RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioContraportadaContinuar
La Virgen de la Espera
Contrariamente a lo que afirman algunas corrientes historiográficas, según las cuales la Iglesia de Trento ordenó suprimir la imagen de la Santísima Virgen embarazada, por considerarla incómoda (teoría que pretende justificar una cierta aversión de lo católico a la carnalidad), lo cierto es que las representaciones de la Madre de Dios embarazada o amamantando son muy habituales en la iconografía cristiana. Baste pensar, sólo en España, en las Vírgenes de la Leche, tan famosas como la talla que alberga la capilla románica del monasterio cisterciense de Oseira.

Según consigna Mario Cecchetti en un interesante artículo publicado en Avvenire, las Vírgenes del Parto catalogadas en Europa, desde España hasta Escandinavia, son unas 80, aunque otros expertos elevan el número a unas 150 imágenes o tallas conocidas.

Las reservas del Concilio tridentino, lejos del pretendido puritanismo que se les atribuye, se deberían más bien a prevención frente a ciertas herejías como la docetista, precisamente porque ésta negaba al Cristo verdaderamente humano. Algunas imágenes podían dar pábulo a este tipo de interpretaciones, como la representación de la Virgen en el momento de la Anunciación —y por tanto, en el momento de la concepción— llevando en el seno a un niño de casi nueve meses —es decir, un embarazo desproporcionadamente avanzado—.

Otra de las figuraciones controvertidas teológicamente eran aquellas que ponían en el seno de la Virgen a las tres Personas de la Santísima Trinidad, teoría que no explica adecuadamente el dogma de la Encarnación: María es Madre de Dios Hijo, pero no de Dios Padre ni de Dios Espíritu Santo.

El origen de la representación de la Virgen embarazada debe situarse, según algunos, en la iconografía oriental. La devoción a la Virgen en el inicio de su maternidad no reviste sólo un simple carácter sentimental; donde María acoge al Verbo, allí está representada la Iglesia, y también todo cristiano, cuando acoge el Anuncio de la Salvación y se deja fecundar por él.

Inma Álvarez

Que te salve Dios te digo
María, por ser quien eres,

llena de gracia y abrigo,

el Señor Dios es contigo,

bendita entre las mujeres,

bendito el fruto y primor

de tu vientre sin dolor:

Jesucristo, nuestro Dios;

Tú, Madre, ruega por nos

y por todo pecador.

Juan del Encina