RetrocesoA&ONº 206/30-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Entrevista con Pablo d´Ors, nieto de Eugenio d´Ors
La estética de la fe,
o el ministerio de la
palabra escrita

Capellán de la Universidad Autónoma, escritor infatigable, creador de estéticas humanas
y divinas, Pablo d´Ors se ha salido de la fila de su generación sacerdotal para dedicarse
a crear belleza, pensamiento. No en vano, la potente editorial Anagrama acaba de publicar
su primera pequeña gran obra El estreno. Aunque se lamente de que en esta entrevista
no se ha hablado de su libro, hemos conversado sobre su vida. A modo de estreno
Quizá la primera pregunta puede resultar vulgar: ¿Qué hace un sacerdote como tú, escribiendo cosas como ésta?

Escribo por vocación. Me siento llamado a hacerlo. Escribo por necesidad, por deseo, porque creo que es de las pocas cosas que hago con decencia. Y, ciertamente, lo que yo intento es emocionar y provocar interés. Creo que todo producto artístico, y mi literatura quiere serlo, tiene que tener dos cualidades: la emoción y el interés. Y ciertamente busco hacer pensar, y busco hacer reír. Creo que la risa es de lo más catártico que existe, y el humor es siempre necesario. Quizás hoy más que nunca. Yo creo que nada de lo humano tiene que ser ajeno al hombre de Dios, al hombre religioso, y tampoco al clérigo. Por otra parte, el clérigo es el hombre del culto; por tanto tiene que ser hombre de cultura, a mi modo de ver, y tiene que ser hombre de la palabra. Este ministerio de la palabra escrita no tendría por qué sernos ajeno.

Desde Charles Moëller, con su Literatura del siglo XX y cristianismo, la distancia entre estos dos conceptos ha sido la causa del olvido de este mundo.

Sí. Y es una lástima. Ciertamente, ese binomio es el mío. Me encantaría ser un poco el continuador, el heredero de este hombre que has citado, que fue un analista, un crítico literario y un cristiano que ha reflexionado muy bien sobre este binomio. De hecho, mi tesis doctoral versa precisamente sobre el cruce entre lo teológico y lo literario; la he titulado Teopoética, una teología de la experiencia literaria. Entonces reflexioné, fundamentalmente en clave teórica, sobre el hecho de la creatividad, de la escritura, de la lectura, de la obra de arte, del creador. Ahora llevo un par de años, con mucha humildad, tenacidad y constancia, haciendo un análisis literario, teológico, de algunos de los autores de las obras que yo considero capitales de la historia del pensamiento. Doy unas clases de dramaturgia en la Escuela de Arte Dramático, de la Complutense, donde vuelco todo ese estudio que estoy realizando.

Pero, ¿cuál era la idea motriz de la tesis?

Era la de la afinidad entre la experiencia estética y la experiencia estática y, por tanto, las coordenadas afines que existen entre la religión y el arte. Esto lo ilustro con el arte literario. Analizo los paralelismos, la analogía, entre la experiencia religiosa y la experiencia artística. Partiendo de Aristóteles, con su Poética, ilumino el hecho creativo con algunos datos teológicos, como puede ser la creación por parte de Dios, con lo que eso implica, y tantas otras cosas.

Me parece extraño que perteneciendo a la generación de sacerdotes que se ha volcado en la pastoral tengas una preocupación tan acusada por la estética de la fe, por el pensamiento en relación con la literatura.

Los hombres de fe, por lo tanto los sacerdotes, tendríamos que ser hombres de culto y de cultura. No sólo pasa esta idea por ser hombres de cultura, sino por estar en las instituciones de la cultura y, por tanto estar, como hombre de Iglesia, en clave de evangelización, en un régimen de igualdad. Para publicar mi libro El estreno he peleado como cualquier otro escritor de mi generación por estar en una editorial de prestigio. Cuando tú, un hombre de Iglesia, estás en régimen de igualdad con los demás, los demás te respetan. Yo me siento muy respetado en los contextos en los que me muevo.

Una bendición y un estigma

Apellidarse d´Ors supone ser custodio de una herencia difícilmente administrable.

Es una bendición y un estigma. Lo llevo con mucho orgullo, porque creo que Eugenio d'Ors fue uno de los dos o tres verdaderos intelectuales de este siglo. Es un estigma, en el sentido de que difícilmente se es escritor apellidándose d'Ors y no llamándose Eugenio, como es mi caso. Porque el paradigma de Eugenio, mi abuelo, está ahí como un fantasma. Yo te diría que me puede haber ayudado en algún momento de mi vida, aunque también me puede haber perjudicado. No sé qué decir; en todo caso me siento muy orgulloso de pertenecer a la familia a la que pertenezco.

Has hecho referencia a la talla intelectual de tu abuelo, un figura perdida en la sinrazón de los intereses espúreos.

Una figura incómoda y difícil, precisamente porque era un hombre extraordinariamente original. Con ello no quiero decir que buscase la originalidad a cualquier precio, sino que pensaba por sí mismo. Por tanto, a él no le importó en su tiempo definirse como imperialista, algo que no toleró, ni tolera, la izquierda; y tampoco le importó definirse como sindicalista, lo que hizo que no le aceptara la derecha. Fue un hombre sui generis, con una potencia de pensamiento sobrecogedora y con un estilo literario bellísimo, uno de los pilares de la literatura española contemporánea.

¿Qué papel juega el catolicismo en el pensamiento de Xenius?

Jugó un papel muy importante, en el sentido de que era un gran defensor de la tradición y de alguno de los pilares más clásicos del pensamiento católico, como puede ser la jerarquía, el dogma… Él hablaba siempre muy favorablemente de todas estas cosas. Tiene algunas glosas, algunos escritos dedicados al pensamiento teológico, en concreto a la figura de María y a los ángeles. Yo creo que la principal aportación teológica de mi abuelo es su angeleología, compendiada en un librito pequeño, pero sublime, que se llama Introducción a la vida angélica. Cartas a una soledad.

Aunque no conociste a tu abuelo, seguro que algo de lo que ha escrito lo escribió para ti.

Hay una frase suya, que no es la que todo el mundo cita: Todo lo que no es tradición es plagio; otra, que a mí me ha servido un poco como de lema en mi vida: Hay que volar por todos los mares, pero hay que procrear en un nido.

José Francisco Serrano