RetrocesoA&ONº 204/16-III-2000SumarioEn portadaContinuar

Un fenómeno interesante y digno
de atención
Desde hace un tiempo, observo el notable, aunque desigual, crecimiento de publicaciones gratuitas, de todo tipo y condición, que invaden barrios, buzones, mentes y voluntades. La conquista de la vida social por parte de este tipo de publicaciones se está haciendo abrumadora, pero es en el ámbito juvenil donde su difusión se está convirtiendo en todo un fenómeno digno de atención y hasta de preocupación: revistas de ocio y publicaciones periódicas gratuitas están, hoy en día, al alcance de la mano en cualquier Instituto, Facultad, Colegio mayor, cine o local de moda. En la mayoría de los casos la financiación corre a cargo de la publicidad que satura cada página; otras veces, las menos, los gastos corren por cuenta de la empresa. Editores y publicitarios han encontrado en estos boletines gratuitos un interesante y rentable trampolín de lanzamiento: por un modesto anuncio en cualquiera de las páginas de estas publicaciones, el anunciante puede dar por sentado que su local o su producto va a ser conocido por unos 20.000 jóvenes a la semana —promedio de tirada de una publicación de estas características—, sin tener en cuenta el ir y venir de mano en mano.

Dos tipos de publicaciones son las que más se mueven entre los estudiantes: las que se dedican exclusivamente a promocionar la oferta de ocio y cultura —perdón, el ocio y la cultura que les interesa a quienes las hacen— y la prensa universitaria como tal, dirigida a un público esencialmente universitario y en la que tienen cabida, además, todos los asuntos relacionados con el mundo del estudiante. Entre las primeras, basta con entrar en un bar de copas o en un cine para encontrarse con El Duende de Madrid, El Foro en Vivo, En Cartel, publicaciones gratuitas que basan su atractivo en el formato o en el diseño. Si el bar es irlandés, probablemente se encuentre uno con ejemplares de InMadrid o The Broadsheet, las dos publicaciones en inglés para jóvenes extranjeros aturdidos con nuestra peculiar way of life, y que, por otra parte, no dejan de ser interesantes instrumentos que posibilitan la convivencia y el encuentro.

PARA TODOS LOS GUSTOS

La mayoría de la llamada prensa universitaria, aunque de momento no atosiga, a veces sí da un poquito de pena. Cada curso salen a primera línea de fuego nuevas publicaciones para todos los gustos: algunas resisten; otras, por su propia vaciedad o superficialidad, se quedan en el camino; puede aparecer al mes en la Facultad un promedio de seis o siete periódicos gratuitos en los que los alumnos suelen colaborar de una forma u otra, bien como responsables de su redacción y elaboración, bien como articulistas o columnistas, se supone que también gratuitos. En la retaguardia se encuentra la prensa oficial que, al estar editada y financiada por el Centro, es la que quizá cuenta con más medios y mayores ventajas a la hora de salir habitualmente a la calle: ahí se situarían la Gaceta Complutense o El rotativo, de la Universidad San Pablo CEU. Luego empieza el combate: están las publicaciones que se mantienen y van adquiriendo solera y prestigio, como es el caso de Gaceta Universitaria, editada por el grupo Recoletos, que se distribuye semanalmente en casi todas las Universidades españolas.

Menos 25, editado por Prensa Joven, o Calibán, de la Delegación de Juventud del Arzobispado de Madrid, con una tirada de 50.000 ejemplares mensuales, son algunos ejemplos más de publicaciones habituales en nuestras Facultades. El Planeta, Generación XXI o MediCampus (antes El Pelícano) se han asomado más recientemente al mundo de la prensa universitaria. Por último, el estudiante también puede encontrar en el hall de su Facultad prensa especializada en el mundo musical, como MondoSonoro, o la revista 40 Magazine. Conviene precisar que entienden lo musical como sinónimo de comercial, casi la única música que funciona entre los jóvenes, aunque muchos vayan de independientes, indies para los amigos. Junto a estas dos últimas también podrá conseguir en cualquier tienda de discos, centro comercial o local de moda, Generation Next, de Pepsi, o Todas las Novedades, las revistas gratuitas de música más difundidas.

