La homogeneidad (que nunca ha existido, pero que a veces se ha hecho como si existiese) empobrece la educación integral, aquella que es capaz de apreciar lo que nos aportan otras visiones de la vida y de ser crítica (no sólo con los otros, que es demasiado fácil, sino con los modos propios de pensar).
Los proyectos educativos de los centros católicos de FERE-Madrid propugnan no sólo la tolerancia, que es un valor necesario, pero estático, sino la presencia valorativa y crítica. Todos solemos entender que nuestra verdad es la mejor, pero a los alumnos hay que enseñarles a pensar para que también sean críticos de su propia verdad.
Las instituciones religiosas que regentan los centros de FERE-Madrid nacieron para atender las necesidades educativas de los más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Ese objetivo sigue siendo válido hoy:una educación de calidad que comienza por atender a todos los alumnos desde su propia realidad personal, cultural, escolar, familiar, religiosa, etc.
A veces esta respuesta no es fácil de dar. El mundo evoluciona muy rápidamente, el profesorado tiene que adaptarse y formarse para realidades cambiantes, y esto plantea un reto.
El incremento de alumnos de las minorías gitana e inmigrante, particularmente de esta última, que hay en los centros católicos de Madrid no es una casualidad. Es consecuencia del decidido empeño de las instituciones religiosas por ofrecer a todas las familias que escojan la escuela católica una educación integral, de calidad e integradora de todos los alumnos. A veces este esfuerzo se hace con un déficit de medios, que permanentemente se reclaman a la Administración Educativa: concertación de la educación infantil, profesorado de apoyo, equipos psicopedagógicos, medios materiales, etc.
Educar se ha convertido en una tarea progresivamente más difícil, porque nuestra sociedad es cambiante y compleja; ahí está el reto al que todas las mañanas se enfrentan miles de docentes en las aulas.