RetrocesoA&ONº 205/23-III-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Así ve la Cuaresma el padre Moldovan, de la Iglesia ortodoxa rumana
Escuela de virtudes
La Cuaresma es el período del año litúrgico de máxima densidad espiritual, catequética y penitencial
Desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo con la Vigilia Pascual, con el oficio divino de la Resurrección, Pascua Resurrectionis Domini, hay justamente cuarenta días de ferias cuaresmales, ferias de ayuno y abstinencia, período considerado como Escuela del ejercicio de la penitencia y espiritualidad, período de oración y purificación.

Los arquetipos de los practicantes del ayuno los tenemos en común las tradiciones oriental y occidental: citemos sólo a Moisés, Elías y Daniel, etc., profetas del Antiguo Testamento. Pero quien lo instituye y lo institucionaliza como praxis neotestamentaria imborrable, es el mismo Señor y Dios Jesucristo con su pedagogía espiritual y su ejemplo, su retirada en el desierto de Palestina, donde ayuna cuarenta días y cuarenta noches; es tentado por el Tentador y nos enseña los efectos insólitos de la práctica del ayuno: la victoria sobre el Tentador.

La Cuaresma, con la praxis del ayuno y la abstinencia, para quien lo desea y lo pueda cumplir, se halla estrechamente vinculada, de forma inseparable, a la práctica de la penitencia y las buenas obras, la reconciliación: consigo mismo, con los prójimos, con Dios y todos juntos reconciliados entre sí, nos reconciliamos con Dios mediante estos instrumentos espirituales, añadiendo la praxis de la confesión de los pecados y la comunión, tomando el Cuerpo y Sangre de Cristo en la divina Eucaristía, medicina de la inmortalidad, con temor de Dios, con fe y caridad, para el perdón de los pecados y la vida eterna.

La Cuaresma, con todo lo señalado, resulta un extraordinario ejercicio espiritual y moral, un abismo de humildad, de kenosis. Con la práctica de todo lo arriba señalado en lo pequeño, se pretende imitar el ejemplo de Jesús, una imitatio Christi, arma contra el enemigo tentador y contra el pecado, reconciliación con Dios mediante actos concretos, visibles, palpables, según la voluntad, las debilidades del cristiano de hoy, en su lucha con todas las adversidades de la vida cotidiana.

EL AYUNO CUARESMAL


Es un ejercicio voluntario durante los cuarenta días previos al triduo de la máxima fiesta cristiana: la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor y Dios Jesucristo.

La Cuaresma, es también un acto litúrgico individual y comunitario, un acto celebrativo de adorar a Dios y venerar, cumplir sus leyes, que son medios e instrumentos de salvación. Ya que el ayuno, la abstinencia, la oración, la penitencia, la reconciliación, es un gran sacrificio, una renuncia benévola a algo que nos gusta y satisface, y normalmente no lo tenemos prohibido. Todo brotando del amor, respeto y adoración que manifestamos hacia Dios.

La Cuaresma con la praxis de los medios señalados, leyendo y meditando la Palabra de Dios, es también una escuela de perfección mediante la purificación; un signo visible de nuestro esfuerzo para aproximarnos a imitar a Cristo, de aproximarnos a su semejanza, porque se dice que somos imagen y semejanza de Dios, y ni Dios, ni los ángeles necesitan los alimentos. Decía san Simeón de Tesalónica que el ayuno y la abstinencia es obra de Dios, ya que Dios no necesita alimento alguno. Es vida y vivir de forma angelical. Es "dominar" el cuerpo, puesto que éste, alimentándose excesivamente, nos convierte en muertos espiritualmente.

San Juan Crisóstomo decía: El ayuno y la abstinencia frenan la inquietud del cuerpo, frenan los deseos insaciables, purifican y agilizan el alma, la llevan hacia lo alto…

Los Concilios ecuménicos y locales señalan y los Padres de la Iglesia emiten normas, estudios que argumentan bíblica, teológica y espiritualmente la necesidad y el beneficio de la observancia de lo arriba señalado; y la disciplina de la Iglesia, en su fidelidad a la Tradición Santa, hoy día, tiene la misma vigencia que en el primer milenio cristiano.

¿Cómo observamos y practicamos estas normas? El ayuno y la abstinencia, que directamente se refieren y afectan el cuerpo, no sirven para nada si no influyen y alimentan el alma. Requiere un equilibrio, una educación, una abstinencia real, en primer lugar de los malos pensamientos, palabras y obras, actitudes. Es conjugar, co-relacionar todos los valores y esfuerzos físicos, intelectuales, volitivos y afectivos para emprender y llevar a cabo el camino de Damasco, ejercicio de la verdadera conversión.

• Rezo en casa o en la iglesia de las Horas canónicas, de las oraciones cuaresmales.

• Penitencia: confesión de los pecados ante el padre confesor y la comunión eucarística.

• Ayunar y practicar la abstinencia es una renuncia benévola, un sacrificio, pero ha de ser acompañado todo de oración, penitencia, arrepentimiento, buenas obras y conversión, saludables medios de purificación y sanación corporal y espiritual, camino hacia la perfección.

¿Qué nos enseñan los Padres al respecto? Practiquemos el ayuno beneplácito a Dios y bien aceptado por Él; ayuno y Cuaresma verdadera es: alejarse de las maldades, dominio de la lengua, renuncia a los malos deseos, al enfado, a la mala habladuría, mentira y falso juramento. Esforzarse en hacer desaparecer estos malos aspectos, significa verdadero ayuno, abstinencia y Cuaresma beneplácita y aceptada por Dios.

San Juan Crisóstomo nos pregunta: ¿Estáis ayunando? Enseñádmelo mediante vuestras obras ¿Cómo? Si veis a un pobre, manifestad misericordia y piedad hacia él; si encontráis a un enemigo, haced las paces con él, reconciliáos; si veis a un amigo de buen nombre y prestigio, no le tengáis envidia. Que no ayune sólo vuestra boca y el estómago, sino igualmente vuestros ojos, los oídos, los pies y las manos.

EL HOMBRE NUEVO


La Cuaresma en la Iglesia, con la praxis del ayuno y la abstinencia y todo lo que esto conlleva, es no solamente período de abstinencia de unos alimentos y bebidas concretos, sino principalmente período de máximo ejercicio de la penitencia, de lucha sistemática contra las tentaciones y malas pasiones; período de ejercicio de las virtudes, de la oración íntima, pura y comunitaria, para intensificar el ejercicio de la lectura de la Palabra de Dios.

El ayuno y la abstinencia se acompaña por la abstinencia y renuncia a cometer pecados, ser diferente que antes; todo es un proceso que brota de la fe y la esperanza, iluminado por la caridad. Es un duro ejercicio que va estrecha e intensamente acompañado por el instrumento espiritual más eficaz: la oración y la comunión.

Por esto, la Cuaresma, principalmente, es tiempo de penitencia, y período de purificación y de intensa espiritualidad, dulce mirada del alma hacia la Pascua de Resurrección, tiempo de Comunión con Dios de la forma más viva y efectiva. Es renunciar al hombre viejo y revestirnos del hombre nuevo, que se salva imitando a Cristo en el desierto, caminando alegremente por el camino de la luz, la verdad y la vida, que Él nos dibujó en los evangelios; es alimentarnos con su Palabra (Evangelio-doctrina) y con su Cuerpo y Sangre (Comunión) para poder seguir caminando en la vida, año tras año, hasta la meta final: el futuro encuentro con Cristo en la parusía y juicio final.

Teofil Moldovan