RetrocesoA&ONº 211/4-V-2000SumarioMundoContinuar
500 años de cristianismo
El Evangelio ha sido un don precioso para Brasil
El 22 de abril del año 1500 el descubridor Pedro Álvarez Cabral, al mando de una flotilla de la Compañía de las Indias Orientales, tocaba tierra en Porto Seguro (Bahia). Este hecho marca el inicio de la formación de uno de los países más extensos del mundo, que hoy intenta crecer en medio de grandes problemas sociales, políticos y económicos: grandes diferencias entre ricos y pobres, reparto injusto de las tierras, hiperinflación y conflictos raciales; y, no obstante, una nación con grandes esperanzas para el futuro
El pasado 26 de abril, la Iglesia en Brasil celebró los 500 años de la llegada del Evangelio, con una solemne concelebración eucarística presidida por el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano y Legado papal especialmente nombrado para esta conmemoración, que en declaraciones al diario italiano Corriere della Sera, afirmó: La Iglesia es inocente del genocidio de los indios. Este acontecimiento ha venido envuelto en polémicas, ya que algunos sostienen que la Iglesia debería pedir perdón por haber contribuido a sojuzgar a los indios y a destruir sus culturas y modos de vida ancestrales.

Así lo expresa a la agencia vaticana Fides el profesor Giancarlo Petrini, director del Instituto Superior de Estudios para el Matrimonio y la Familia, de Salvador de Bahía: Actualmente en Brasil se critica mucho la primera evangelización. Las críticas recalcan mucho la posición racionalista, que proclama la autosuficiencia del hombre: mientras se desprecia al hombre que se equivoca, se rechaza la gran posibilidad de que algo más grande que el hombre —más bien, Alguien— pueda penetrar en la Historia y determinar su destino. En el fondo se trata de críticas a la gracia de Cristo como algo vivo ayer, hoy y siempre.

Se acusa a la Iglesia de haberse aliado con las potencias colonizadoras para conquistar a los indios. Pero la realidad histórica es mucho más compleja: Conquistadores, aventureros y misioneros —explica Petrini— han compartido la pasión por el Nuevo Mundo, movidos por intereses y razones diferentes, a veces en alianza, a veces en abierto conflicto. La expulsión de los jesuítas en la segunda mitad del siglo XVIII y las restricciones a las demás Órdenes forman parte de esta difícil convivencia. En Brasil, a pesar de haberse dado un encuentro desigual entre los pueblos, el Evangelio ha generado una cultura nueva.

Otra de las acusaciones es la de haber contribuido a la marginación de los pueblos colonizados. Pero, aduce el profesor, en Brasil, aunque es verdad que ha habido un encuentro desigual entre los pueblos, el Evangelio ha generado una nueva cultura. Las diferencias étnicas, sociales y culturales, por un lado, han modelado relaciones sociales asimétricas; pero, por otro, no han impedido una integración entre las razas. Ha nacido así un pueblo que ha conquistado, poco a poco, la conciencia de una comunión de humanidad y de destino, gracias a la obra de la evangelización.

Según Giancarlo Petrini, gran parte de los problemas actuales que atraviesa Brasil se deben, por el contrario, a que, tras la constitución del Estado nacional, se formó una clase dirigente distante de esta mentalidad religiosa, que en cambio ha estado siempre profundamente enraizada en el pueblo. Durante el siglo XX, los hijos de la clase dirigente iban a estudiar a Francia o a Estados Unidos, convirtiéndose en adalides de un pragmatismo político y tecnocrático y de un laicismo radical, que ve en la Iglesia un resto del pasado del que deshacerse cuanto antes. Según Petrini, es entonces cuando se produce la fractura entre los gobernantes y el pueblo, fractura que aún sigue existiendo.

A ratificar estas tesis colabora el padre Enrico Puggè, de las Obras Misionales Pontificias de Italia (PIME), que lleva 28 años entre los indios Sateré Maué: Indudablemente pueden probarse algunos casos de opresión de los indios por parte de la Iglesia, pero en general es indudable que la Iglesia ha contribuido desde siempre a salvar a las poblaciones indígenas del exterminio. Las críticas actuales son fruto de instrumentalizaciones políticas de ciertos grupos.

Así lo resumió en la homilía el cardenal Sodano: Parafraseando al Santo Padre, Dios renueva su alianza con Brasil por las obras de sus valerosos misioneros… Aunque algunos misioneros no honraron su condición de discípulos de Cristo, eso no quiere decir que el anuncio del Redentor no haya sido un don precioso para este país.

I. A.