RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioIglesia en MadridContinuar
La escuela católica, comprometida con las minorías

Educar a todos, y bien
La presencia de gitanos e inmigrantes se ha disparado en los centros concertados madrileños: de 6.700 y 10.500 respectivamente, hace 4 años, a 7.400 y 24.500, hoy. De ellos, entre el 75 y el 80% han optado por centros católicos, con datos de absentismo, además, muy por debajo del promedio. La Federación Española de Religiosos de Enseñanza (FERE) esgrime estos datos para refutar la demagogia de quienes siempre han querido vender la idea de que la escuela concertada es segregadora, que margina a las minorías sociales y culturales

España en general, y la Comunidad de Madrid en particular, ha pasado de ser una región tradicionalmente emigrante, a ser receptor de emigrantes. Este dato de realidad hace que la perspectiva de la escuela cambie; partiendo de la teórica homogeneidad de otras épocas, hemos llegado a un punto en el cual la institución escolar debe estar preparada para educar a alumnos de diversas procedencias, con variados orígenes culturales y lingüísticos y, sobre todo, con diferentes expectativas de lo que debe ser la escuela. La realidad multicultural es un fenómeno que hasta hace muy pocas fechas veíamos como un tema que afectaba a otros países. La de ahora es una situación que se da en nuestro país y que además va a ir en aumento. En el futuro, los inmigrantes van a representar un porcentaje mayor de población, porque los países desarrollados necesitamos de los trabajadores que vienen del Sur para poder mantener nuestro nivel de desarrollo.

Este cambio de escenario educativo exige al profesado un cambio en el modo de educar, cuyo objetivo último es dar respuesta a la pluralidad de alumnos. El modelo de educación intercultural, que desde los centros FERE-Madrid se está desarrollando, propugna la valoración de todas las culturas y, a la vez, una visión crítica sobre los valores de todas las culturas y sociedades.Urge reconocer que los inmigrantes que vienen nos enriquecen con sus aportaciones.

La homogeneidad (que nunca ha existido, pero que a veces se ha hecho como si existiese) empobrece la educación integral, aquella que es capaz de apreciar lo que nos aportan otras visiones de la vida y de ser crítica (no sólo con los otros, que es demasiado fácil, sino con los modos propios de pensar).

Los proyectos educativos de los centros católicos de FERE-Madrid propugnan no sólo la tolerancia, que es un valor necesario, pero estático, sino la presencia valorativa y crítica. Todos solemos entender que nuestra verdad es la mejor, pero a los alumnos hay que enseñarles a pensar para que también sean críticos de su propia verdad.

Las instituciones religiosas que regentan los centros de FERE-Madrid nacieron para atender las necesidades educativas de los más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Ese objetivo sigue siendo válido hoy:una educación de calidad que comienza por atender a todos los alumnos desde su propia realidad personal, cultural, escolar, familiar, religiosa, etc.

A veces esta respuesta no es fácil de dar. El mundo evoluciona muy rápidamente, el profesorado tiene que adaptarse y formarse para realidades cambiantes, y esto plantea un reto.

El incremento de alumnos de las minorías gitana e inmigrante, particularmente de esta última, que hay en los centros católicos de Madrid no es una casualidad. Es consecuencia del decidido empeño de las instituciones religiosas por ofrecer a todas las familias que escojan la escuela católica una educación integral, de calidad e integradora de todos los alumnos. A veces este esfuerzo se hace con un déficit de medios, que permanentemente se reclaman a la Administración Educativa: concertación de la educación infantil, profesorado de apoyo, equipos psicopedagógicos, medios materiales, etc.

Educar se ha convertido en una tarea progresivamente más difícil, porque nuestra sociedad es cambiante y compleja; ahí está el reto al que todas las mañanas se enfrentan miles de docentes en las aulas.

José Ignacio Peña Delgado