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EL HABITO RELIGIOSO
Sé que es un tema para muchos de poca importancia. Y sé también que, para muchos, es de la mayor trascendencia. Sé que es un tema delicado, pues en seguida surgen las posturas encontradas, las discrepancias, las posiciones polémicas. No es éste mi deseo. Creo que es un hecho más de nuestro tiempo. De muchos adelantos técnicos, y también de muchas pérdidas de valores. Y claro, el hábito, la sotana o el del religioso, -que no hace al monje- lo señala, lo distingue, lo dignifica, lo resalta; también lo encasilla, lo hace propenso a la crítica. Pero además lo hace luz, lo hace faro, hace que lo miren y se miren en él. El hábito -que no hace al monje- lo protege, lo ensalza, es atracción y ejemplo para muchos, sublimiza su testimonio, más acorde con el estáis en el mundo, pero no sois del mundo, que es la doctrina evangélica. Cuando a Don Bosco le fue impuesta la sotana en la Misa Mayor, después de ser bendecida, su madre le dijo: No deshonres ese hábito. Quítatelo en seguida. Prefiero tener un pobre campesino a un hijo sacerdote descuidado de sus deberes. |
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En una ocasión me comentaba una religiosa: No me quitaré por nada este hábito. Es algo mío. Mi otra piel. La que me denuncia lo que soy, sin tapujos, disimulos o medias tintas. Recuerdo ahora la solemnidad de las tomas de hábitos.
El no llevar hábito se asemeja al ¿estimamos un cuadro sin marco? Y también a cierta participación de insolidaridad ante un hábito no derogado. Quiero recordar lo justificadísimo de las dispensas del hábito durante la persecución religiosa en España, del 31 al 39, la República y la guerra. Ahora el aparecer de paisanos demuestra afán seglar impropio, y cierta tibieza en el compromiso testimonial, olvidando a san Pablo con el a tiempo y a destiempo. Y el hábito también: por sí solo predica, se presta y ayuda a la misión del religioso. Jacinto Maqueda. Sevilla VIOLENCIA ESCOLAR
Hace escasas fechas el suplemento de ABC de Castilla y León mostraba la fotografía de una pelea entre escolares de un centro educativo de la región, cuatro chavales enzarzados a golpes y otros cuatro observando divertidos el espectáculo. Al parecer, muchos chicos ya no son simplemente traviesos: se ha pasado a la violencia. La prensa lo ha difundido con detalle y nos hemos empezado a poner nerviosos, como si se tratara de una pandemia incontenible.Las autoridades están vacunando a discreción sus colegios. Nadie niega que la violencia sea impedimento para la enseñanza. Pero, según Peter Lewis, profesor de Nueva York una de las ciudades con más violencia escolar, una respuesta basada sólo en consideraciones de seguridad crea un ambiente que no favorece la formación. Alarmas, detectores de metales, guardias armados en los pasillos, cámaras, etc., un dinero que los educadores piensan que sería más útil destinar a contratar más profesores, mejores instalaciones o crear programas de tutorías para que los chicos no pasen tanto tiempo solos. Robert Coles, célebre psiquiatra infantil norteamericano, afirma que hay que atreverse a transmitir mensajes morales claros a los chicos, y se dirige, primero, a los padres. Coles afirma que es importante comprender a los hijos, pero más importante aún es que comprendan qué se espera de ellos. Hay que tener muy claro qué está bien y qué está mal, lo que sus padres desaprueban de su conducta y las consecuencias que puedan acarrearles el mal comportamiento. Los chicos son inmaduros por definición, y necesitan que los adultos les enseñen los límites. El español José Luis García Garrido, director del Instituto de Calidad y Evaluación, sostiene que la inhibición de los padres es fomentada por una curiosa cultura progresista: Como padre se me exige lo que no se me ha dejado hacer, o se me reprocha con adjetivos tales como , o . Desde la política, los medios de comunicación, anuncios callejeros..., desde ahí se me conmina de continuo a la dejación. Mientras siga comprobando la intención de los políticos limitándose a inaugurar narcosalas o pidiendo, si se tercia, sexosalas, gastando dinero público en , etc., que no me vengan con monsergas de que la clave de la convivencia pacífica depende de mí. Y se puede añadir que no pidan lo mismo a los profesores, directores de centros escolares. No se puede generar violencia, y luego pedir que se ponga orden. Pilar Ruiz. Valladolid CARTAS A DIOS
Qué fácil es sentirse cerca en estos días de Semana Santa, cuando recordamos el lavatorio a los Apósotoles, o la noche de tu muerte, o el día de tu resurrección. Qué fácil es llevar una cruz en procesión, o ir vestida de mantilla, o hacer la promesa, un año más, de hacerte un hueco en nuestras vidas y no olvidarnos de Ti! ¡Qué fácil es sentirnos culpables de haberte traicionado y negado, no tres veces, sino mil veces... Qué fácil es hacer y sentir todo esto cuando en estos días, los que no nos vamos a la playa, te tenemos tan cerca que nos es imposible pasar de largo y no darnos cuenta una vez más de lo grandiosamente generoso que fuiste con nosotros, dándonos la vida a costa de la tuya. Sobre todo cuando, en algunos sitios, se hace como un mero espectáculo, donde lo único que importa es ir bien vestido y procurar que me vea cuanta más gente mejor, para que vean lo devoto que soy! Pero, ¡qué difícil es sentirse así de cerca en cuanto terminan estas celebraciones. Qué difícil es verte en la rutina diaria, en el trabajo, en la familia, en los amigos..., en los momentos malos y también en los buenos... Qué difícil es saber que estás ahí los 365 días del año, y no sólo en Semana Santa o Navidad. Y qué poco agradecidos somos contigo, y qué falsos, al reconocernos como servidores sólo en esos días, y luego hacerte responsable de lo mal que va el mundo! Querido Dios, ojalá cada año por estas fechas consiguieras darnos a entender a unos poquitos todo lo que has hecho por nosotros, y nosotros sabértelo agradecer, pero durante todo el año. Mª Carmen Robisco. Valladolid |