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El Papa en Tierra Santa En el Sermón de la Montaña, Jesús dijo que no había venido a abolir la Ley antigua, sino a perfeccionarla aclaró. De hecho, desde que el Verbo de Dios se encarnó y murió en la cruz por nosotros, los Diez Mandamientos se dejan escuchar a través de su voz. Él los arraiga a través de la nueva vida de Gracia en el corazón de quien cree en Él. Por eso, el discípulo de Jesús no se siente oprimido por una multitud de prescripciones sino que, empujado por la fuerza del amor, concibe los Mandamientos de Dios como una ley de libertad: libertad para amar gracias a la acción interior del Espíritu. Juan Pablo II ha pedido a todos los creyentes que le acompañen con la oración en la preparación, sobre todo espiritual, de este importe acontecimiento. R. B.
Juan Pablo II peregrinará a Tierra Santa del 20 al 26 de este mes. Se trata de una soñada visita
como Papa, quizás la más importante, de su periplo por los lugares en los que la presencia de Dios
cambió definitivamente la historia de la Humanidad
Después el viaje espiritual a Ur de los Caldeos, siguiendo las huellas de Abraham, y tras la visita al Monte Sinaí (Egipto), del 24 al 26 de febrero, siguiendo las sendas de Moisés y de la Sagrada Familia, Juan Pablo II podrá finalmente cumplir su sueño de visitar Jordania, los Territorios autónomos de la Autoridad Nacional Palestina, e Israel. Recién regresado a Roma de su viaje número 90, Juan Pablo II confesó, ante cientos de peregrinos, su alegría por haber podido visitar Egipto y, en particular, el Monte Sinaí, la Montaña Santa. Pero el Papa tenía ya la mirada puesta en Galilea, sobre otro monte y otro capítulo central de la Historia de la Salvación, en el que la Ley antigua y la Alianza de Dios con los hombres adquieren un nuevo y profundo significado: