RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Cine:
American ¿beauty?
Se acerca el momento en que la Academia de Hollywood decidirá si American beauty es la gran
triunfadora del año como parecen pronosticar todos los sondeos. Un film duro y fuerte y que, sin
embargo, permite acercamientos sumamente interesantes

No nos engañemos: American beauty ha dividido la opinión de los católicos. Con ocho nominaciones a los Oscar, es una película que se presta fundamentalmente a dos interpretaciones. De una, se deriva una lectura nihilista, cínica y deseperanzada. De la otra, se deduce una positividad última y una afirmación incondicional del sentido de la vida. Paradójico, ¿no es cierto? La lectura mayoritaria es la primera, pero pienso que tanto el contenido objetivo del film como las declaraciones de sus creadores avalan la segunda.

Realizada por uno de los directores teatrales más importantes del mundo anglosajón, Sam Mendes, y por el guionista Alan Ball, también dramaturgo, American beauty cuenta la historia de Lester, un hombre que está hastiado de la vaciedad de su vida, el formalismo de su matrimonio, la hipocresía de su trabajo, la incomunicación con su familia..., y decide rebelarse. Comienza entonces a seducir a las amigas de su hija, a escandalizar en el trabajo para que le despidan, se entrega al onanismo más desinhibido y a la droga más selecta. Cuando llega a lo más bajo y degradado, conoce a un vecino especial. Es un chico que convive con un estereotipado padre —coronel de marines— que representa lo más fascista del americanismo. Este chaval, que vive del tráfico de estupefacientes, tiene una hipotésis para vivir: la realidad es bella y positiva aun en sus manifestaciones más deleznables: Dios nos sonríe desde lo más miserable, llega a afirmar ante la muerte de un mendigo en la calle. Esta posición sutil —pero contundente y repetida en el film— convierte una película que podía asemejarse a la nihilista El muro de Alan Parker en una reivindicación del valor de la vida, a pesar de los adjetivos que podamos añadirle. Declara el guionista y coproductor: Se puede encontrar la belleza verdadera donde uno menos se lo espera.

American beauty viene a decir: la primera asignatura de la vida es reconocer el regalo de la realidad. Cuando no se hace esto, se genera una sociedad hipócrita y formalista, mentirosa y banal —como la occidental, no sólo la americana—. Lester —afirma Kevin Spacey de su personaje— es el típico hombre que tiene ciertas ideas sobre la clase de vida que quiere llevar, pero que ha visto cómo se evaporaban por el camino. Se da cuenta de que su vida está lejos de lo que él siente y anhela. Se enfrenta a algo que llevaba mucho tiempo dormido en él. No es la crisis de la madurez, sino que se trata de renacer: reconocer lo preciosa que es la vida aunque sea demasiado tarde. Este personaje advierte al final de la película que lo más probable es que el público no entienda el sentido del film, pero manifiesta el deseo de que algún día lo comprenda.

Probablemente, si vamos a ver American beauty con este criterio experimentaremos la esperanza que nace en medio de la destrucción, y estaremos agradecidos. Si optamos por mantener la otra hipótesis, sinceramente, es arriesgado ir a verla. En cualquier caso, es interesante que una película americana provoque nuestra razón y nuestra libertad, y nos obligue a hacer un juicio de fondo. Aprovechemos la oportunidad.

Juan Orellana