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Es el famoso cineasta Neil Jordan (Michel Collins) el responsable de que Graham Greene vuelva a las pantallas con la historia poetizada de su propio adulterio. Para ello ha contado con tres actores muy especiales: Ralph Fiennes (El paciente inglés) que representa a Maurice Bendrix, el adúltero novelista inspirado en Greene; la siempre profunda y genial Julianne Moore, que ha sido nominada para los Oscars por esta interpretación, como ya lo fue por Boogie Nights, y que encarna a Sarah Miles, la esposa de un aburrido alto funcionario basada en Catherine Walston, mujer casada a la que amó Graham Greene, y el norirlandés Stephen Rea, que ha hecho siete películas con Jordan, representa magistralmente a Henry Miles, el engañado marido de esta historia. Hay un maravilloso cuarto personaje, interpretado por Ian Hart (Tierra y libertad) que desempeña el papel de detective investigador y testigo de esa tremenda historia de amor y celos.El adulterio es el medio para afrontar el problema de la fe y la increencia desde categorías muy típcas del escritor inglés. Pero el film no termina ahí. También nos habla de cómo es Dios, de cómo se manifiesta, de sus signos, y, sobre todo, de su amor. Sarah Miles representa a una mujer que reza a Dios y es escuchada. A partir de ese acontecimiento ella concibe su vida como una relación por cierto, nada complaciente con ese Tú que un día le respondió. Caí en las redes de la fe como en las del amor. Ella, bautizada católica, de padre judío y de tradición no practicante, choca con el ateísmo beligerante de su amante Bendrix que va haciendo crecer su odio a la religión, a medida que en Sarah crece la fe. Lejos de querer plantear una historia milagrera y piadosa, la película pone su acento en la libertad y debilidad humanas, ingredientes imprescindibles en la relación con Dios. Pero lo más notable es la dilucidación que se hace del amor. Desde un amor de fuerte carga sexual, los personajes van pasando a un amor sin carnalidad, para llegar al amor de la Caridad verdadero. La gente ama a Dios toda la vida sin verlo, afirma Sarah. Pero lo cierto es que ella ve a Dios en los signos de su vida: Las cosas no son casualidades; Dios está en las pequeñas cosas. Esta forma de mirar la realidad irrita a Bendrix que empieza a odiar a Dios, pero... para odiarlo es necesario reconocerlo: Te odio como si existieras. Aunque el cineasta ha tratado de mostrar otras otras cosas, tales como un romance vivido desde dos puntos de vista diferentes, o la irracionalidad de la protagonista; lo cierto es que la película ha ido mucho más allá, como la propia novela, y nos habla del amor y del milagro como categorías últimas de la realidad, signo máximo de Dios. Juan Orellana |