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La verdad es objetiva. No se la puede crear uno. Lo que ocurre es que no somos capaces de abarcarla en su totalidad, de modo que cada uno va adquiriendo parcelas de conocimiento de la realidad y verdades concretas. Al mismo tiempo, existe un orden de preferencia moral que establece cuáles son las verdades que van a regir la propia vida, y que el hombre elabora sobre unos elementos constitucionales de tendencia al bien, a la estabilidad emocional... Pero el individuo no es siquiera plenamente autónomo en esta decisión. No existe el individuo aislado, sino que es en su carácter social donde hay que contemplar la relación del hombre con la verdad.
¿Por que mentimos? Cuando mentimos no pretendemos, por lo general, negar la Teoría de la Relatividad, o la gravitación de los astros. Mentimos sobre situaciones concretas que conocemos, bien para eludir una situación que nos avergüenza, algún mal o alguna incomodidad, o bien para conseguir alguna ventaja. Ésta es la tónica general, aunque existen muchos otros tipos de mentira: las mentiras piadosas, las mentiras con las que el individuo se autoengaña para tranquilizar su conciencia, las mentiras patológicas... |
| ¿Podemos decir entoces que la mentira esconde la inseguridad de la persona?
A menudo, sí. La mentira suele tender a eludir algo, una situación próxima a la que no nos vemos capaces de enfrentarnos, y tiene que ver, por tanto, con una búsqueda de seguridad. Pero hay muchos otros tipos de motivaciones y distintos tipos de mentiras en función de la tolerancia social hacia ellas. Hablamos aquí de las mentiras sociales. Es decir:la sociedad está construida sobre determinados fingimientos. Nadie pretende cuando pregunta a otro qué tal está, que le cuente su vida, o cuando da un pésame, que se transmita algo más que una forma rutinaria. ¿Y no puede tener efectos perjudiciales para la persona vivir rodeado de tanta pequeña mentira aceptada? En cierto modo, sí. Construir una vida sobre demasiados presupuestos falseados es casi siempre un síntoma de perturbación, porque implica que la persona no es capaz de sentir un atractivo por la verdad y por enfrentarse a determinadas responsabilidades. La clave de la educación es precisamente formar para esa responsabilidad, para enfrentarse a la realidad. La persona sana se forma chocando contra sus propias limitaciones, contra su propia realidad, y, de igual manera, contra los límites que plantean los demás. En esta situación concreta, la del niño que está empezando a discernir, la mentira social puede tener un efecto negativo. Se le enseña que hay que decir siempre la verdad y, sin embargo, ve cómo su padre, cuando llaman al teléfono, dice que, si es para él, no está en casa. Pero hay otro tipo de mentira social que resulta incluso benéfica. La convivencia social requiere una cierta dosis de hipocresía, ciertas formas sociales que limitan su espontaneidad y establecen un control sobre sus impulsos. No tiene sentido que una persona decida convivir con los demás con un afán de sinceridad tan grande como para, por ejemplo, sentarse a la mesa a comer desnudo. Cada grupo tiene unas formas que el individuo debe respetar, aunque no las quiera o las sienta así. Es incluso necesario para su crecimiento como hombre dentro de un sistema de valores. |