RetrocesoA&ONº 204/16-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Punto de vista
La dinámica del martirio
Cuando vemos la propia vida y percibimos que hay cosas que no funcionan, la primera tentación es achacarlo todo a lo de fuera: no se dan las condiciones propicias para que las cosas vayan por donde tienen que ir y, por tanto, mientras no cambien no caben más que dos posibilidades: resignarse o protestar. Y así nos andamos, unos días nos levantamos protestones y nos toca despotricar de todos los que pueden contribuir más o menos a agriarnos la vida. Éste me impide hacer esto, aquél no me hace posible hacer lo otro... Y así nos contentamos, echando balones fuera. Es una muestra clara de ese orgullo que señala con el dedo y dice que ése o aquél tiene la culpa. Otros días nos vestimos con el humilde disfraz de la resignación o del victimismo, y nos vemos sometidos a la dura medida de nuestro propio criterio que termina por paralizarnos, impidiéndonos sacar a flote esa capacidad de mirar las cosas con mirada clara. Es ese ponernos las gafas de la grisura, del percibir siempre el lado negativo de las cosas. Al fin y al cabo otra muestra de orgullo, de soberbia encubierta, porque potencia, como poco, la autocompasión, que quiere hacerse extensiva también a los demás para que nos miren y piensen: pobrecito.

Una y otra son fórmulas perfectas para seguir pasándolo mal y no deshacernos de nuestros propios fantasmas interiores. ¡Cuánto nos cuesta entonces salir de esa situación en la que parece que uno está bien instalado o parece estar cómodo! ¿Pero cómo puede uno estar cómodo si, de hecho, lo está pasando mal? Misterio, paradoja del alma humana. Sin embargo, no hay que llamarse a engaño, ni ser muy perspicaz para saber el por qué de esa parálisis interior: porque la solución pasa por ponerse en marcha, por reaccionar, dejarse de tonterías, y de excusas, por levantar la cabeza y mirar a dos sitios: al frente y al cielo. Al frente para saber que el futuro está por hacerse y es responsabilidad mía; al cielo para saber que no estoy solo aunque las circunstancias sean difíciles.

Cada uno de nosotros hemos de percibir con claridad, con nitidez, que la solución de muchas cosas, de la mayoría de las cosas, no viene de cambiar las estructuras; viene de dentro de uno mismo, viene de reconocer el propio problema, no esconder la cabeza debajo del ala y luego dejarse exigir para solucionarlo. Porque solucionar nuestros problemas y, por tanto, hacer por crecer, siempre trae consigo esfuerzo. El Papa ha comentado, en más de una ocasión en estos últimos años, que el cristiano ha de acostumbrarse a lo que podríamos llamar dinámica del martirio. Se nos está pidiendo heroísmo, el heroísmo de decir: Es verdad, no es sencillo, la cosa no es fácil, ¿y qué? ¿Voy a poner en rebajas a mi fe? ¿Voy a hacer dejación de la verdad? ¿Voy a irme diluyendo en la pasividad de quienes no reconocen la grandeza de tantas maravillas como existen? Hay cosas que son tan importantes como yo mismo, incluso más importantes que yo mismo, y merece la pena dejarse la piel, la vida si es necesario, por defenderlas. ¿Quién recordaría hoy, si no, a Maximiliano Kolbe o a Edith Stein?

Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo

Política y cristianos

Con el título de Acción pública y Humanismo cristiano, la Universidad de Alicante y el CEU San Pablo de Elche han organizado conjuntamente un curso, que será clausurado el día 30 de marzo por el obispo de Orihuela-Alicante, don Victorio Oliver, y a través del cual los doscientos universitarios inscritos en él tendrán la oportunidad de conocer lo que ha aportado el cristianismo, a lo largo de su historia, en el ámbito de la reflexión sobre cuestiones socio políticas, así como la ingente contribución de la doctrina social de la Iglesia y de los pensadores cristianos en la búsqueda de nuevas formas de convivencia, que hagan de cada sociedad un medio más habitable en el que la dignidad humana sea respetada.

A lo largo de diez sesiones, personas de gran experiencia en la vida pública (Íñigo Cavero, Otero Novas,Eugenio Nasarre), junto con universitarios de honda experiencia investigadora (Carlos Valverde, Ruiz Abellán, Vicente Sastre, Concepción Bru, etc.), irán acercando a los universitarios de hoy una forma de concebir a la persona, el humanismo cristiano, cuyo rico contenido mantiene en estos momentos toda su lozanía, aun a pesar de sus dos mil años de tradición.

Las sugerencias que se derivan de este pensamiento para entender la vida pública, la necesidad del compromiso político imbuido de tensión ética, la indiscutible raíz cristiana de la teoría y práctica de los derechos fundamentales, y tantas otras cuestiones que a lo largo de estos días serán abordadas, abrirán sin duda a los universitarios alicantinos la posibilidad de acercarse a unas propuestas filosóficas que no siempre tienen en nuestras universidades el tratamiento y atención que su importancia postularía.

En los tiempos que corren, es gratificante que una Universidad pública como la de Alicante acoja en su seno un debate de estas características, sin prejuicio alguno, como corresponde al talante de universalidad, sin sectarismo, que debe caracterizar la actividad unversitaria.

Vicente Navarro de Luján

Subdirertor del CEU
San Pablo de Valencia