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La permanente tragedia de
África


| Una vez más ha sido el Papa Juan Pablo II quien ha lanzado al mundo, cuando ni las Naciones Unidas, ni los Estados Unidos, ni la Europa unida, se habían querido dar cuenta, el S.O.S. y la voz de alarma: ahora ha sido en Nigeria, ese inmenso país con unos 120 millones de habitantes, y en Mozambique; aquí por la pavorosa desolación y tragedia provocada por los elementos de la naturaleza desatada; en Nigeria, más lamentablemente todavía por la violencia desatada de los seres humanos, y en esta ocasión lo que es más grave y preocupante por el estallido incontrolado del odio interétnico e interreligioso. Son más de mil los muertos a causa de esta brutal violencia. El sangriento enfrentamiento entre musulmanes y cristianos se produjo sobre todo en la ciudad de Kaduna, de clara mayoría cristiana (en la foto inferior, unos nigerianos tratan de contener el incendio de su casa). Como telón de fondo, el proyecto de islamización del Estado, en contra de la Constitución Federal del país. El Gobierno ha tenido que retirar la imposición de la ley islámica, la Sharia, que impone escuelas y transporte público separado para mujeres y varones. La Iglesia católica reafirma la Constitución que no tolera discriminaciones.
La guerra, latente o con estallidos imprevistos como éstos, sigue siendo la gran tragedia permanente del continente negro. Ahí sigue el problema de la persecución a los cristianos en Sudán (en las otras dos fotos, un grupo de ellos y el cráter causado por un bomba) |