RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Monseñor Sgreccia, Vicepresidente de la Academia Pontificia para
las Ciencias:
"La patente para clonar
embriones humanos
no fue un error"
La Unión Europea ha admitido una patente que permite clonar seres humanos. Lo que hasta ahora no era más que ciencia ficción se ha convertido en realidad: la Oficina Europea de Patentes, con sede en Múnich, registró en diciembre pasado, por primera vez en el mundo, una patente que permite la modificación genética de células humanas.

Se ha sabido, gracias a revelaciones de la asociación ecologista Greenpeace y por el Financial Times Deutschland (versión alemana del periódico financiero londinense) que el pasado 8 de diciembre la Universidad de Edimburgo registró una patente para la extracción de células de embriones humanos con el objetivo de modificar sus estructuras genéticas y construir, a partir de las manipulaciones, determinados organismos.

En pocas palabras, la patente permite y garantiza los derechos comerciales de la experimentación genética con células de embriones humanos, y por tanto podría utilizarse con los más variados e incontrolables objetivos. En un primer momento, parecería que la patente está destinada a la producción de órganos humanos para los trasplantes, pero si se interpreta de manera algo más laxa, el registro podría permitir la producción de embriones genéticamente modificados. En definitiva, el hombre creado en laboratorio, purificado de los genes considerados negativos por algún científico de una empresa farmacéutica.

POSIBLES CONSECUENCIAS

El director de Biotecnología de la Oficina de Patentes, Christian Gugerell, ha respondido de manera improvisada a estas revelaciones afirmando que se ha producido un error. Aquí se ha cometido una grave equivocación. Cuando se inscribió la patente, no se excluyeron a los seres humanos. No es tan habitual incluir esta excepción, señaló el responsable de la Oficina.

Según Greenpeace la gran beneficiada de esta patente podría ser Stem Cell Sciences, una agencia australiana que tiene un contrato exclusivo con la Universidad de Edimburgo y que se ha especializado desde hace tiempo en el cultivo de células humanas en laboratorio. La empresa colabora, según estas fuentes, con la firma estadounidense de este sector, la Bio Transplant.

Greenpeace ha afirmado que denunciará a los tribunales competentes a los responsables del registro, pues Alemania prohíbe la manipulación de genes humanos y las directrices de la Unión Europea tampoco permiten patentar embriones humanos con fines comerciales, ni la reproducción humana por medio de clonación.

AUTENTICO DESCONTROL


No es un error. No creo que sea un error —ha respondido al recibir la noticia monseñor Elio Sgreccia, Vicepresidente de la Academia Pontificia para las Ciencias—. Desde hace algún tiempo asistimos a un auténtico descontrol en este sentido.

Monseñor Sgreccia, también director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de Roma, recuerda al diario italiano católico Avvenire que no se trata de un hecho aislado. En Inglaterra dio el primer paso la Comisión Warnock, al afirmar que el embrión humano no es un individuo y, por tanto, que no tiene los derechos propios del hombre. Este presupuesto ha dado la vía libre a la experimentación con embriones humanos, a su congelación y a su destrucción en formas de fecundación artificial que prevén su "desperdicio", explica el experto en bioética. El segundo paso, añade, tuvo lugar justo después del experimento que permitió la clonación de la famosa oveja Dolly. Numerosos centros de investigación, sobre todo en Inglaterra, han proclamado que podría admitirse también la clonación humana. Pues bien —concluye Sgreccia—, el tercer paso es el registro de la patente. Con este paso, el ser humano se convierte en propiedad de quien ha registrado la patente.

Se trata de un comercio, una esclavitud, como ha denunciado recientemente el laico Ernesto Galli Della Loggia, en Il Corriere della Sera. Una utilización del ser humano como sucedía en los campos de concentración nazis o con la trata de esclavos. Ahora espero que, tras haber alcanzado el nivel más bajo de deshumanización, se presente una denuncia ante cualquier Tribunal y ante cualquier sede para cancelar esta vergüenza.

Por lo que se refiere a la Oficina Europea de Patentes, el Vicepresidente de la Academia fundada por Juan Pablo II para defender los derechos fundamentales del hombre, considera que es envilecedor que un Organismo internacional se refugie detrás de un error, como un niño de escuela. Es algo de una gravedad máxima. Por otra parte, me parece una excusa miserable. Si ha habido un error, es porque han querido cometerlo. No creo que se trate de un despiste, sino de un error que sólo se ha reconocido cuando se ha dado la reacción de la opinión pública. Hay que pedir cuentas a los responsables con la máxima severidad.

Avvenire-Alfa y Omega