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Uno de los campos de acción social más desatendidos en Europa, y especialmente en España, es el de los sin techo. Desde hace más de un año Cáritas España, junto con parroquias, Ayuntamientos, etc. trabaja en un informe sobre la acción social, estudiando cerca de un 60 % de los centros con personas sin hogar. El informe desde hace 15 años no se hacía en nuestro país uno de estas características versa sobre las respuestas que los españoles damos a esta lacra de nuestra sociedad. Aunque se hará público dentro de un mes, Esperanza Linares, responsable de Cáritas España de los sin techo, adelanta algunos datos.
Sin duda, la causa principal es el hecho de que no hay una vivienda accesible para todos, y en especial, para aquellos que más la necesitan. El desempleo es otro de los factores que influyen a la hora de que estas personas no consigan, al menos, dónde cobijarse para dormir. No tienen una cobertura suficiente, van de una ciudad a otra, y no siempre allí adonde llegan encuentran ese trabajo tan anhelado, dice. Otros sectores de población, con más riesgos de verse abocados a este mal, son las personas con problemas de adicción a los tóxicos o al alcohol, los ludópatas, o aquellos con problemas de salud mental. |
| 275.000 EN ESPAÑA
Esperanza Linares reconoce el avance producido tras la Ley de Sanidad, ya que ésta ve mucho más conveniente que la atención del enfermo mental se realice en su entorno familiar y de su comunidad. El permanecer en esas instituciones empeora a las personas. No es lo ideal. A veces, el problemas viene cuando la persona sale de un centro, como puede ser un manicomio, regresa a su entorno natural, y no es acogida por los suyos. Cambiar esto, no sólo respondería a la necesidad que todo ser humano tiene de ser querido; es necesario además para resolver otras cuestiones importantes, como la de una medicación controlada. La responsable de los sin techo puso el ejemplo de un varón de 50 años con problemas psíquicos, que, tras pasar un tiempo en alguna de estas instituciones, regresa a su casa donde vive su madre de 85 años, quien a su vez requiere de una serie de cuidados. Y denunció como sigue existiendo un desentendimiento por parte de las Administraciones Públicas respecto a este tema. Es necesario que se les vea como un grupo humano básico que tenga garantizados sus derechos. En el último informe, de 1997, sobre los sin techo, eran 273.000 las personas que viven en la calle, en albergues o en otro tipo de infraviviendas. No todos los sin techo son mendigos, ya que, entre aquellos tenemos a familias desahuciadas o a un divorciado/a que, tras la ruptura familiar, se ha quedado sin hijos y sin domicilio. Es negativo que una buena parte de la acción asistencial se desarrolle siguiendoel viejo modelo albergue o comedor social, aunque últimamente se están dando avances hacia nuevos modelos mejores: los pisos tutelados, las casas de acogida temporales de media y larga estancia, talleres anexos de formación, o los centros de inserción de hasta dos o tres años. Es insuficiente el número de centros, y los escasos recursos que a ellos se destina. En los años 50, con la gran oleada de inmigrantes a la ciudad, los Ayuntamientos daban una breve estancia a los temporeros, hasta que encontraban trabajo. Hoy día no conviene seguir apostando por ese modelo albergue, en el que, tras tres o siete días, la única salida es irte a otra ciudad, a otroalbergue que te acoja por otros tantos días. La consecuencia de esto: el desarraigo y la marginación. Aunque afortunadamente va desapareciendo, todavía hay un elevado número de albergues-billetes, que cuando te vas, te pagan la mitad del billete. Muchas personas rechazan ir a los albergues porque no dignifican nada: tienen poco espacio para su intimidad, o lo ven como un internado. Otro dato es que un 14 % de estos centros son de titularidad pública,y de estos, un 33 % son de gestión privada, añadió. Desde un enfoque subsidiario, el Estado debería identificar a aquellos sujetos, que ya existen y trabajan en estos campos, y coordinarlos de tal modo que puedan llegar a dar por sí mismos una respuesta efectiva, para que cada uno puedan tener ropa, asearse, ducharse, tener acceso a la higiene, un alojamiento; en definitiva, ver respondidas esas necesidades tan básicas de todo ser humano. Benjamín R. Manzanares |