RetrocesoA&ONº 205/23-III-2000SumarioDesde la feContinuar
DE AQUÍ Y DE ALLÍ
La familia
Doña Bárbara Probst Salomón, norteamericana, está ligada a España desde cierta hazaña juvenil que le dio una aureola de Pimpinela Escarlata, justiciera, quijotesca y hasta levemente heroica. Sus escritos son leídos con simpatía y atención aun sin compartir todas sus opiniones. Así ocurre con un párrafo de la que, desde allí, envió sobre la influencia del senador McCain en la política norteamericana (El país, 5-III-2000). Dice textualmente que el ilustre rival del gobernador Bush ha logrado que la política norteamericana no centre su atención en la sensiblería de los valores familiares, expresión ésta que para doña Bárbara oculta el extremismo de derechas.

Dicho sea con todo respeto: creemos que los valores familiares son una realidad como la copa de un pino que comparten, y sobre todo practican día a día, ciudadanos y ciudadanas de muy diversas ideas políticas. En su propia nación y exactamente en California, el concepto de lo que es o podría ser una familia ha estado en el centro de una serie de referenda en los que los ciudadanos han debido votar en estos mismos días, y el 61%, casi dos de cada tres, ha decidido defender los valores familiares asentados sobre la unión de un hombre y una mujer y ha negado a las parejas homosexuales el derecho de formar un matrimonio, origen histórico de tales valores.

Mientras, la campaña electoral española ha obligado a los partidos a volver su atención a las familias. Cierto es que, por desdicha, no hubo una mención expresa de esta palabra en las sintéticas ofertas finales de los dos candidatos que podían llegar a la Moncloa, salvo una alusión crematística en la del candidato del PSOE a los tributos que gravan las rentas del trabajo. Pero en los programas, esos libros gruesos que pocos leen, sí se hablaba del tema. Por ejemplo, el programa del PP hablaba del millón y medio de familias que están comprando nuevas viviendas y de las que pagan ahora menos impuestos, promete que la mejor distribución de la renta beneficiará prioritariamente a las familias, asegura que ya han cambiado para bien las condiciones de financiación familiar, garantiza a las familias su nivel adquisitivo, ofrece acceso más fácil a la vivienda para las familias de menos recursos, se compromete —en materia de impuestos— a rebajar los mínimos familiares según el número de hijos, y se dispone a favorecer el desarrollo de empresas familiares, a proporcionar guarderías para los menores de tres años o las familias que lo pidan, a potenciar la educación infantil por su impacto social y familiar, etc. Mención especial merece el capítulo dedicado a lo esencial, las personas, porque arranca con frases como éstas: Reconocemos la función básica de las familias en nuestra sociedad. Queremos que la familia sea protagonista en el logro de una mayor cohesión social… Promoveremos una política de apoyo global a la institución familiar.

El PSOE también quiere apoyar a las familias, aunque acepte incluir entre ellas ciertas formas no tradicionales de vida en común que en California no serían tenidas por familias, como las parejas de hecho y los gays y lesbianas.

Las grandes fuerzas políticas españolas se comprometían políticamente con los valores familiares, que no son aquí patrimonio de la extrema derecha. Sólo queda que el ganador cumpla sus promesas; e incluso algunas que lo merezcan, aunque se le hayan ocurrido al perdedor.

Carlos Robles Piquer