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En nuestra página de cine de este mismo número de Alfa y Omega, pueden nuestros lectores leer el juicio crítico sobre la película a la que esta novela de Graham Greene ha dado el guión. No sé lo que el director de la película habrá hecho con él, pero la novela, que acaba de editar Edhasa, es un texto valiente y provocador, un testimonio lacerante que invita a la reflexión, y que cala dentro. No será fácil que la densidad y la fuerza literaria de Graham Greene hayan pasado a la pantalla: hay honduras que sólo los maestros de la literatura saben explicar, y que para reflejarlas en imágenes hay que ser muy maestro del cine. Greene (1904-1991), que se convirtió al catolicismo en 1927, lo que supuso un cambio radical en su obra literaria, es ya un clásico del siglo XX que ha sabido aunar como nadie una profunda comprensión del ser humano con la intriga y la tensión narrativa. El tema es muy duro: el autor se pone en la piel de Maurice Bendrix, escritor de éxito, y narra la historia de una mujer a la que su recién descubierta fe católica en Dios le hace replantearse su vida de adúltera y su infidelidad matrimonial. La lucha que el ser humano libra entre el mal y el bien, el conflicto entre el pecado y las exigencias de la fe son los temas de fondo de esta novela, en la que el autor llega a confesar: He pillado la fe como una enfermedad. He caído en la fe como otros caen en el amor. Luché contra la fe más de lo que había luchado contra el amor, pero ya no me quedan fuerzas para luchar. Las últimas cuatro líneas de la novela son: Dios, ya has hecho bastante, ya me has quitado bastante, estoy demasiado viejo y cansado para aprender a amar de nuevo, ¡déjame en paz de una vez!
Si un lector, o la película, se quedaran en la miseria del adulterio, sin acabar de entrar en esta profundidad del sentirse herido por el amor de Dios, sería una verdadera lástima. |
Sed de Dios
Hoy, y siempre, escribió Albalá en sus Notas para un ensayo sobre la armonía, porque el poeta era además novelista, ensayista, filósofo, periodista, y antes que todo eso un excepcional ser humano y padre de familia el arte fue y es una evasión del Misterio, de lo trascendente, de Dios en nosotros. El gran misterio sobre el que bucean y escarban las poéticas no cristianas es siempre eso: misterio. Los poetas de Cristo son los únicos que pueden horadar el ancho tabique de la pleamar del Misterio. El hombre es sólo un regreso hacia Dios pasando por su sí mismo. Josefina, la viuda de Alfonso Albalá, y sus hijas Gracia, María José y Paloma han ido recogiendo con la lógica ternura y mimo todos y cada uno de los versos de Alfonso Albalá, algunos de ellos todavía inéditos. Y, como muy bien dice en el prólogo de esta edición el académico Manuel Alvar, Dios es el blanco al que apunta la saeta de todas las nostalgias de Albalá, que acertó a identificar su sed de Dios con la de su tierra extremeña. Toda poesía que lo es de veras, ya lo decía Dámaso Alonso, es una búsqueda de Dios, y Alfonso Albalá lo resume así de inmejorablamente: "El amor es el gran vencedor de todo". M. A. V.
La sala noble que guarda los fondos bibliográficos más antiguos y valiosos del museo arqueológico nacional, ha sido un lugar difícilmente superable para presentar en Madrid la Poesía completa de Alfonso Albalá, editada por el Ayuntamiento de Coria, la ciudad natal del poeta, cuando se cumplen 25 años de su muerte.