RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioMundoContinuar
Palestina
Mujer y paz
Claudette Habesch, palestina, fue refugiada de niña, en 1948. Hoy es Vicepresidenta de Cáritas
Internacional (la primera mujer que accede a este puesto), Presidenta de Cáritas para la Región
de Oriente Medio y Norte de África, y Secretaria General de Cáritas Jerusalén, aunque afirma
que su primera ocupación es la de esposa y madre de sus tres hijos. Habla para Alfa y Omega
durante el encuentro internacional sobre Globalización, Mujer y Desarrollo, organizado
por el Instituto de la Mujer y la Fundación Promoción Social de la Cultura
¿Cuál es el papel de la mujer en el proceso de paz de Oriente Medio?

En el origen, las mujeres empezaron el proceso. Las mujeres palestinas han sido muy activas en este campo. Hubo una delegación oficial de las mujeres en el proceso de paz. Muchas otras han sido importantes en este proceso, tanto palestinas como israelíes. En 1996 los palestinos celebraron las elecciones democráticas, y se eligieron 86 miembros, de los que 5 son mujeres. Es poco, pero comparado con el resto de la región, ¿cuántas mujeres hay en los Parlamentos?

Resulta extraño ese protagonismo de la mujer, precisamente, en una región musulmana.

Hoy Palestina no es un país musulmán. Es cierto que el 97% de los palestinos es musulmán, pero nosotros aspiramos a construir un Estado secular laico no confesional. Nuestro ministro de Asuntos Sociales es una mujer. Incluso en 1993, cuando se firmó la declaración de principios conocida como el Acuerdo de Oslo, el movimiento de las mujeres empezó a trabajar abierta y fuertemente a pesar de seguir siendo Palestina un país ocupado. La mujer ha sido fundamental en el proceso de paz a todos los niveles, político, social o económico. Hay muchos grupos femeninos trabajando hoy en educación, desarrollo de la mujer, educación para la paz, sociedad civil y derechos políticos..., en un programa continuo de educación de la mujer. Hay muchas mujeres bien organizadas: hablan públicamente, organizan manifestaciones en las calles, apoyan causas... Las mujeres creemos en la paz, ¡queremos creer, tenemos que creer! ¡Tenemos que sobrevivir y asegurar el futuro a nuestros hijos y nietos! Hay organizaciones de mujeres palestinas e israelíes que trabajan juntas.

¿Cuáles son los objetivos principales de Cáritas Oriente Medio?

Cáritas, sea de Oriente Medio o de cualquier otra parte del mundo —hay 134 Cáritas operando en 198 países—, es la voz de los que no tienen voz. Ése es el mensaje que queremos que perdure. Hemos elegido la opción por los pobres, y pobres no son sólo los que no tienen dinero, sino que es un concepto más amplio. Ése es el objetivo global, pero en cada lugar hay que responder a las necesidades concretas de la gente. Tenemos libertad para decidir nuestros programas. Hoy estamos muy interesados en el intercambio de ideas, experiencias y proyectos entre los países del Sur; tenemos mucho en común, y queremos construir y aprender sobre esas experiencias.

La región a su cargo llega hasta el norte de África. ¿Cuál es la situación de la Iglesia allí?

No soy la persona más indicada para responder a esta pregunta. Tendría usted que preguntar a los obispos y al clero de allí. Pero todos sabemos que la Iglesia allí está expatriada, porque los habitantes de esos países no son cristianos. Pero hay muchos cristianos que decidieron quedarse después del fin del colonialismo, o que están allí por trabajo. Por tanto, la Iglesia allí existe. Es el caso de Túnez, a cuyo obispo he visitado, y allí la Iglesia es respetada por el Gobierno y el pueblo tunecino. En Mauritania, por ejemplo, tenemos una importante sede de Cáritas, en la que trabajan 80 personas, aunque se trate de un país cien por cien musulmán. No servimos sólo a los cristianos sino a todo ser humano necesitado. Nuestras constituciones están basadas en el Evangelio. Es la historia del buen samaritano. No podemos evangelizar directamente, aunque sí existe libertad de culto. La misión de Cáritas no es la evangelización explícita, sino la caridad.

¿Cómo le ha ayudado su fe en este camino?

Si no fuera cristiana y no hubiese tenido una fe fuerte, no habría podido sobrevivir a todas estas circunstancias. Por mi fe, trabajo en Cáritas, desde hace 14 años, como voluntaria. Si creo en el ser humano es sólo gracias a mi fe. He sufrido mucho. Y mis hijos han sufrido. Mi gente ha sufrido. Hoy, aún hay 5.000 palestinos prisioneros. Pero mi fe me permite controlar mis reacciones. No es fácil ser un buen cristiano. Si el Evangelio te dice que al que te golpee en una mejilla tienes que ofrecerle la otra, es muy difícil. Si no fuera por mi fe, yo guardaría resentimiento en mi corazón. Voy a confiarle algo(se emociona hasta el punto de llorar): Mi hijo mayor tenía 7 años, y por la difícil situación del país yo le llevaba en coche al colegio. Pasamos una vez ante un hotel palestino ocupado por militares israelíes. Mi hijo me dijo: Cuando sea mayor, cogeré un arma y vendré a matar a los soldados. Y yo le pregunté: ¿Por qué quieres hacer esto? Él me dijo: ¿No sabes lo que ha pasado hoy? —No, ¿qué ha pasado?Un amigo mío de siete años, como yo, pasó hoy por aquí delante, vio una bolsa en el suelo, la cogió y dentro había una bomba. Ha muerto. Tuve que explicarle: Mira, tú ves a un hombre que lleva un arma. Pero ¿sabes que también tiene una mamá? Si lo matas, una mamá llorará. Lo más difícil para mí ha sido criar a mis hijos en una situación de violencia sin que guarden rencor en su corazón.

Inma Álvarez