RetrocesoA&ONº 204/16-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Cine
 El sexto sentido
Parece que el sentido común no impera en la meca del cine, pues ya dice la sabiduría popular que es el menos común de los sentidos. Y es que andan como locos (que no pirados) con el segundo largometraje de M. Night Shyamalan, El sexto sentido. Es una película sugerente y pausada, inquietante sí, pero no terrorífica, que ha creado una euforia de adhesiones injustificada. En Hollywood asoma de nuevo la moda del género de terror. Este film se podría encuadrar mejor dentro de la intriga psicológica o psico-thriller, aunque, para tranquilidad de todos, no impone la violencia obsesiva e incómoda a la que nos habituaron las películas de este tipo de algunos años atrás. La crítica la sitúa junto a Suspense, La profecía, El exorcista, Psicosis, o Al final de la escalera, pero dudo mucho que vaya a mantenerse junto a las mejores películas del género. De momento, ya ha logrado ser candidata a seis de las estatuillas más codiciadas: película, director, guión original, actor secundario, actriz secundaria y montaje.
UNA ACTUACION CONMOVEDORA

Más que una historia, nos narra el cuento de la relación de un psicólogo infantil (Bruce Willis), marcado por no poder recuperar a un paciente que se suicida, y un niño de ocho años (Haley Joel Osment), esquizoide, herido por el divorcio de sus padres, que oculta el secreto de ver a los muertos pasearse por su realidad mental, causándole un miedo atroz y la incomunicación social, cuya raíz es la desconfianza en sí mismo. Ambos van rescatándose mutuamente del pozo de sus miedos. El psicólogo ve en el niño la ocasión de reconciliarse con aquel paciente al que hizo esperar demasiado y el niño puede liberarse de sus visiones afrontándolas con mayor seguridad, ya que el miedo que siente puede canalizarlo ayudando a los seres que acuden a él. El sorprendente y casi incomprensible final, que nos obliga a hacer una revisión de toda la película desde el principio, lejos de aclarar el difícil acceso a lo real con que se debaten los hechos, mantiene el miedo a lo desconocido, la sospecha y la ausencia de certezas que rezuma toda la historia. Los indicios que permitían a sendas psicologías poder confiar en la realidad quedan hechas añicos y se trunca irremediablemente la esperanza de ser rescatados de un abismo sin sentido. Así, nada es lo que parece. Así, podemos comprender por qué todo tiene un tono triste y grisáceo. Así, deambula el protagonista adulto como un islote mortecino. Así, no podemos relacionarnos con el niño y su madre (Toni Colette), exponente único de un amor que reconcilia la obra con el espectador. Así, las puertas que quedaban abiertas en una narración sugerente se cierran violentas, tapiadas para no volver atrás.

Quien seguro irá teniendo un lugar mayor en el mundo cinematográfico es Haley Joel Osment, auténtico protagonista de la cinta, que interpretó al pequeño Forrest Gump. Su actuación es conmovedora. El director no hubiera querido hacer la película sin él. Su personaje, bipolar, maduro e inocente, sufre lo insufrible y sólo confía en Dios. Se deja atrapar por su personaje y nos muestra mucho más de lo que expresa. Su candidatura a ser mejor actor secundario es más que merecida.

El jovencísimo director y guionista era, hasta el 97 en que estrenó Los primeros amigos, ópera prima autobiográfica con elementos comunes a la obra que nos ocupa, autor de numerosos cortometrajes, lo que explica su cuidado por el detalle y la narración sin paja que aumente el producto. Este debutante que se revela como quien realmente manda en la película aparece en una de sus escenas y gusta de temas paranormales, que no sobrenaturales. Emplea el elemento religioso en la búsqueda de la verdad, pero no le concede más que ser un refugio para aliviar el miedo. Crea, en cambio, un excelente guión en el que apenas sobran ni faltan palabras y mantiene una tensión creciente y lenta hasta llegar al final. No cae tampoco en el histrionismo en el que hubiera sido fácil deslizarse, pero… quizá opte al razzie (el anti-oscar en jerga cinematográfica) a la peor idea original.

EL MISTERIO PROVOCA ESTUPOR, NO MIEDO O INQUIETUD


Éste es el éxito inesperado del año que recaudará más de cien mil millones de pesetas, éxito de taquilla asegurado por la presencia de un Bruce Willis que, tras doce años de un carrera de cine, se luce en un papel dramático que no es de acción. Los registros que emplea son laudables y esperamos que siga así en la próxima película, El ayuno de los campeones. Krzystof Zanussi, director de cine polaco, reunido en Roma para celebrar el Jubileo de los artistas el pasado 18 de febrero, expresaba que el cine es el medio privilegiado para expresar lo sagrado, pues puede transmitir el recorrido de la fe de una persona, su búsqueda de sentido, ya que su fin es devolver el hombre y el destino del hombre al centro de la Historia. El intento de Shyamalan es un acercamiento a lo desconocido que genera miedo, una seducción de lo intuitivo que nos carga con un peso ajeno, extraño para nosotros, que cierra la puerta al Misterio cuya presencia sólo puede provocar el estupor, y no la sospecha e inquietud que deja pensar que juegan con nosotros y que podemos ser víctimas de un destino fatal.

Cristina Ansorena