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Después de las intensas emociones del Triduo Santo, nos detenemos hoy a meditar ante la tumba vacía, atraídos por el radiante misterio de la resurrección del Señor. La vida ha vencido a la muerte. Se requiere tener fe para abrirse a este nuevo y maravilloso horizonte. Dejémonos penetrar por los pensamientos y las emociones que vibran en la secuencia de Pascua: Sí, lo sabemos: Cristo resucitó realmente. Esta verdad marcó la vida de los apóstoles que, después de la resurrección, experimentaron cómo se renovaba en su espíritu la voluntad para seguir a su Maestro y, una vez que recibieron el Espíritu Santo, se fueron sin tardanza a anunciar a todos lo que habían visto y experimentado personalmente. Y, si Cristo ha resucitado, podemos ver con nuevos ojos y un nuevo corazón cada acontecimiento de nuestra existencia. Éste es el mensaje que quisiera hacer llegar a los hombres de todo el mundo. Ha resucitado. Éste es el centro de nuestra fe. María fue durante todos estos acontecimientos una testigo silenciosa. Pidámosle que nos ayude a recibir en plenitud este anuncio pascual. (24-IV-2000) |