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El misterio del hombre se ilumina y esclarece, a la luz del Verbo encarnado. Las piezas reunidas para Memoria de su presencia son testigo de estos veinte siglos de historia cristiana. El pórtico de la planta baja del museo introduce ya al visitante en el hilo conductor de esta exposición: el Angelus y su traducción a la historia de la salvación. Aquí, se muestran dos hermosas esculturas góticas de Adán y Eva, del sigo XV.En la primera sala, siete hermosas obras nos muestran cómo Dios sale al encuentro del hombre, en el tiempo; y cómo los días y los años contemplaron la plenitud de los tiempos cuando el Ángel anunció a María. Aquí vemos la respuesta de los hombres a los planes y a la economía salvadora de Dios con piezas como las tallas policromadas renacentistas del rey David y sacerdote hebreo, o el óleo sobre lienzo de san Juan Bautista, del siglo XVII. Entre todas, sobresale el excepcional lienzo de la catedral de Sigüenza, La Anunciación, de El Greco (a la derecha de estas líneas). Ante Dios, el hombre está llamado a responder. En la segunda sala, con seis obras y en la que se glosa la respuesta de la Virgen María en la Anunciación: He aquí la esclava del Señor, la obra más destacada es la Inmaculada niña, de Zurbarán (en la página siguiente, abajo a la izquierda). |
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La siguiente sala versa sobre el misterio de la Encarnación. Entrando Dios en la criatura, ésta entra en la vida de Dios. Por eso, el Verbo se hizo hombre. Un bellísimo Nacimiento, del siglo XVIII, atribuido a Salzillo (en la página anterior, arriba), es la obra maestra de esta tercera sala, que se completa con ocho piezas, entre ellas una pintura sobre cobre barroca de La Sagrada Familia, o una Adoración de los Magos, pintura sobre tabla protorrenacentista.
Los hombres y las mujeres de esta tierra han hecho posible la prolongación de aquel milagro de la Palabra que habita entre nosotros. La cuarta sala quiere dar respuesta a la pregunta de cómo la Iglesia diocesana de Sigüenza-Guadalajara ha recibido a lo largo de los siglos el misterio de la Encarnación. Diez signos ilustran esta respuesta, entre los que destacan: una campana gótica, una talla policromada, del siglo XVII, del primer santo canonizado en esta Iglesia particular, san Pascual Bailón, o cartas autógrafas de san Marciano, el último y más reciente de los santos de esa diócesis. Por último, a nosotros ya sólo nos queda adherirnos a la gracia y el júbilo de la Redención, que nos ha sido regalado en la vida de la Iglesia. En la quinta sala, a través de dieciocho obras, se expresa la tarea de la Iglesia de ofrecer la salvación mediante la predicación, el pastoreo y los sacramentos. Destacan, en esta sala, dos representaciones de La Piedad (debajo de estas líneas, a la derecha, la de Luis de Morales), una espléndida pila bautismal románica, un entierro de Cristo, del maestro de Pozancos (sobre estas líneas), y una pintura sobre tabla renacentista de san Roque, uno de los santos más populares en esta diócesis. Son muchas las personas que ya han visitado esta magnífica exposición, que aguarda la visita de muchas más, en este Año Santo Jubilar, en el que celebramos que hace dos mil años el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros. Dos mil años de una Presencia que no tiene fin. Benjamín R. Manzanares |