RetrocesoA&ONº 206/30-III-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
El 16 de abril comienza el Año Santo Lebaniego
La Cruz nos habla,
dos mil años después
Cuatro lugares en el mundo tienen la gracia de poder celebrar un Jubileo propio:
Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y el que, aunque eclipsado por el Gran Jubileo,
acoge el que se inaugura el domingo 16 de abril: Santo Toribio de Liébana.
Este monasterio, centro espiritual de la pequeña comarca de Liébana, en los Picos de Europa cántabros,
guarda el mayor fragmento que se conserva de la Cruz de Cristo. Escribe el Prior del monasterio
En muchos lugares y momentos se puede celebrar el Jubileo, y la Iglesia en esto es generosa y abierta. Pero hay lugares y momentos que tienen una impronta y sello propios. Y Santo Toribio tiene su originalidad y características propias. La celebración del Jubileo en este monasterio data del siglo XVI (el Papa Julio II lo reconoce oficialmente, y es confirmado el 10 de julio de 1515 por León X). Pero en documentos pontificios de dicho siglo se dice que es de tiempo inmemorial.

El monasterio está ubicado en un entorno natural impresionante: en el corazón de los Picos de Europa. Pero la razón, la fuerza y el motivo principal de la celebración del Jubileo está en el tesoro que aquí se guarda, el Lignum Crucis, el trozo más grande de la cruz donde Cristo murió. Más de mil años lleva guardándose y venerándose en este lugar. Si la finalidad de todo Jubileo es encontrarse con el Dios acogedor y generoso al perdón, el signo de la Cruz es la expresión más clara de lo que Dios es y quiere ser para nosotros. El Jubileo de Santo Toribio pretende ayudarnos a descubrir que Dios sabe amar en verdad y en serio. Mucho más que todas las palabras y discursos, la Cruz resulta un lenguaje universal y claro. Éste podría ser el mensaje jubilar que brota de la Cruz:

l Que Dios sabe amar. Que apuesta por nosotros, nos toma en serio. La Cruz nos abre el corazón de Dios de par en par. Nuestro corazón enmudece y sólo desde el silencio somos capaces de intuir que este amor es verdadero. Se entregó por nosotros hasta vaciarse: esta realidad tiene en la Cruz su máxima expresión.

l La Cruz también nos habla de un Dios fiel; mejor dicho, de la fidelidad en su amor. Dios no es alguien de la historia pasada, que un día pudo preocuparse de nosotros, pero que ahora estamos dejados de la mano de Dios. Él no se retira de este empeño de amarnos. La Cruz es el sello de su fidelidad.

l La Cruz es un canto gozoso a la vida, es señal de que el amor es más fuerte que la muerte. El que murió en ésta ha resucitado. Por eso el peregrino puede intuir que el Jubileo es encontrarse con este Dios de la vida. Si Cristo no hubiera resucitado, estaríamos alimentando una fatal y triste esperanza. Pero nuestra fe confiesa y quiere vivir y celebrar que la Cruz no es signo de fracaso y derrota, sino victoria, triunfo del Amor sobre la muerte, también tu muerte y la mía.

l La Cruz nos presenta a Dios con los brazos abiertos. Dios no excluye a nadie en su empeño de amarnos. La imagen de un Dios duro, que mete miedo, no es compatible con el Dios que aparece en la Cruz. Dios nos ama tal y como somos, con nuestras miserias, aciertos y errores. Dios te respeta tal como eres: no te obliga a ser creyente ni a seguir un estilo de vida porque está mandado. Antes de todo eso, quiere pedirte permiso para amarle: puedes decirle sí o puedes decirle no. Dios es el maestro de la tolerancia y del respeto auténtico a todos, porque primero Dios me respeta a mí, me acepta y me ama tal como soy. Y cuando esto descubra, todo lo demás tendrá sentido.

Luz y esperanza

El privilegio que tiene Santo Toribio no tienen en otros lugares. Poder venerar y besar la reliquia de la Santa Cruz es un privilegio casi exclusivo de aquí. Es un momento de honda emoción que muchos expresan con lágrimas en los ojos. La verdad es que emociona el pensar que estás tocando y besando el leño de la cruz donde Cristo nos regaló la vida. Pero antes hay que señalar que el verdadero sentido de este beso no se trata de besar un trozo de madera ni de alimentar magias, sino de precisar el sentido que tiene el beso. La madera no salva, ningún objeto tiene poder de salvar. Sencillamente el beso quiere ser y tiene que ser un gesto de agradecimiento al que nos ama. Es decirle a Dios gracias porque me amas así, aunque no me entere mucho.

La celebración del Jubileo no concluye cuando se ha finalizado la ceremonia. Salimos con la necesidad de comentar esa vivencia, de extender la Buena Noticia. El Año Jubilar en Santo Toribio, como en otros lugares, es una Buena Noticia que podré vivir en casa, en el trabajo y en toda clase de tareas y diversiones. Imprimiendo a cada momento un talante gozoso y de nueva ilusión, seremos así los auténticos mensajeros de lo bien que Dios hace las cosas, sembradores de la Buena Noticia: que la Cruz es fuente de luz y de esperanza, tal como reza el lema de nuestro Año Jubilar. Os esperamos a todos.

Victorio Zabalgojeaskoa