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Asistimos perplejos al lamentable espectáculo de la confrontación política: mutuas descalificaciones, agresiones verbales, mentiras políticas. Para mantenerse en el poder o para conquistar el poder nuestros políticos mienten descaradamente. Ocultan la verdad, niegan la verdad, disfrazan la verdad. La mentira se ha convertido en arma normal de estrategia política. Es el afán de los políticos por apoderarse de las conciencias de los ciudadanos. Todo vale si da votos, si humilla al adversario, si domina la opinión pública.Cada día nos sorprende la prensa, pero ya nada nos asusta. Hemos sobrepasado con mucho los límites del estupor y de la sorpresa. Terminaremos por hacernos insensibles, si nuestra sociedad se desarma moralmente. Dudas. Confusión. Desconfianza. Todo acabará en indiferencia, resignación, silencio. Lo más cómodo será dejar pasar. Pocos se rebelan ya contra el cinismo de tantos políticos que imponen sus ideologías, manipulan las conciencias, hipotecan la libertad. ¿Nos resignaremos a semejante indignidad? Nada hay más antidemocrático ni más inmoral. El deber, tanto de los políticos como de los ciudadanos, consiste en esforzarse por acelerar el rearme moral de la vida pública para no ceder ante el cinismo y el juego sucio de la propaganda. No aceptaremos el argumento de muchos de que la política nada tiene que ver con la moral, porque en todo comportamiento humano hay un aspecto ético. Para que la política sea ética, tiene que respetar los valores fundamentales del hombre; y la forma concreta de realizar esos valores depende de las posibilidades reales en cada momento histórico. |
| Sin embargo, la ética política no puede reducirse a la ética de la eficacia, al éxito de resultados prácticos; no es puro pragmatismo. La ética de resultados sólo atiende a la conquista del poder. Se considera que todo vale, como en una acción de guerra: la presión, el engaño, la mentira, la intriga, el soborno, las amenazas, la violencia. Por todos los medios se intenta manipular las conciencias de los ciudadanos para remover pasiones que favorezcan los propios intereses. Ciertas técnicas de propaganda son verdaderos lavados de cerebro.
REGENERACION ETICA
Hay que aprovecharse de las técnicas de propaganda para defender las propias ideas, para dar a conocer los propios programas y luchar por las propias opiniones políticas. La clave está en la honradez de su uso. Esta honradez excluye el intento de imponerlas. Sería una falta de respeto a la libertad de las personas que forman la sociedad. El respeto a los ideales éticos de las personas y la plena garantía de sus derechos son otra base de convivencia y seguridad democrática. Se deben respetar también los propios sentimientos que tienen incluso un gran valor ético y emotivo. La ética política es una combinación equilibrada de resultados, ideales y sentimientos con sentido de responsabilidad moral. El político reconoce los ideales no en absoluto, sino en concreto, aunque no sean de aplicación inmediata. Son la meta hacia la que se dirige la acción política, aunque sabe que nunca podrán ser realizados plenamente. En la determinación de las estrategias y de las tácticas se guía por la ética de los resultados, pero siempre con un horizonte de moral ideal. La conciencia pone límites a la eficacia. Hay medios que quedan excluidos. No acepta resultados que suponen la aniquilación de las personas. La educación y formación de las conciencias de los ciudadanos es la esencia de la democracia. Cada uno de los ciudadanos interviene, en condiciones de igualdad, en las decisiones últimas del poder: aquí estriba la grandeza y la miseria de la democracia. El ciudadano debe actuar en conciencia, aun a riesgo de equivocarse. Tiene el derecho al error, siempre que queden a salvo su independencia y la libertad de su propia conciencia. La madurez de una sociedad democrática progresa en la medida en que los ciudadanos se van haciendo cada vez más capaces de comprender, valorar y elegir en conciencia entre las distintas opciones políticas, realistas y morales, dentro de los límites constitucionales del Estado de derecho. Es hora de hacer un esfuerzo supremo por la regeneración política: los medios de comunicación y los formadores de opinión, informando con honradez sin miedo a la verdad; las instituciones culturales y los educadores de la juventud, promoviendo con honradez los valores humanos sin trampas ni espejismos de libertinaje; los jueces y las autoridades espirituales, defendiendo con honradez los bienes jurídicos y morales sin ambigüedad ni servidumbres sospechosas. Actuando en conciencia todos podemos contribuir a la regeneración moral de nuestra democracia. Contra la corrupción y el cinismo no valen sofismas ni pretextos. Cada vez será más difícil resistir a la mentira y al engaño. Estamos demasiado comprometidos para permanecer fieles a nuestra propia conciencia, pero no hay otro camino para la regeneración de la ética política. Luciano Pereña |