RetrocesoA&ONº 211/4-V-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Comunicado del Consejo Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas
Por la cultura de la vida
En la proclamación del presente Año Jubilar, que articula dos milenios, oímos la apremiante llamada a un renovado y constante esfuerzo para difundir, de palabra y con obras, el Evangelio de la vida.

Hoy no sólo persisten y se incrementan los atentados contra la vida humana, sino que se pretende presentarlos en muchos casos como un derecho de quien los comete. Por eso, en primer lugar, frente a una mentalidad que, enturbiada por un relativismo radical, parece incapaz de acoger el esplendor de esta verdad, afirmamos con toda claridad y firmeza el valor incondicionado y la inviolabilidad de toda vida humana, y rechazamos cualquier intento de justificar los atentados contra ésta.

CONTRA LA EUTANASIA


- Afirmamos la inviolabilidad de la vida humana desde el momento de su concepción hasta la muerte natural y, en consecuencia, no aceptamos que haya supuesto alguno en que puedan justificarse los crímenes nefandos del aborto y el infanticidio y la eutanasia.

CONTRA LA PENA DE MUERTE

- Propugnamos la abolición universal y definitiva de la pena de muerte, inaceptable en una sociedad moderna y contraria al principio de que sólo Dios es dueño y señor de la vida. Denunciamos la contradicción en que incurren quienes mantienen o aceptan como legítimas actitudes favorables al aborto, la eutanasia y la pena de muerte y pretenden ser tenidos por líderes en la defensa de los derechos humanos.

CONTRA LOS ATAQUES A LA VIDA


- Afirmamos la intrínseca maldad del terrorismo, del genocidio y de cualquier forma de exterminio de vidas humanas; no hay razones de ningún tipo con que puedan justificarse. Son innumerables los ataques a la vida humana que, sin llegar a suprimirla, violan la integridad y dignidad de las personas, como las mutilaciones, la tortura física o moral, la manipulación mental, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la prostitución, la inducción al uso de las drogas, la esclavitud, el paro, las esterilizaciones masivas, las condiciones laborales degradantes y las condiciones inhumanas de vida. Frente a esto, es preciso esforzarse por una cultura de la vida; lo cual nos exige, de manera general, no sólo evitar cualquier forma de supresión de la vida humana, sino crear las condiciones que permitan a todos vivir humanamente y desarrollarse íntegramente como personas libres y, en particular, hacer efectivos entre nosotros y en la sociedad en que vivimos la justicia social, el equilibrio ecológico y el medio ambiente humano.

ASOCIACION CATOLICA DE PROPAGANDISTAS


La A.C. de P. y sus Obras tienen implícitamente entre sus objetivos este deber principal de defender la vida humana entre los hombres, cualesquiera que sean su condición y circunstancia.

La A.C. de P. y sus Obras, para ser fieles a su misma razón de ser, no pueden dejar de responder en sentido inequívocamente positivo, a la llamada que se nos hace a una urgente movilización de las conciencias y a un común esfuerzo ético para poner en práctica una gran estrategia a favor de la vida.

Dadas la naturaleza y finalidad de esta Asociación y de sus Obras, la contribución que más específicamente corresponde a ella y a todos sus miembros es la de llevar a cabo esta tarea de transmitir y defender las convicciones de la rica tradición católica sobre el Evangelio de la vida, fundamentándolas y desarrollándolas a la luz de la antropología cristiana para aplicarlas a las múltiples circunstancias de la existencia. Asimismo, en la labor de formación de hombres y mujeres para la vida pública, será objetivo fundamental el infundirles la convicción más profunda sobre la dignidad de la persona, centro y fin de todas las actuaciones e instituciones económicas, sociales y políticas.

En esta tarea, promoveremos el diálogo serio y profundo con todos, incluidos los creyentes de cualquier confesión y los increyentes, puesto que las exigencias morales y jurídicas que han de hacerse valer pertenecen al conjunto de las que la propia razón humana puede alcanzar.

Se insta a los poderes públicos a que realicen las acciones correspondientes en el ejercicio de sus responsabilidades, para que lleven a cabo todas las actuaciones en favor de la cultura de la vida, y corrijan todas aquellas situaciones que se opongan a la misma.

Nuestra actitud pretende afirmar enérgica y eficazmente la vida y la dignidad de cada persona. Tomar partido por la vida humana es tomarlo por quienes en nuestro mundo tienen la suya más en peligro: los más débiles entre los débiles, los no nacidos, los niños, los enfermos terminales, los ancianos, las mujeres maltratadas, los emigrantes, los refugiados, los integrantes de grupos sociales, culturales y étnicos minoritarios y oprimidos; es asumir la opción preferencial por los pobres, que son la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a quienes Jesús quiere llevar, a través de nuestro esfuerzo, la liberación y la vida en plenitud.

Madrid, abril de 2000