RetrocesoA&ONº 204/16-III-2000SumarioDesde la feContinuar
LIBROS
Dos hombres esenciales
Con este libro somos un poco menos uérfanos. Muchos pertenecemos a una generación que ha buscado, y no fácilmente ha encontrado, maestros, hombres esenciales, modelos de santidad de la inteligencia. Ha sido Olegario González de Cardedal, uno de los representantes en la historia contemporánea de España de la más alta razón teológica en diálogo con la cultura fundante de saberes, de hombres, de tiempos, quien como editor nos ofrece el libro titulado Alfonso Querejazu. Joaquín Garrigues. Correspondencia y escritos (1954-1974), publicado por Trotta. Este texto no es sólo la mera transcripción de la correspondencia vital de dos grandes hombres de nuestro tiempo. Quizá en la escala de valores del reconocimiento social el apellido Garrigues prime sobre su precedente en la portada, Querejazu. El compilador nos habla de la relación entre un sacerdote de la Iglesia católica, universal, profesor del seminario de Ávila, hombre de ciencia y de conciencia, de espiritualidad jesuítica y teresiana, que ha marcado el ansia de conocimiento de generciones de sacerdotes; y de un profesor universitario, hombre de justicia y de leyes, que con su manual de Derecho Mercantil fue capaz de sembrar la literatura en Miguel Delibes, por ejemplo. Las misivas se entrelazan como un tapiz que refleja la historia reciente de España.

Aunque siempre que se hace pública la correspondencia privada hay una cierta profanación de lo más íntimo, del santuario de las personas, cuando nos referimos a la vida interior de dos hombres que, en palabras del mago de Weimar, de lo oscuro aspiran a lo claro, se siente la alegría de la posibilidad de la verdad en las personas.

Pero el libro no sólo nos habla de los protagonistas esenciales. Nos habla también de un lugar, Gredos, y de un acontecimiento, las Conversaciones Católicas de Gredos, celebradas desde 1951 a 1958. Y, aquí, González de Cardedal nos sorprende con unas duras frases sobre la versión que, entre otros Aranguren, nos ha ofrecido de esta luminosa historia de intercambio cultural. Da la impresión de que desvela, más que revela. Parece que desvela porque aún no ha llegado una hora que muchos esperamos. De todos modos, gracias.

José Francisco Serrano

Humanismo cívico
La pugna Estado/mercado, Estado/individuo o público/privado tuvo un sentido hasta no hace mucho tiempo, pero en la actualidad el binomio de fuerzas ha vaciado de sentido al poder y le ha hecho embarrancar en un nihilismo, donde nada vale nada. Presos de un planteamiento falso, hemos vuelto a retroceder unos cuantos siglos, al instalarnos en un progreso inmóvil, porque da lo mismo avanzar en cualquier dirección como manda el relativismo. Y, como da igual cualquier trayecto, porque tampoco importa el destino, el mito de El Dorado hoy se llama El centro.

Pero se puede salir de la trampa. El filósofo Alejandro Llano en este ensayo brillante, publicado por la editorial Ariel, propone volver los ojos a la verdadera pugna de nuestros días, que no es otra que la tensión humano/no humano. El Humanismo cívico de Alejandro Llano es una reflexión profunda, ajena a los tópicos y los lugares comunes, ingeniosa por lo políticamente incorrecto del texto, pero sobre todo es posible. El filósofo en esta ocasión abre una puerta a la esperanza, al proponer que la meta del humanismo cívico es posible.

Son poco más de doscientas páginas, que, sin contener recetas concretas, pueden valer como un auténtico rearme moral, frente al despotismo blando o a la tiranía de la incoherencia que propugna la separación entre ética pública y moral privada. El humanismo cívico —en palabras del Llano— es la actitud que fomenta la responsabilidad de las personas y las comunidades ciudadanas en la orientación y el desarrollo de la vida política.

Javier Paredes