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Su inicial saludo, en la palabra y en la oración, estuvo acompañado de mis mejores deseos, mis mejores votos por la celebración, con alegría, del año de gracia del Jubileo del 2000, que nos va ayudar a vivir mejor. Al no haber presentado aún las cartas credenciales, su mensaje se centró en garantizar al pueblo español que haré lo mejor de mí mismo para servirles. Preguntado si conocía España, no dudó en comentar: ¡Cómo no voy a conocer España! Viví no muy lejos de aquí; he estudiado con los libros de texto españoles; me siento muy en casa. Ustedes pueden leerlo en mí mismo.
Buen conocedor de la realidad universal de la Iglesia, insistió, ante interpretaciones pesimistas sobre la descristianización, que nunca la Iglesia católica ha tenido tantos sacerdotes diocesanos como ahora. Ésta es una señal. Ya sé que podríamos hacer una distinción respecto a los países. Pero, en general, aumentamos. Lo que queremos es llevar un mensaje de conversión personal, para sentirnos todos hijos de Dios y realizar una misión, haciendo el bien a los demás. En el recibimiento al nuevo Nuncio Apostólico estuvieron presentes el Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Juan José Asenjo; el arzobispo de Toledo y Primado de España, monseñor Francisco Álvarez; el arzobispo de Tarragona, monseñor Luis Martínez Sistach; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Fidel Herráez, en representación del cardenal arzobispo; y los obispos de Alcalá de Henares, monseñor Jesús Esteban Catalá; y de Ávila, monseñor Adolfo González Montes. |