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Hubo de soportar graves calumnias: no faltó quien le acusó de drogadicto, impío, masón... y cosas parecidas. Educado en los Escolapios de Reus, durante toda su vida, tanto en su actuación personal como en sus obras profesionales, puso de manifiesto su profunda vivencia de la fe católica. Su preocupación social evidente Gaudí llega a Barcelona en 1869, en plena efervescencia revolucionaria se puso de relieve en su colaboración solidaria con las iniciativas cooperativistas de los obreros. Construyó la Cooperativa Obrera de Mataró. Murió atropellado por un tranvía, confundido con un vagabundo, y era uno de los arquitectos y artistas más reconocidos de su tiempo y de todo el siglo XX. Así describe Miguel Ángel Velasco, en su libro Santos de andar por casa, la personalidad del genial y peculiar arquitecto catalán Antonio Gaudí.
El pasado mes de diciembre el arzobispo de Barcelona, cardenal Ricard María Carles, solicitó el inicio del proceso de beatificación de Gaudí. Los motivos son numerosos. Miguel Ángel Velasco afirma que los testimonios de los que junto a él pasaron momentos de su vida son esenciales para comprender lo que fue la existencia de un arquitecto que consagraba su trabajo a Dios. Desde Él y para Él, llevaba hasta sus últimas consecuencias el significado de todas y cada una de las obras que creó, con un simbolismo y una originalidad que sólo podía nacer de un profundo amor y una entrega absoluta a Dios: |
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Mosén Gil Parés, que fue capellán del templo de la Sagrada Familia desde 1907 hasta 1930, escribía así en la revista El propagador en junio de 1927: La víspera del día en que fue atropellado le dice a un sacerdote íntimo amigo suyo: "Yo soy batallador por temperamento; he luchado siempre, y siempre me he salido con la mía, menos en una cosa: en la lucha contra mi genio. Con éste no logro acabar". Más de una vez fui testigo de ello. En cierta ocasión, después de haber hablado, con una cierta dureza, de algunas personas que tenía al lado, me comentaba, disgustado:
"Pero, ¿qué puedo yo hacer, pobre de mí, si Dios me ha dado la gracia de ver, al momento y con toda claridad, y a otros, no? Con mi temperamento no tengo más remedio que decir las cosas sin rodeos, como son y, claro, la gente se disgusta..." Característica muy notable de esta lucha que había entablado con su propio mal genio era la austeridad con que se trataba, sobre todo durante el último tercio de su vida; era austerísimo en el vestir, en el comer, en el descanso. Oía la santa misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesús sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, o del templo. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad. "Dios lo quiere así decía; su Divina Providencia sabe lo que hace". Gaudí sostenía que la curva es la línea de Dios, y la recta, la de los hombres. Quizás por eso la curva es esencial en su obra; descubrió nuevas formas arquitectónicas, y supo copiar de la naturaleza, obra de Dios. Gaudí tenía el sueño de construir una gran catedral medieval, pero para el siglo XX. Un estilo que él calificaría como gótico perfeccionado. Pero no sólo la Sagrada Familia, sino que el Palacio episcopal de Astorga y el resto de sus creaciones estaban entendidas con un gran afán de transcendencia. De hecho, se ha llegado a hablar de Gaudí y de su Sagrada Familia como el templo al honor de Dios. Sus tres fachadas están dedicadas al Nacimiento, a la Pasión y a la Gloria de Cristo. El mismo Papa Juan Pablo II, cuando vió por primera vez el templo creado por Gaudí en Barcelona, no pudo evitar decir: Este templo de la Sagrada Familia recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la de la familia cristiana, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesar. Alfa y Omega |