RetrocesoA&ONº 204/16-III-2000SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS AL DIRECTOR
MOZAMBIQUE: LA VERGUENZA DE LA AYUDA INTERNACIONAL

Soy Ana Moreno, médico, y trabajo en un gran hospital de Madrid. Les hago llegar el mensaje que he recibido de un colaborador español que trabaja en Mozambique. Me he sentido impotente, pero sobre todo avergonzada por lo que he leído, y me gustaría que pudiera servir de reflexión sobre cuál parece ser el omnipresente motor de nuestro mundo, y todo lo que tendríamos que cambiar si nos decimos cristianos desarrollados:

Durante 25 días se ha gritado que se necesitaban helicópteros para sacar a la gente de donde estaba aislada y, como mucho, comida para alimentar a toda la gente desplazada, nada más: Helicópteros y comida. Así de fácil. Durante 25 días la gente se ha muerto y han sufrido lo indecible, con apenas 5 helicópteros para sacar de allí a más de 100.000 personas distantes a 500 km. entre ellos. Pues bien, la ayuda internacional empezó a llegar el día vigésimo séptimo, y a cuentagotas. Promesas, promesas, millones en ayuda, etc., y la gente en los tejados o en los árboles. Y cuando la opinión pública de cada país, por las imágenes que veían, presionaba a los Gobiernos a hacer algo, éstos empiezan a hacer alardes y a enviar grandes contingentes de personas y cosas.

Mozambique no ha pedido personas, que hay muchas que pueden ayudar. Este país no ha pedido grandes aviones, ni portaaviones, ni soldados ni grandes hospitales de campaña. Sólo pedía helicópteros y comida. En esta semana, después de que ya apenas quedaba gente para rescatar, tenemos más de 100 helicópteros, un portaaviones, 5 aviones cargueros... Qué pena. Y nos llegan los bomberos de Miami y 900 fusileros de la marina americana, y 200 soldaditos españoles, y 200 alemanes, y muchos franceses, y turcos, y Protección Civil de Portugal, y, y... ¿Para qué? Sólo pedíamos helicópteros y comida. Los pedíamos desde el día 7 de febrero y llegaron el día 4 de marzo. Europa está a 13 horas de vuelo de avión, Australia igual, Brasil a 8, EE.UU. a 16. Pero tardaron 26 días.

Ahora, la gente sólo necesita comida, descansar y volver a sus tierras para sembrar e intentar volver a vivir. Para recoger los muertos ya están Médicos Sin Fronteras que son los únicos que están haciendo ese trabajo, ¡que no pueden hacer los 900 fusileros, o los alemanes, o los españoles o los bomberos de Miami!

El desprecio internacional que se está haciendo a este país es inmenso. La prepotencia de las embajadas, que cada una quiere gestionar a sus equipos sin ponerlos a disposición del Gobierno de Mozambique, es insultante. Y el Gobierno no dice nada, ya que, si protesta, muchas de sus deudas no serán canceladas; pero sienten esta humillación, y la están sintiendo los mozambiqueños. Y toda la gente que ha venido a ayudar, come y gasta dineros que se computarán como ayuda a Mozambique. Ayudas que Mozambique no pidió, y que restarán de la comida que necesitan. Sólo pedían helicópteros y comida, no medicinas. Había suficientes para hacer frente a esta situación. ¿Para qué mandan medicinas que en muchos casos no se utilizan aquí? ¿Para qué queremos antiácidos, o un avión completo de antibióticos que caducan en agosto de este año, o desinfectantes que caducan en este mes? La ayuda internacional es un negocio, un gran negocio, y creo que es hora de denunciarlo.

Benjamín

PRONTO LLEGARAN A TIERRA SANTA


Hace casi un año que el padre Enrique González, que ha sido Director Espiritual del Seminario de Madrid, y tres jóvenes más, empezaron desde Santiago de Compostela el camino a pie a Tierra Santa, peregrinación emprendida con el fin de honrar el 2.000 aniversario del nacimiento de Jesús. Hoy en día, cuando alguien emprende una gran obra que se sale de los normal, los demás nos dedicamos, expectantes, a calificarla, desde la barrera, como aventuras de personas excéntricas. Me gustaría que reflexionaran sobre lo que deben estar pasando estos peregrinos. El ponerse en camino calzando unas simples sandalias, sin nada de dinero, sin saber dónde van a pasar la noche o si ese día comerán, y sin un abrigo para resguardarse del frío. Recorrer los helados Alpes, o la conflictiva Bosnia, o la inmensa Turquía, y con el delicado estado de salud del padre Enrique, al que recientemente le pusieron un marcapasos, y por esas tierras de aplastante mayoría no cristiana. Por supuesto que todas esas penalidades no son en vano, sino ofrecidas por todos, como testimonio de verdadera fe.

No somos pocos los que echamos de menos la presencia del padre Enrique. Sobre todo aquellos que viven en la calle y pasan la noche en el albergue El Don de María que él fundó. Los enfermos terminales de SIDA de la Casa de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, donde tantas noches ha pasado, también añoraran su siempre servicial presencia. Creo que actualmente se encuentran por Siria, y deben ya de notar la cercanía de esa tierra en la que hace 2.000 años nació un niño llamado Jesús. Ojalá Dios les ayude y finalmente lleguen bien, y que este testimonio verdadero de fe cristiana nos sirva a todos para poder celebrar el Jubileo.

Francisco José García-Roca

CATOLICOS ¿SOCIALISTAS?


Los socialistas, en su ansiosa búsqueda de votos, tratan de borrar las diferencias insoslayables con la fe católica. Se quiere dar la impresión de que no hay ninguna dificultad para un voto católico al socialismo. Hay cantidad de organizaciones de la Iglesia que están en la órbita de la solidaridad, y nos pueden aproximar. Únicamente no coincidimos en cuestiones como el aborto o la enseñanza religiosa. Son declaraciones de Ramón Jáuregui, responsable del Partido Socialista, y García Andoaín, responsable de formación en el obispado de Bilbao.

Alguna vez se ha escrito que cuando los socialistas hablan de la Iglesia católica, no es de ella de lo que hablan. Debido a sus escasos o nulos conocimientos religiosos, para ellos la Iglesia es sólo una organización más de las muchas que hay en la sociedad civil, y la fe un elenco de afirmaciones, como cualquier otra ideología o filosofía, de carácter relativo.

Testimoniar es confesar. Hay que decir o no. Decir no al aborto y simultáneamente ayudar a implantarlo, no sólo es una contradicción, es una componenda. Cristo, presente en su Verdad, no puede ser aludido como si estuviéramos ante una opinión humana. Ayudar a machacar, con el voto, cualquier vida humana incipiente, o a combatir la enseñanza de Cristo, no puede hacerlo un testigo de Cristo, un cristiano.

José María Corzo