RetrocesoA&ONº 205/23-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Cine
Una historia muy verdadera
En este momento son ya ríos de tinta los que Una historia verdadera de David Lynch ha hecho correr.
La emblemática revista Cahiers du cinema le ha dedicado el espacio de cuarenta y tres páginas. La no
menos conocida Positif también ha centrado su atención en esta obra. En España ninguna revista especializada
o crítico de prestigio han ahorrado elogios al último film de Lynch. Incluso Alfa y Omega le ha
galardonado con sus mejores premios. Recordemos alguna de sus características
El origen de la película es tan sencillo como el de la historia que se nos cuenta en ella. La actual compañera sentimental de David Lynch, Mary Sweeny, montadora de profesión, queda impactada al leer la noticia aparecida en The New York Times en la que se reseñaba el sorprendente periplo del anciano Alvin Straight a bordo de una segadora modelo 1966. A la velocidad de nueve kms/h. recorre quinientos kilómetros para reencontrarse con su hermano en un abrazo de reconciliación. Mary Sweeny le propone a su pareja que él dirija el guión que ella, inspirándose en ese hecho, quiere escribir. Mary asumiría también la producción y el montaje. A David le reservaba la magia creadora de la puesta en escena. Podríamos decir, por tanto, que se trata de una película de encargo, pero no un encargo cualquiera. En realidad lo mejor del inclasificable David Lynch está plasmado en esta historia tan certera.

Resulta algo difícil sumarse al criterio de importantes analistas como Quim Casas que defienden la coherencia de este film con el resto de la obra del famoso cineasta. Pero sí me adhiero con gusto a la idea que ellos proclaman de que ésta es su película más radical y definitiva.

El tempo de este film es atípico, con una lentitud poderosa que introduce sutilmente al espectador en la aventura interior del personaje. Un personaje maravillosamente integrado en el paisaje y en un magnífico coro de personajes, entre los que destaca su hija Rose, que encarna el dolor cotidiano por la falta de los seres queridos (le han quitado la custodia de sus hijos, pues no es considerada mentalmente apta).

El paisaje fotografiado por el veterano Francis Freddie nos descubre la grandeza de todas las cosas. Straigh confirma esto con sus palabras: Es increíble todo lo que puedes ver mientras esperas. Con poca velocidad se aprecian mucho mejor los detalles de las cosas, de la vida. Ver las estrellas me ayuda a pensar, afirma. La música de Angelo Badalamenti refuerza la imagen de ese camino purificador y seguro, camino recorrido con la seguridad de quien conoce bien la vida.

En definitiva, toda la humanidad y profundo sentido religioso que disfrutamos en la ya antigua El hombre elefante, se recuperan en esta obra que, con su verdad, ha cautivado al mundo entero.

Juan Orellana