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Realizará una gran labor
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He tenido la suerte, o mejor dicho la gracia, de poder trabajar codo a codo con monseñor Monteiro de Castro durante cinco meses como secretario de la Nunciatura Apostólica en Sudáfrica. Quisiera simplemente destacar algunas cualidades que he podido descubrir en él en este tiempo de estrecha convivencia y colaboración.
Una primera cualidad es su gran capacidad de acogida. Desde el primer momento en que vino a buscarme al aeropuerto de Johannesburgo he encontrado en él una persona cercana e interesada por mi bien. Me ha hecho sentirme acogido, apreciado. En la primera carta que le escribí desde Nicaragua (mi anterior destino), al saber que iría a trabajar con él, le expresé mi deseo de encontrar en él un padre y un maestro y así ha sido. De él en seguida llama la atención la afabilidad y la simpatía; es una persona alegre de un trato y compañía sumamente agradables. Su alegría, su simpatía y su bondad nacen de un corazón lleno del Señor. Es un hombre de una profunda vida de oración. Desde primeras horas de la mañana se le puede ver todos los días en la capilla rezando antes de celebrar la Eucaristía. Cada vez que sale o entra en la Nunciatura, lo primero que hace es ir a visitar al Santísimo. Es manifiesto también su gran amor a la Virgen María. Un hombre de profundo amor a la Iglesia y, muy en concreto no podía ser de otra manera, de un cariño especial al Santo Padre, del que habla continuamente. Es un verdadero pastor. Muchas veces le he acompañado a diversas celebraciones: confirmaciones, fiestas parroquiales, celebraciones para el Jubileo, encuentros de sacerdotes y he podido apreciar su gran solicitud pastoral y su cercanía a la gente. También es un fino diplomático. Debido a su gran experiencia de muchos años de servicio diplomático he podido enriquecerme con sus juicios y valoraciones acerca de la realidad nacional e internacional. Ha sabido mantener buenas relaciones con los Gobiernos y autoridades de los países donde ha estado acreditado y con los Embajadores, sabiendo decir siempre una palabra constructiva para la búsqueda del bien de todos. Por mencionar sólo un ejemplo, recuerdo durante una de las frecuentes recepciones una conversación suya muy interesante con el Embajador de China acerca de la actividad del Papa y la promoción y el respeto de los derechos humanos. Es un hombre conciliador y amante y promotor de la cultura de la paz y de la solidaridad y ha sido bien considerado y apreciado por todos. Hay quien tiene la rara habilidad de fijarse sobre todo en lo negativo. Él es todo lo contrario. Estoy convencido de que realizará una gran labor como Nuncio Apostólico en España. Alberto Ortega |