraciones conmemorativas, casi diríamos "adicta" a ellas? ¿Acaso por la gravosa carga de los problemas, que despierta el deseo de sustraerse una y otra vez por un instante a la atmósfera gris y sofocante del presente y calentarse al sol de mejores tiempos? Semejante evasión del presente sería una infructuosa manera de celebrar la conmemoración; pero debemos admitir que un deseo más profundo y saludable, aun cuando no claramente consciente de sí mismo, dirige su mirada al pasado. Una generación empobrecida en el espíritu y sedienta de él se vuelve doquiera que el espíritu fluye en plenitud para beber en él. Y éste sí es un saludable ejercicio. Porque el espíritu está vivo y no muerto. Dondequiera que ha actuado y ha configurado la vida de los hombres y las imágenes de manos humanas, no deja tras de sí únicamente monumentos muertos sino que conduce a una existencia misteriosa, como un rescoldo oculto y bien protegido que se aviva, resplandece y arde, tan pronto como una ráfaga vivificadora lo recorre.

Había auscultado la realidad con su pensamiento; había creado un sistema de cercanía a lo próximo y lo lejano, más allá de prejuicios y de predisposiciones. Se había volcado en el Misterio de las preguntas fundamentales sobre Dios, el mundo y el hombre. Al final, que es el principio de su método, su pensamiento se transmutó en obediencia, en pasión por la verdad que, escondiéndose en el Misterio de Dios, se vuelve luz sobre toda luz, luz imperecedera. Cuando entró en la casa blanca del campo de concentración de miserias humanas, su mirada interior se cruzó con los ojos de Cristo y recordó aquellas palabras que un día había escrito: Los ojos del Crucificado te están observando, interrogándote y poniéndote a prueba. ¿Quieres sellar de nuevo y con toda seriedad la alianza con el Crucificado?¿Cuál será tu respuesta? "¿Señor, adónde iremos? Tú sólo tienes palabras de vida eterna".

José Francisco Serrano

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