RetrocesoA&ONº 205/23-III-2000SumarioDesde la feContinuar
¡Hermana Internet!
No por casualidad se han elegido estas tierras franciscanas de Asís para celebrar el Congreso Nacional de la Conferencia Episcopal Italiana sobre Iglesia y nuevas tecnologías, con la participación de cerca de quinientas personas, también venidas de otras partes del mundo. Digo no por casualidad porque, justamente, la Iglesia italiana, pionera desde hace tiempo en asumir los desafíos de nuestra cultura, siente y vive las nuevas tecnologías como verdaderas hermanas, como parte de la familia, como elemento que ya pertenece a los medios disponibles para la evangelización.

Sorprende ver a sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, interesados en el aprendizaje, desarrollo, investigación y ejecución de proyectos que vinculan las nuevas tecnologías con el trabajo pastoral. Si bien es largo el camino a recorrer, la realidad de fondo manifiesta la incorporación natural del paso del átomo al bit, es decir, del intento de realizar una nueva síntesis entre el mensaje del Evangelio y los valores de siempre con los nuevos medios que permiten trasmitirlo.

La Iglesia siempre se ha servido de todos los instrumentos a su alcance —el canto, la música, la imagen, el libro...— para cumplir el mandato de Jesús. Lo específico de este Congreso ha sido esta pacífica convivencia con la hermana tecnología, la hermana Internet. Al igual que el Pobre de Asís, que supo hacer, ver y vivir con la realidad que lo rodeaba, llenándola de luz, así la Iglesia en Italia es interpelada sobre los nuevos instrumentos como verdaderos hermanos, aliados para el cumplimiento fructuoso, en esta nueva cultura, de la misión recibida de Cristo.

No es difícil imaginar a san Francisco diciendo hermana Internet como llamó hermano lobo al feroz animal después de asumir el desafío de calmarlo. Hoy también afrontamos el desafío de los problemas presentes en los medios que usan las nuevas tecnologías, pero la posible paradoja problema-desafío se resuelve, como siempre, en la paradoja suprema de la Cruz: a la Gloria se llega por la Cruz. La paradoja se resuelve asumiéndola porque lo que no se asume no se redime.

Que la experiencia de esta Iglesia peregrina en Italia invite a otras Iglesias en el mundo a vivir la era digital y a usar con eficacia las nuevas tecnologías como una ayuda a la misión de la Iglesia, como el nuevo lenguaje de la cultura actual donde no puede faltar la luz y la vida de su Señor.

Con las palabras de Francisco podríamos pedir a Dios que todos los medios de los cuales dispone la cultura actual sirvan, no tanto para ser consolados, como consolar; ser comprendidos, como comprender; ser amados, como amar.

Lucio Ruiz,
de la Red Informática de la Iglesia
en América Latina