Como en el caso de las publicaciones de ocio, más diversificadas regionalmente y más localistas, gran parte del atractivo de esta prensa universitaria se encuentra en el diseño —el formato es siempre el de periódico—, pero lo que hacen algunos es arroparse en una estética supuestamente vanguardista que lo único que consigue es que muchos artículos resulten de no fácil lectura. Suele ocurrir que estas publicaciones, con estas estéticas tan innovadoras, no se pueden definir ni siquiera como periódicos; son un batiburrillo de artículos con ideas pobres y con imágenes que provocan un cierto mareo; para que se me entienda, algo parecido a los experimentos de los viernes, de los no gratuitos, de El País (Tentaciones) y El Mundo (La Luna). Es el caso del triste El Planeta, el pobre Eccus o el sórdido MondoSonoro, por no mencionar la patética Extensión Universitaria, de los psicoanalistas Grupo Cero, creada para gloria y elogio de los libros del gurú-editor. Resultan más potables la Gaceta Universitaria, Menos 25, y El rotativo, del CEU, elaborado por los alumnos del Centro, y con diferencia el más periodístico, tanto en los contenidos, bien pensados, como en el diseño.

DEL PRIMER EMPLEO A LA SOLIDARIDAD


¿Qué tipo de valores transmiten a los jóvenes estas publicaciones? Obviamente, depende de cada una de ellas, aunque no difieren mucho unas de otras: por una parte, están los temas puramente informativos y casi siempre útiles: información académica y laboral, informes sobre cómo afrontar los exámenes, la preparación para el primer empleo, cómo afrontar las entrevistas de trabajo, estudios en el extranjero, convocatoria de becas, bolsas de trabajo... Las entrevistas y las encuestas también suelen estar a la orden del día; siempre hay un motivo para una encuesta: las elecciones, los gustos y preferencias de los estudiantes, qué ven, qué leen, qué escuchan, qué piensan acerca de este o aquel tema de actualidad. Son secciones fijas las relacionadas con la informática, el deporte, el cine, el motor y, por supuesto, los anuncios de alcohol y de tabaco. Claro, luego cómo, ¡va a haber dinero para ir al teatro..! El teatro es el gran ausente, por cierto, —excepto en Calibán, donde tiene sección fija— de la prensa universitaria, a no ser que sea alternativo (todavía no se sabe muy bien alternativo a qué o a quién, pero, si es alternativo, se da por supuesto que merece la pena, que a menudo es mucha).

Esto, en cuanto a los temas informativos. Los temas formativos (entendiendo por formativo lo que contribuye al crecimiento moral, ético o religioso —ufff, ¡qué palabra más incómoda!— del lector) se reducen a la página teóricamente, y a veces realmente, solidaria de rigor, desde la que se informa de la actividad de tal o cual ONG, o se anima a los jóvenes al voluntariado. Meritorias páginas, pero insuficientes. Parece ser que no interesa ni siquiera pensar en la posibilidad de crear secciones dedicadas a formar la opinión de los estudiantes; sólo la mensual Calibán se atreve con unos debates en los que se someten a criterio temas como la inmigración, la anorexia, la publicidad, la bioética... El artículo de opinión es una rara avis en la prensa universitaria; la crítica se reserva para algunas novedades literarias o para algunos estrenos cinematográficos, mientras que la crítica más feroz suele hacerse casi siempre en clave de humor, bien en forma de artículo —El Puntazo de Gaceta Universitaria Mí No Entender, de Menos 25, El Pobrecito Hablador, de Calibán— o en las tiras de humor.

Es una lástima, pero la conclusión a la que se llega es que nuestra prensa universitaria —salvo muy escasas y meritorias excepciones que confirman la regla— resulta bastante insulsa y sin chispa, y que parece mentira que esa rebeldía inteligente que se supone característica del joven —más aún del joven universitario— apenas asome en publicaciones de este estilo, dominadas por unos contenidos asépticos en los que el compromiso no va más allá de los gustos de cada uno.

Mar Velasco