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Cardenal Bernardin Gantin: Oremos para que nuestra confesión y nuestro arrepentimiento estén inspirados por el Espíritu Santo, nuestro dolor sea consciente y profundo, y, considerando con humildad las culpas del pasado en una auténtica purificación de la memoria, nos comprometamos en un camino de verdadera conversión.
Juan Pablo II: Señor Dios, tu Iglesia peregrina, santificada siempre por ti con la sangre de tu Hijo, acoge en su seno en cada época a nuevos miembros que brillan por su santidad y a otros que, con su desobediencia a ti, contradicen la fe profesada en el santo Evangelio. Tú, que permaneces fiel aun cuando nosotros te somos infieles, perdona nuestras culpas y concédenos ser entre los hombres auténticos testigos tuyos. Cardenal Joseph Ratzinger: Oremos para que cada uno de nosotros, reconociendo que también los hombres de Iglesia, en nombre de la fe y de la moral, han recurrido a veces a métodos no evangélicos en su justo deber de defender la verdad, imite al Señor Jesús, manso y humilde de corazón. Juan Pablo II: Señor, Dios de todos los hombres, en algunas épocas de la Historia los cristianos a veces han transigido con métodos de intolerancia y no han seguido el mandamiento del amor, desfigurando el rostro de la Iglesia, tu Esposa. Ten misericordia de tus hijos pecadores y acepta nuestro propósito de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, conscientes de que la verdad sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. Cardenal Roger Etchegaray: Oremos para que el reconocimiento de los pecados que han lastimado la unidad del Cuerpo de Cristo y herido la caridad fraterna, allane el camino hacia la reconciliación y la comunión de los cristianos. |
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Juan Pablo II: Padre misericordioso, la víspera de su pasión, tu Hijo oró por la unidad de los que creen en él: ellos, sin embargo, en contra de su voluntad, se han enfrentado y dividido, se han condenado y combatido recíprocamente. Imploramos ardientemente tu perdón y te pedimos el don de un corazón penitente, para que todos los cristianos, reconciliados contigo y entre sí en un solo cuerpo y un solo espíritu, puedan revivir la experiencia gozosa de la plena comunión.
Cardenal Edward Cassidy: Oremos para que, recordando los padecimientos sufridos por el pueblo de Israel en la Historia, los cristianos sepan reconocer los pecados cometidos por muchos de ellos contra el pueblo de la alianza y de las bendiciones, y purificar así su corazón. Juan Pablo II: Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la Historia, han hecho sufrir a estos tus hijos, y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la alianza. Monseñor Stephen Fumio Hamao: Oremos para que, contemplando a Jesús, nuestro Señor y nuestra Paz, los cristianos se arrepientan de las palabras y conductas a veces suscitadas por el orgullo, el odio, la voluntad de dominio sobre los demás, la hostilidad hacia los miembros de otras religiones y hacia los grupos sociales más débiles, como son los emigrantes y los gitanos. Juan Pablo II: Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos, despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Cardenal Francis Arinze: Oremos por todos aquellos a quienes se ha ofendido en su dignidad humana y cuyos derechos han sido vulnerados: oremos por las mujeres, tantas veces humilladas y marginadas, y reconozcamos las formas de connivencia de las que también se han hecho culpables muchos cristianos. Juan Pablo II: Señor Dios, Padre nuestro, tú has creado al ser humano, hombre y mujer, a tu imagen y semejanza, y has querido la diversidad de los pueblos en la unidad de la familia humana; sin embargo, a veces, la igualdad de tus hijos no ha sido reconocida, y los cristianos se han hecho culpables de actitudes de marginación y exclusión, permitiendo las discriminaciones a causa de la diversidad de raza o de etnia. Perdónanos y concédenos la gracia de poder curar las heridas todavía presentes en tu comunidad a causa del pecado, de modo que todos podamos sentirnos hijos tuyos. Monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân: Oremos por todos los seres humanos del mundo, especialmente por los menores víctimas de abusos, por los pobres, los marginados, los últimos; oremos por los más indefensos, los no nacidos destruidos en el seno materno o incluso utilizados para la experimentación por cuantos han abusado de las posibilidades que ofrece la biotecnología, falseando las finalidades de la ciencia. Juan Pablo II: Dios, Padre nuestro, que siempre escuchas el grito de los pobres, cuántas veces tampoco los cristianos te han reconocido en quien tiene hambre, en quien tiene sed, en quien está desnudo, en quien es perseguido, en quien está encarcelado, en quien no tiene posibilidad alguna de defenderse, especialmente en las primeras etapas de su existencia. Por todos los que han cometido injusticias, confiando en la riqueza y en el poder y despreciando a los pequeños, tus preferidos, te pedimos perdón: ten piedad de nosotros y acepta nuestro arrepentimiento. ¡Nunca más! Tras impartir su bendición al final de la Eucaristía, Juan Pablo II concluyó: Hermanos y hermanas: que esta liturgia que ha celebrado la misericordia del Señor y que ha querido purificar la memoria del camino de los cristianos a través de los siglos suscite en toda la Iglesia y en cada uno de nosotros un compromiso de fidelidad al mensaje perenne del Evangelio: que no haya nunca más contradicciones con la caridad en el servicio de la verdad; que nunca más se den gestos contra la comunión de la Iglesia; que nunca más se ofenda a los pueblos; que nunca más se recurra a la lógica de la violencia; que nunca más se den discriminaciones, exclusiones, opresiones, desprecio de los pobres y de los últimos. Que el Señor, con su gracia, lleve a cumplimiento este propósito y nos conduzca a todos a la vida eterna. Amén. |